Presentación de la Bienaventurada Virgen María
La Iglesia celebra hoy con profunda alegría la Presentación de la Bienaventurada Virgen María en el Templo. Esta fiesta recuerda el momento en que los santos padres de la Virgen, Joaquín y Ana, llevaron a su hija al templo de Jerusalén para consagrarla al servicio de Dios.
Desde su niñez, María ofreció su corazón y su vida al Señor, preparándose en silencio y pureza para ser la Madre del Salvador. En este día, recordamos su entrega total y su disponibilidad para cumplir siempre la voluntad divina.

Biografía y legado.
Según una antigua tradición cristiana, los padres de María, agradecidos por el don de su hija, la presentaron en el templo cuando era aún una niña. Allí, la Virgen se consagró por entero al Señor, viviendo en oración y servicio. Aunque este hecho no aparece en los Evangelios, fue reconocido por la Iglesia como una manifestación de su santidad desde la infancia.
La fiesta fue celebrada primero en Jerusalén y más tarde extendida a toda la Iglesia por el Papa Sixto V en el siglo XVI. En ella contemplamos a María como modelo de obediencia, pureza y entrega total a Dios. Su presentación en el templo es una invitación a renovar nuestra propia consagración al Señor, ofreciendo con humildad nuestras vidas y trabajos cotidianos para gloria de Dios.
Virtudes y enseñanzas.
Pureza de corazón y cuerpo, ejemplo de santidad desde la infancia.
Obediencia a la voluntad de Dios sin reservas.
Amor constante a la oración y al servicio.
Humildad y entrega total al plan divino.
Reflexión final.
La Presentación de la Virgen María nos enseña que toda vida cristiana comienza en la entrega. María, siendo apenas una niña, ofreció su corazón a Dios sin reservas. Su gesto nos invita a mirar dentro de nosotros y preguntarnos cuánto de nuestro tiempo, amor y fe entregamos verdaderamente al Señor.
Que este día sea una oportunidad para renovar nuestro sí a Dios, como lo hizo María. En cada acto de servicio, en cada gesto de amor, podemos presentarnos ante el Señor con el corazón limpio y dispuesto.
María nos muestra que la santidad comienza con la disponibilidad y se alimenta con la confianza plena en el amor divino.
