Evangelio de Hoy Jueves 29 de Enero de 2026.


Estás en el lugar indicado para orar y meditar la Palabra de Dios en este jueves de la III semana del tiempo ordinario.

Aquí encontrarás el Evangelio según San Marcos (4, 21-25) acompañado de una reflexión pastoral que te ayudará a iluminar la fe y la vida diaria.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy.

La luz no se esconde

El Evangelio de hoy nos presenta una imagen muy clara: la luz no se enciende para ser escondida, sino para iluminar. Jesús nos recuerda que lo que Dios hace en nosotros no está destinado a quedar guardado, sino a dar claridad y orientación a otros. La fe no es un tesoro privado, sino un don que, cuando es verdadero, naturalmente se comparte.

Esta palabra nos interpela en la vida cotidiana. A veces creemos que vivir la fe es algo íntimo que no debe notarse demasiado. Otras veces, por miedo o comodidad, preferimos no manifestar lo que creemos. Sin embargo, el Evangelio nos invita a revisar esa actitud. La luz de Dios en nosotros no busca imponerse, pero sí necesita ser visible en nuestras actitudes, en nuestras decisiones y en la forma en que tratamos a los demás.

La coherencia que ilumina la vida diaria

Jesús no habla de grandes discursos ni de acciones extraordinarias. Habla de una luz sencilla, puesta en lo alto, que cumple su función. En la vida cristiana, esa luz se expresa en la coherencia entre lo que creemos y lo que vivimos. No se trata de mostrarnos superiores ni de dar lecciones, sino de vivir de tal manera que nuestra vida refleje algo del amor de Dios.

En el trabajo, en la familia, en los vínculos cotidianos, todos tenemos oportunidades de ser luz. Una palabra justa, una actitud honesta, un gesto de paciencia o de perdón pueden iluminar más que muchas explicaciones. Este Evangelio nos invita a preguntarnos si nuestra fe se nota en lo concreto, si quienes nos rodean pueden descubrir en nosotros un reflejo de esperanza y de bien.

Escuchar con atención y dejarse transformar

Jesús también insiste en la importancia de escuchar. No se trata solo de oír sus palabras, sino de acogerlas con el corazón. La medida que usemos para escuchar será la misma con la que recibiremos. Esto nos recuerda que la fe crece cuando hay disposición interior, cuando dejamos que la Palabra nos cuestione y nos transforme.

En medio del ritmo acelerado de la vida, muchas veces escuchamos de manera superficial. Oímos, pero no dejamos que lo escuchado cambie algo en nosotros. El Evangelio de hoy nos invita a una escucha más profunda, a tomarnos en serio lo que Dios nos va mostrando día a día. Escuchar de verdad implica estar dispuestos a revisar hábitos, actitudes y prioridades, aunque eso nos incomode un poco.

Una responsabilidad que es también un regalo

Jesús afirma que a quien tiene se le dará más, y al que no, aun lo poco se le quitará. No se trata de una amenaza, sino de una llamada a la responsabilidad. La fe, como la luz, crece cuando se usa. Cuando compartimos, cuando ponemos en práctica lo que recibimos, la vida se ensancha y se llena de sentido. En cambio, cuando guardamos todo para nosotros, poco a poco se apaga.

Este mensaje nos invita a una conversión sencilla pero profunda. Tal vez el Señor nos está pidiendo hoy que no escondamos lo que Él ya ha hecho en nosotros, que no tengamos miedo de vivir con mayor coherencia y valentía. Cada uno, desde su realidad, puede ser portador de luz en medio del tiempo ordinario, allí donde Dios lo ha puesto.

Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y preguntarnos qué luz estamos llamados a encender hoy. Tal vez sea un gesto concreto de amor, una decisión justa, una palabra de aliento. Que podamos ofrecerlo con humildad, confiando en que Dios se encarga de hacer brillar lo pequeño cuando se entrega con sinceridad.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Jueves 29 de Enero.

Segundo Libro de Samuel 7, 18-19. 24-29.

Cuando David se enteró por Natán de las promesas divinas, fue a ponerse delante del Señor y le dijo:

“¿Quién soy yo, Señor, y qué es mi casa, para que me hayas favorecido tanto hasta el presente? Y no contento con esto, extiendes ahora tus promesas también a mis descendientes. Ciertamente, Señor, no es así como proceden los hombres.

Tú has elegido al pueblo de Israel para que sea siempre tu pueblo. Y tú, Señor, has querido ser su Dios. Ahora, Señor, mantenle a tu siervo y a su casa la promesa que le has hecho y cumple tus palabras. Así tu nombre será glorificado para siempre y todos dirán: ‘El Señor de los ejércitos es el Dios de Israel’.

La casa de tu siervo David permanecerá para siempre en tu presencia, pues tú, Señor de los ejércitos, Dios de Israel, eres quien le ha hecho esta revelación a tu siervo. Yo te edificaré una casa; por eso tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta súplica.

Sí, Señor, tú eres Dios y tu palabra es verdadera. Tú has hecho una promesa a tu siervo David; dígnate, pues, ahora, bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca para siempre ante ti, porque tú, Señor Dios, lo has dicho, y con tu bendición, la casa de tu siervo será bendita para siempre’’.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 131, 1-2. 3-5. 11. 12. 13-14.

Señor, Dios poderoso de Jacob;
en favor de David
acuérdate de todos sus afanes
y de aquel juramento que te hizo.
Dios le dará el trono de su padre David.

David juró al Señor:
“No hay de entrar en la tienda donde habito
ni he de subir al lecho en que descanso
no habré de conceder sueño a mis ojos
ni quietud a mis párpados,
hasta que halle un lugar para el Señor,
una morada fija
para el Dios poderoso de Jacob”.
Dios le dará el trono de su padre David.

Dios prometió a David
y el Señor no revoca sus promesas.
“Pondré sobre tu trono
a uno de tu propia descendencia.
Dios le dará el trono de su padre David.

Si tus hijos son fieles a mi alianza
y cumplen los mandatos que les enseñe,
también ocuparán sus hijos
tu trono para siempre”.
Dios le dará el trono de su padre David.

Esto es así, porque el Señor
ha elegido a Sión como morada;
“Aquí está mi reposo para siempre.
Porque así me agradó, será mi casa”.
Dios le dará el trono de su padre David.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son una antorcha para mis pasos
y una luz en mi sendero.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Jueves 29 de Enero de 2026.

Evangelio según San Marcos 4, 21-25.

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “¿Acaso se enciende una vela para meterla debajo de una olla o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque si algo está escondido, es para que se descubra; y si algo se ha ocultado, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Siguió hablándoles y les dijo: “Pongan atención a lo que están oyendo. La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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