Evangelio de Hoy Domingo 8 de Marzo de 2026.
III Domingo de Cuaresma.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, III Domingo de Cuaresma encontrará el Evangelio según San Juan 4, 5-42. acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 8 de Marzo .
Un encuentro que cambia la vida
El Evangelio de este tercer domingo de Cuaresma nos presenta un encuentro inesperado junto a un pozo. Jesús se detiene, pide de beber y comienza un diálogo que transforma la historia de una mujer. Lo que parece una conversación cotidiana se convierte en un momento decisivo. Allí, en medio de la rutina, Dios se hace cercano y abre un camino nuevo.
Esta escena nos recuerda que la fe no nace solo de grandes acontecimientos, sino de encuentros personales. Jesús no espera que la mujer esté preparada ni que tenga la vida ordenada. Se acerca tal como está, con su historia, sus heridas y sus búsquedas. También hoy el Señor se acerca a nosotros en lo simple, en los lugares habituales de nuestra vida, y nos invita a dialogar con Él.
La sed que llevamos dentro
Jesús habla de agua viva, de una fuente que no se agota. La mujer comienza pensando en el agua material, pero poco a poco descubre que hay una sed más profunda. No es solo necesidad física; es sed de sentido, de amor verdadero, de paz interior. Esa sed habita en cada corazón humano.
En nuestra vida cotidiana, muchas veces intentamos calmar esa sed con cosas que prometen satisfacción inmediata: éxito, reconocimiento, seguridad, distracciones. Sin embargo, tarde o temprano descubrimos que no alcanzan. El Evangelio nos invita a reconocer esa sed interior y a no tener miedo de presentarla ante Dios. La Cuaresma es un tiempo privilegiado para identificar qué estamos buscando realmente y dónde estamos intentando saciar nuestro corazón.
La verdad que libera y sana
En el diálogo, Jesús toca aspectos delicados de la vida de la mujer. No lo hace para condenar, sino para llevarla a la verdad. La conversión comienza cuando dejamos de ocultarnos y nos animamos a mirar nuestra historia con sinceridad. Dios no necesita que finjamos; necesita que nos abramos.
Este momento es profundamente liberador. Cuando la mujer se siente comprendida y no juzgada, su corazón se abre. La verdad, cuando está acompañada por la misericordia, no humilla; sana. También nosotros necesitamos esa experiencia. La Cuaresma no es un tiempo para castigarnos, sino para dejarnos mirar por Jesús con una mirada que conoce nuestras fragilidades y, aun así, nos ofrece una vida nueva.
Convertirse en testigos de lo que hemos encontrado
El encuentro no termina en el pozo. La mujer deja su cántaro y corre a compartir lo que ha vivido. El encuentro con Jesús la transforma en testigo. Ya no es solo alguien que recibe; se convierte en puente para otros. Esta es una señal clara de una fe auténtica: cuando experimentamos el amor de Dios, nace el deseo de compartirlo.
El mensaje central de este Evangelio es una invitación a dejarnos encontrar por Cristo y a permitir que ese encuentro renueve nuestra vida. No importa nuestro pasado ni nuestras dudas; lo que importa es abrirnos al diálogo con Él. Dios sigue ofreciendo agua viva a quien reconoce su sed.
En este tercer domingo de Cuaresma, podemos preguntarnos con sinceridad: ¿qué sed estoy intentando saciar? ¿Me animo a dejar que Jesús entre en mi historia tal como es? Tal vez el Señor nos esté esperando en un lugar cotidiano de nuestra vida, dispuesto a iniciar una conversación que cambie nuestro rumbo.
Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y presentar al Señor nuestras búsquedas, nuestras heridas y nuestros deseos más profundos. Pedirle que nos regale esa agua viva que renueva y fortalece. Que esta Cuaresma sea para nosotros un verdadero encuentro, capaz de transformar nuestra historia y convertirnos en testigos de su amor en medio del mundo.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Domingo 8 de Marzo .
Libro del Éxodo 17, 3-7.
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, fue a protestar contra Moisés, diciéndole: “¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?” Moisés clamó al Señor y le dijo: “¿Qué puedo hacer con este pueblo? Sólo falta que me apedreen”.
Respondió el Señor a Moisés: “Preséntate al pueblo, llevando contigo a algunos de los ancianos de Israel, toma en tu mano el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”.
Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: “¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9..
Vengan, lancemos vivas al Señor,
aclamemos al Dios que nos salva.
Acerquémonos a él, llenos de júbilo,
y démosle gracias.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, y puestos de rodillas,
adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo,
pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo;
él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
“No endurezcan su corazón,
como el día de la rebelión en el desierto,
cuando sus padres dudaron de mí,
aunque habían visto mis obras”.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Segunda Lectura de Hoy Domingo 8 de Marzo .
Segunda Carta de San Pablo a Los Romanos 5, 1-2. 5-8.
Hermanos: Ya que hemos sido justificados por la fe, mantengámonos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido, con la fe, la entrada al mundo de la gracia, en el cual nos encontramos; por él, podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios.
La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado. En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.
Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor, tú eres el Salvador del mundo.
Dame de tu agua viva para que no vuelva a tener sed.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio de Hoy Domingo 8 de Marzo de 2026.
Evangelio según San Juan 4, 5-42.
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.
La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.
La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla”. Él le dijo: “Ve a llamar a tu marido y vuelve”. La mujer le contestó: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Tienes razón en decir: ‘No tengo marido’. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad”.
La mujer le dijo: “Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”. Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.
La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.
En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: ‘¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?’ Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?” Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.
Mientras tanto, sus discípulos le insistían: “Maestro, come”. Él les dijo: “Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen”. Los discípulos comentaban entre sí: “¿Le habrá traído alguien de comer?” Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: ‘Uno es el que siembra y otro el que cosecha’. Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto”.
Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el salvador del mundo”.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
