Navidad
Hoy celebramos la Navidad, el misterio central de la fe cristiana: el nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. En esta solemnidad, el cielo se une a la tierra y la esperanza renace para toda la humanidad. Dios no permanece lejano; se hace cercano, pequeño y vulnerable, para habitar entre nosotros.
La Navidad nos invita a acoger al Emmanuel, a abrir el corazón a la paz y a dejarnos transformar por el amor que nace en un pesebre.

Biografía y legado.
La Navidad conmemora el nacimiento de Jesús en Belén, acontecimiento anunciado por los profetas y esperado durante siglos por el pueblo de Israel. El Evangelio nos presenta a María y José llegando a Belén, donde, ante la falta de alojamiento, el Niño nace en la sencillez de un pesebre. Allí, en la pobreza y el silencio, Dios revela su modo de amar: con humildad, cercanía y misericordia.
Los ángeles anuncian la Buena Noticia a los pastores, los más sencillos, y los invitan a contemplar al Salvador. Más tarde, los Magos de Oriente reconocerán en el Niño al Rey y ofrecerán sus dones. Desde entonces, la Iglesia celebra la Navidad como el inicio visible de la obra de salvación: Dios entra en la historia para redimirla desde dentro.
A lo largo de los siglos, la Navidad ha inspirado gestos de caridad, reconciliación y alegría compartida. El pesebre, las luces y los cantos no son solo tradiciones, sino signos de una verdad profunda: la luz vence a las tinieblas, la vida vence al pecado, y el amor de Dios se ofrece a todos sin excepción. Su legado permanece vivo en cada corazón que acoge a Cristo y se deja renovar por su presencia.
Virtudes y enseñanzas.
Humildad para reconocer a Dios en lo sencillo.
Amor que se dona sin condiciones.
Esperanza que renace incluso en la oscuridad.
Paz que brota del encuentro con Cristo.
Reflexión final.
La Navidad nos recuerda que Dios eligió el camino del amor humilde para salvarnos. No vino con poder ni con riqueza, sino con la fragilidad de un Niño. Este misterio nos interpela: ¿hay lugar para Jesús en nuestra vida cotidiana? ¿Estamos dispuestos a recibirlo en lo sencillo, en lo pobre, en lo que no brilla a los ojos del mundo?
Que esta Navidad renueve nuestra fe y nos impulse a vivir con mayor caridad. Al contemplar el pesebre, aprendamos a amar más, a perdonar con generosidad y a compartir con quienes más lo necesitan. Que el nacimiento de Cristo encienda en nosotros una esperanza que no se apaga y una paz que transforme nuestros hogares y comunidades. Hoy nace el Salvador: abramos el corazón y dejemos que su luz nos guíe.
