Evangelio de Hoy Miércoles 7 de Enero de 2026.
Como todos los días, hoy les traemos a ustedes la palabra del señor. Lecturas, Salmo, Aclamación, el Evangelio de Hoy Miércoles 7 de Enero y la homilía diaria.
Al final del artículo encontrarán el comentario al Evangelio del día de hoy para todos aquellos que quieran leer una explicación del evangelio, y las homilías diarias.
Miércoles después de Epifanía.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Miércoles 7 de Enero.
Primera Carta de San Juan 4, 11-18.
Queridos hijos: Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado su Espíritu. Nosotros hemos visto, y de ello damos testimonio, que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús es Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él.
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto llega a la perfección el amor que Dios nos tiene: en que esperamos con tranquilidad el día del juicio, porque nosotros vivimos en este mundo en la misma forma que Jesucristo vivió.
En el amor no hay temor. Al contrario, el amor perfecto excluye el temor, porque el que teme, mira al castigo, y el que teme no ha alcanzado la perfección del amor.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 71, 2. 10-11. 12-13.
Comunica, Señor, al rey tu juicio
y tu justicia, al que es hijo de reyes,
así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres
y regirá a tu pueblo justamente.
Que te adoran, Señor, todos los pueblos.
Los reyes de occidente y de las islas
le ofrecerán sus dones.
Ante él se postrarán todos los reyes
y todas las naciones.
Que te adoran, Señor, todos los pueblos.
Al débil librará del poderoso
y ayudará al que se encuentra sin amparo;
se apiadará del desvalido y pobre
y salvará la vida al desdichado.
Que te adoran, Señor, todos los pueblos.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Cristo Jesús, que has sido proclamado a las naciones.
Gloria a ti, Cristo Jesús, que has sido anunciado al mundo.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Miércoles 7 de Enero de 2026.
Evangelio según San Marcos 6, 45-52.
En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús premió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar.
Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo.
Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo: “¡Ánimo! Soy yo; no teman”. Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada.
Homilía de hoy Miércoles 7 de Enero.
Homilía: Confiar en el Señor en medio de la tempestad.
El Evangelio de hoy nos presenta a los discípulos en una barca, luchando contra el viento y las olas en medio de la noche. Jesús no está con ellos; se ha retirado a orar. La escena refleja una experiencia profundamente humana: avanzar con esfuerzo, en la oscuridad, sintiendo que las fuerzas no alcanzan y que el camino se vuelve incierto.
Sin embargo, el Señor no permanece ajeno. Desde la orilla, ve la fatiga de los suyos y se acerca caminando sobre las aguas. Este gesto no busca deslumbrar, sino revelar una verdad esencial: nada escapa al dominio de Dios, ni siquiera aquello que para nosotros resulta amenazante. Jesús se hace presente precisamente cuando el miedo y el cansancio parecen ganar terreno.
Al verlo, los discípulos se llenan de temor. No lo reconocen de inmediato. El miedo nubla la mirada y dificulta la fe. Pero Jesús les habla con palabras que devuelven la calma: no tengan miedo, soy yo. Su presencia transforma la noche, aquieta el corazón y devuelve la confianza. Cuando el Señor entra en la barca, el viento cesa y la tempestad pierde su fuerza.
Este pasaje nos invita a reconocer nuestras propias tormentas. Todos atravesamos momentos de dificultad, de incertidumbre o de lucha interior. A veces sentimos que Dios está lejos, que oramos y seguimos remando sin resultados visibles. El Evangelio nos recuerda que el Señor ve, acompaña y llega en el momento oportuno, aunque no siempre del modo que esperamos.
La fe no consiste en no atravesar tempestades, sino en aprender a confiar en la presencia de Cristo en medio de ellas. Cuando lo reconocemos y lo dejamos entrar en nuestra vida, el miedo cede y la paz comienza a brotar.
Pidamos hoy la gracia de una fe confiada, capaz de reconocer al Señor aun en la noche y de acoger su presencia que calma, sostiene y conduce. Que, aun en medio de las tempestades, aprendamos a escuchar su voz y a descansar en su amor. Amén.
Oraciones Del Padre Ignacio Larrañaga.
Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
