Evangelio de Hoy Viernes 30 de Enero de 2026.
Viernes de la III Semana del Tiempo ordinario.
Estás en el lugar indicado para orar y meditar la Palabra de Dios en este viernes de la III semana del tiempo ordinario.
Aquí encontrarás el Evangelio según San Marcos (4, 26-34) junto con una reflexión pastoral que te ayudará a profundizar su mensaje y hacerlo vida.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy.
El Reino crece incluso cuando no lo vemos
El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús hablando del Reino de Dios con imágenes sencillas y profundamente consoladoras. La primera es la de una semilla que crece por sí sola, aun cuando el sembrador duerme o no entiende del todo cómo sucede. Con esta enseñanza, Jesús nos recuerda que la obra de Dios no depende únicamente de nuestro control ni de nuestros esfuerzos visibles. Dios actúa en lo oculto, en los procesos lentos y silenciosos, incluso cuando sentimos que nada cambia.
Esta palabra es especialmente esperanzadora para nuestra vida cotidiana. Muchas veces sembramos gestos de bien, intentamos vivir con fe, educar, acompañar o perdonar, y no vemos resultados inmediatos. El Evangelio nos invita a confiar: Dios está obrando, aun cuando nuestros ojos no lo perciban. El crecimiento verdadero no siempre es rápido ni espectacular, pero es real y firme cuando nace de Él.
Aprender a confiar en los tiempos de Dios
Jesús nos enseña que hay un tiempo para sembrar y un tiempo para cosechar. El Reino tiene su propio ritmo, distinto al de nuestra ansiedad o nuestras expectativas. Vivimos en una cultura que exige resultados rápidos y visibles, y eso también puede trasladarse a la vida de fe. Queremos ver frutos enseguida, soluciones inmediatas, respuestas claras.
Este Evangelio nos invita a una conversión interior: aprender a confiar más y a controlar menos. Confiar en que Dios sabe cuándo y cómo hacer crecer lo que hemos sembrado con amor. Nuestra parte es ser fieles en lo pequeño, perseverar en el bien, aunque no veamos frutos inmediatos. La paciencia, vivida con esperanza, es una forma concreta de fe.
Lo pequeño que se vuelve grande
La imagen del grano de mostaza completa el mensaje de Jesús. Algo casi imperceptible, al crecer, se convierte en un lugar donde otros encuentran refugio. Así actúa Dios: comienza con lo pequeño, con lo humilde, con lo que no llama la atención. El Reino no se impone por la fuerza ni por el poder, sino que crece desde dentro y transforma la realidad.
Esta enseñanza ilumina nuestra vida diaria. No todos estamos llamados a grandes obras visibles, pero sí a vivir con fidelidad lo que Dios nos confía. Un gesto sencillo de amor, una palabra oportuna, una actitud de servicio pueden parecer insignificantes, pero en manos de Dios tienen una fuerza transformadora. El Evangelio nos invita a no despreciar lo pequeño ni subestimar lo que nace del bien.
Una esperanza que sostiene el camino
El mensaje central de este Evangelio es profundamente esperanzador. Nos recuerda que el Reino de Dios ya está actuando en medio de nuestra historia, aun cuando el mundo parezca dominado por la incertidumbre, el dolor o la injusticia. Dios no abandona su obra ni se desentiende de lo que sembró. Él acompaña cada proceso y conduce todo hacia la vida.
Este viernes del tiempo ordinario nos invita a renovar la esperanza y la perseverancia. Tal vez hoy el Señor nos llama a seguir sembrando sin desanimarnos, a confiar en su acción silenciosa y a vivir con mayor serenidad. Cada día es una oportunidad para colaborar con su Reino desde lo cotidiano, desde lo simple, desde lo que está a nuestro alcance.
Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de pausa interior y poner delante de Dios nuestras siembras, nuestras esperas y también nuestros cansancios. Pedirle la gracia de un corazón confiado, capaz de sembrar con amor y de esperar con esperanza, sabiendo que Él hace crecer lo pequeño y transforma lo sencillo en fuente de vida para muchos.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Viernes 30 de Enero.
Segundo Libro de Samuel 11, 1-4. 5-10. 13-17.
En la época del año en que los reyes acostumbraban salir a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel contra los amonitas. Los derrotaron y pusieron sitio a Rabbá.
David se había quedado en Jerusalén. Un día, al atardecer, se levantó de dormir y se puso a pasear por la terraza del palacio; desde ahí vio a una mujer que se estaba bañando. Era una mujer muy hermosa. David mandó preguntar quién era aquella mujer y le dijeron: “Es Betsabé, hija de Eliam, esposa de Urías, el hitita”. David mandó unos criados a buscarla. Se la trajeron a su casa y durmió con ella. La mujer quedó embarazada y le mandó decir a David: “Estoy encinta”.
Entonces David le envió un mensaje a Joab: “Haz que venga Urías, el hitita”. Joab cumplió la orden, y cuando Urías se presentó a David, el rey le preguntó por Joab, por el ejército y por el estado de la guerra. Luego le dijo: “Ve a descansar a tu casa, en compañía de tu esposa”. Salió Urías del palacio de David y éste le mandó un regalo.
Pero Urías se quedó a dormir junto a la puerta del palacio del rey, con los demás servidores de su señor, y no fue a su casa. Le avisaron a David: “Urías no fue a su casa”. Al día siguiente, David lo convidó a comer con él y lo hizo beber hasta embriagarse. Ya tarde, salió Urías y se volvió a quedar a dormir con los servidores de su señor y no fue a su casa.
A la mañana siguiente escribió David a Joab una carta y se la envió con Urías. En ella le decía: “Pon a Urías en el sitio más peligroso de la batalla y déjalo solo para que lo maten”. Joab, que estaba sitiando la ciudad, puso a Urías frente a los defensores más aguerridos. Los sitiados hicieron una salida contra Joab y murieron algunos del ejército de David, entre ellos, Urías, el hitita.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 50, 3-4. 5-6a. 6bc-7. 10-11.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos
y purifícame de mis pecados.
Misericordia, Señor, que hemos pecado.
Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti sólo pequé, Señor,
haciendo lo que a tus ojos era malo.
Misericordia, Señor, que hemos pecado.
Es justa tu sentencia
y eres justo, Señor, al castigarme.
Nací en la iniquidad,
y pecador me concibió mi madre.
Misericordia, Señor, que hemos pecado.
Haz que sienta otra vez júbilo y gozo
y se alegren los huesos quebrantados.
Aleja de tu vista mis maldades
y olvídate de todos mis pecados.
Misericordia, Señor, que hemos pecado.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Jueves Viernes 30 de Enero de 2026.
Evangelio según San Marcos 4, 26-34.
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.
Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.
Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
