Evangelio De Hoy 10 de Abril


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Viernes en la Octava de Pascua encontrará el Evangelio según San Juan 21, 1-14  acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 10 de Abril.

Volver a lo conocido con el corazón cansado

El Evangelio de hoy nos presenta a los discípulos regresando a su trabajo habitual. Después de todo lo vivido, vuelven a lo conocido, pero algo no es igual. Pasan la noche pescando y no logran nada. Es una escena sencilla, pero cargada de significado: el esfuerzo sin fruto, el cansancio, la sensación de vacío.

También en nuestra vida hay momentos así. Situaciones en las que hacemos lo de siempre, pero sin resultados, sin entusiasmo, con el corazón desanimado. El Evangelio nos muestra que incluso en esos momentos, Dios está cerca, aunque no lo reconozcamos de inmediato.

Una presencia que orienta el camino

Jesús aparece en la orilla, pero los discípulos no lo reconocen. Desde allí, les da una indicación concreta. Ellos obedecen, y todo cambia. Lo que antes era esterilidad se convierte en abundancia.

Este detalle nos enseña que la presencia de Dios no siempre se manifiesta de manera evidente. A veces está en lo cotidiano, en una palabra, en una intuición, en una invitación a hacer las cosas de otro modo. Cuando confiamos y damos ese paso, la realidad puede transformarse.

En la vida diaria, esto se traduce en estar atentos. No se trata de esperar algo extraordinario, sino de reconocer que Dios puede hablarnos en medio de lo simple.

Reconocer a Jesús en lo cotidiano

El momento clave llega cuando uno de los discípulos lo reconoce: “Es el Señor”. Ese reconocimiento cambia todo. La escena deja de ser una jornada más de trabajo para convertirse en un encuentro.

Este paso es fundamental en la vida de fe. Jesús está presente, pero necesita ser reconocido. No basta con que esté cerca; es necesario abrir el corazón para verlo. Muchas veces Dios está actuando en nuestra vida, pero no lo percibimos porque estamos distraídos o centrados en nuestras preocupaciones.

La Pascua nos invita a desarrollar esa mirada de fe que reconoce a Cristo en lo cotidiano.

Compartir la mesa y renovar la vida

Al llegar a la orilla, los discípulos encuentran a Jesús que los espera con la mesa preparada. Él no solo se manifiesta, sino que invita a compartir. Este gesto habla de cercanía, de cuidado, de una relación que se renueva.

El mensaje central de este Evangelio es una invitación a confiar en la presencia de Jesús en nuestra vida, especialmente en lo cotidiano. Él no se aleja cuando fallamos o cuando nos desanimamos. Se acerca, nos orienta y nos vuelve a reunir.

En este viernes de la octava de Pascua, podemos preguntarnos con sinceridad: ¿reconozco a Jesús en mi vida diaria? ¿Confío en su palabra incluso cuando no entiendo del todo?

Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y agradecer al Señor por su presencia constante. Pedirle la gracia de reconocerlo en lo simple y de confiar en su guía. Que la alegría de la Pascua nos ayude a descubrir que Él siempre nos espera, nos llama y nos invita a una vida nueva, incluso en medio de lo cotidiano.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Viernes 10 de Abril.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 1-12.

En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, se presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados porque los apóstoles enseñaban al pueblo y anunciaban la resurrección de los muertos por el poder de Jesús. Los aprehendieron, y como ya era tarde, los encerraron en la cárcel hasta el día siguiente. Pero ya muchos de los que habían escuchado sus palabras, unos cinco mil hombres, habían abrazado la fe.

Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan, Alejandro y cuantos pertenecían a las familias de los sumos sacerdotes. Hicieron comparecer ante ellos a Pedro y a Juan y les preguntaron: “¿Con qué poder o en nombre de quién han hecho todo esto?”

Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: “Jefes del pueblo y ancianos, puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, para saber cómo fue curado, sépanlo ustedes y sépalo todo el pueblo de Israel: este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesús de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos.

Este mismo Jesús es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. Ningún otro puede salvarnos, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos”.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a.

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel:
“Su misericordia es eterna”.
Digan los que temen al Señor:
“Su misericordia es eterna”. 
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Aleluya.

La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
Este es el día del triunfo del Señor:
día de júbilo y de gozo. 
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Aleluya.

Libéranos, Señor, y danos tu victoria.
Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga. 
Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine. 
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Aleluya.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Éste es el día del triunfo del Señor,
día de júbilo y de gozo.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Viernes 10 de Abril de 2026.

Evangelio según San Juan 21, 1-14.

En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.

Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?” Ellos contestaron: “No”. Entonces él les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.

Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: “Es el Señor”. Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.

Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”. Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes.

Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: “Vengan a almorzar”. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres?’, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.

Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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