Evangelio de Hoy Sábado 14 de Febrero de 2026.


Estás en el lugar indicado para orar y meditar la Palabra de Dios en este sábado, memoria de San Cirilo, monje, y san Metodio, obispo.

Aquí encontrarás el Evangelio según San Marcos (8, 1-10) acompañado de una reflexión pastoral que te ayudará a profundizar la fe y reconocer la acción de Dios en la vida diaria.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy.

La mirada compasiva que se adelanta a la necesidad

El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús atento al cansancio y al hambre de la multitud. No espera que la gente reclame ni que la necesidad se vuelva desesperación. Él mismo toma la iniciativa, se conmueve y se hace cargo. Esta actitud revela un modo muy concreto de amar: ver, sentir y actuar. Para Jesús, nadie es invisible ni prescindible; cada persona cuenta con su historia, su desgaste y su esperanza.

En nuestra vida cotidiana, muchas veces seguimos adelante sin detenernos a reconocer lo que nos falta o lo que les falta a otros. El cansancio acumulado, las preocupaciones y la rutina pueden volvernos insensibles. El Evangelio nos invita a recuperar esa mirada compasiva que no pasa de largo, que no minimiza el dolor ajeno ni el propio. Dios se acerca justamente allí donde la fuerza se agota y la necesidad se hace más evidente.

Confiar cuando los recursos parecen insuficientes

Ante la propuesta de Jesús, los discípulos reaccionan con realismo y desconcierto. Ven la necesidad, pero también ven sus límites. El lugar es desierto y lo que tienen es poco. Esa escena se parece mucho a nuestras experiencias diarias: situaciones que nos superan, responsabilidades que parecen demasiadas, recursos que no alcanzan.

Sin embargo, Jesús no se detiene en lo que falta, sino que parte de lo que hay. Toma lo poco disponible y lo pone en manos de Dios. Allí comienza el milagro. Este gesto nos enseña algo fundamental para la vida de fe: Dios no nos pide lo que no tenemos, sino que le ofrezcamos lo que somos, aun cuando nos parezca insuficiente. La conversión comienza cuando dejamos de decir “no alcanza” y nos animamos a confiar.

Un alimento que restaura y reúne

La multitud se sienta, comparte el alimento y queda saciada. No hay apuro ni desorden. Todo se da en un clima de cuidado y respeto. Jesús no solo calma el hambre física, sino que devuelve dignidad y genera comunión. Nadie queda afuera, nadie recibe menos, nadie es tratado con indiferencia. Incluso lo que sobra es recogido con cuidado, como signo de que nada se desperdicia.

Este detalle ilumina nuestra vida cotidiana. Muchas veces buscamos saciarnos con cosas que no llenan del todo: reconocimientos, seguridades, consumo, distracciones. El Evangelio nos recuerda que el alimento que verdaderamente sostiene es el que nace del amor, del compartir y del encuentro. Cuando dejamos que Dios nos nutra interiormente, recuperamos fuerzas para seguir caminando y aprendemos también a ser alimento para otros, con gestos sencillos de cercanía y solidaridad.

Reconocer los signos y vivir con gratitud

Después de la multiplicación, aparecen quienes piden señales, como si lo vivido no fuera suficiente. Esta actitud nos interpela con sinceridad. A veces, aun habiendo experimentado la ayuda de Dios, seguimos pidiendo pruebas, certezas absolutas o respuestas inmediatas. Nos cuesta reconocer los signos cotidianos de su presencia.

En la memoria de San Cirilo y San Metodio, este Evangelio adquiere una luz especial. Ellos supieron anunciar la fe con paciencia y creatividad, confiando en que Dios ya estaba obrando en los corazones de los pueblos a los que fueron enviados. Reconocieron los signos y colaboraron con ellos, sin imponer ni exigir más de lo necesario.

El mensaje central de hoy nos llama a una conversión confiada y agradecida. Aprender a reconocer los signos de Dios en lo simple, en lo cotidiano, en lo que ya está sucediendo. Tal vez no sean milagros espectaculares, pero sí gestos reales de cuidado, oportunidades de crecer, fuerzas nuevas que aparecen en medio del cansancio.

Al finalizar esta reflexión, podemos hacer una pausa interior y agradecer los panes multiplicados en nuestra propia historia: personas que nos sostienen, momentos de alivio, ayudas inesperadas. Presentarle al Señor nuestras pobrezas y pedirle la gracia de una fe sencilla, capaz de confiar y de compartir. Que sepamos poner lo poco que somos en sus manos y dejarnos alimentar por su amor, para seguir caminando con esperanza y corazón abierto.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Sábado 14 de Febrero.

Primer Libro de los Reyes 12, 26-32; 13, 33-34.

En aquellos días, Jeroboam, rey de Israel, pensaba para sus adentros: “El reino todavía puede volver a la casa de David. Si el pueblo sigue yendo a Jerusalén a ofrecer sacrificios en el templo del Señor, acabará por ponerse de parte de Roboam, rey de Judá, y a mí me matarán”.

Por lo tanto, después de consultarlo, Jeroboam mandó hacer dos becerros de oro y le dijo al pueblo: “Ya no tienen para qué ir a Jerusalén, porque aquí tienes, Israel, a tu Dios, el que te sacó de Egipto”. Él colocó uno de los becerros en Betel, mientras el pueblo iba con el otro a la ciudad de Dan.

Además mandó construir templos en la cima de los montes y puso de sacerdotes a hombres del pueblo, que no pertenecían a la tribu de Leví. Instituyó una fiesta el día quince del octavo mes, parecida a la que se celebraba en Judá. Él mismo subió al altar en Betel para ofrecer sacrificios a los becerros que había mandado hacer; y ahí, en Betel, designó a los sacerdotes para los templos que había construido.

Jeroboam no cambió su mala conducta y siguió nombrando a gente común y corriente para que fueran sacerdotes de los templos que había construido en la cima de los montes; consagraba como sacerdote a todo aquel que lo deseaba. Éste fue el pecado que causó la destrucción y el exterminio de la dinastía de Jeroboam.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 105, 6-7a 19-20. 21-22.

Hemos pecado igual que nuestros padres,
cometimos maldades e injusticias.
Allá en Egipto, nuestros padres,
no entendieron, Señor, tus maravillas.
Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.

En el Horeb hicieron un becerro,
un ídolo de oro, y lo adoraron.
Cambiaron al Dios que era su gloria
por la imagen de un buey que come pasto.
Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.

Se olvidaron del Dios que los salvó,
y que hizo portentos en Egipto,
en la tierra de Cam, mil maravillas,
y en las aguas del mar Rojo, sus prodigios.
Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Sábado 14 de Febrero de 2026.

Evangelio según San Marcos 8, 1-10.

En aquellos días, vio Jesús que lo seguía mucha gente y no tenían qué comer. Entonces llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima esta gente: ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer. Si los mando a sus casas en ayunas, se van a desmayar en el camino. Además, algunos han venido de lejos”.

Sus discípulos le respondieron: “¿Y dónde se puede conseguir pan, aquí en despoblado, para que coma esta gente?” Él les preguntó: “¿Cuántos panes tienen?” Ellos le contestaron: “Siete”.

Jesús mandó a la gente que se sentara en el suelo; tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y se los fue dando a sus discípulos, para que los distribuyeran. Y ellos los fueron distribuyendo entre la gente.

Tenían, además, unos cuantos pescados. Jesús los bendijo también y mandó que los distribuyeran. La gente comió hasta quedar satisfecha, y todavía se recogieron siete canastos de sobras. Eran unos cuatro mil. Jesús los despidió y luego se embarcó con sus discípulos y llegó a la región de Dalmanuta.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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