Evangelio De Hoy 12 de Abril


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, II Domingo de Pascua – Domingo de Divina Misericordia encontrará el Evangelio según San Juan 20, 19-31 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 12 de Abril.

Una paz que entra en medio del miedo

El Evangelio de hoy nos presenta a los discípulos reunidos, con las puertas cerradas por miedo. A pesar de haber escuchado que Jesús vive, el temor sigue presente. En ese contexto, Jesús se hace presente y les ofrece un saludo sencillo y profundo: la paz.

Este gesto es muy significativo. Jesús no espera que todo esté resuelto para acercarse. Entra precisamente en medio del miedo, de la incertidumbre, de las dudas. Su paz no depende de las circunstancias externas, sino de su presencia viva.

También nosotros atravesamos momentos en los que el miedo ocupa un lugar importante: preocupaciones, inseguridades, situaciones que no controlamos. El Evangelio nos recuerda que Dios no se mantiene distante, sino que entra en nuestra vida para ofrecernos una paz que sostiene.

Las heridas que no desaparecen, pero se transforman

Jesús muestra sus manos y su costado. No oculta sus heridas. La resurrección no borra el sufrimiento vivido, pero lo transforma. Las heridas ya no son signo de derrota, sino de amor que ha atravesado la prueba.

Este mensaje es profundamente consolador. En nuestra vida también hay heridas, experiencias difíciles, momentos que nos han marcado. Dios no las ignora ni las elimina mágicamente, pero puede darles un sentido nuevo.

La Divina Misericordia se manifiesta justamente allí: en un amor que acoge, que sana, que transforma lo que parecía perdido.

La fe que necesita dar un paso

El Evangelio nos presenta la experiencia de uno de los discípulos que no estuvo en el primer encuentro. Le cuesta creer, necesita ver para confiar. Su reacción es muy humana. No se trata de falta de interés, sino de una necesidad de comprender.

Jesús no lo rechaza por su duda. Se acerca nuevamente, le ofrece lo que necesita para creer, y lo invita a dar un paso más allá: confiar. La fe no siempre nace de inmediato; a veces necesita un proceso, un encuentro personal.

También nosotros podemos sentirnos identificados. Hay momentos en los que creemos con facilidad y otros en los que nos cuesta más. El Evangelio nos muestra que Dios es paciente y se acerca a cada uno en su camino.

Vivir desde la misericordia recibida

El mensaje central de este Evangelio, en este Domingo de la Divina Misericordia, es una invitación a recibir y a vivir la misericordia de Dios. Jesús no se presenta para juzgar, sino para ofrecer paz, perdón y vida nueva.

Esa misericordia no está destinada solo a nosotros, sino que está llamada a ser compartida. Quien ha experimentado el perdón y la paz de Dios, está invitado a transmitirlos en su vida cotidiana.

Hoy podemos preguntarnos con sinceridad: ¿me dejo alcanzar por la misericordia de Dios? ¿Soy capaz de ofrecer esa misma misericordia a los demás?

Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y abrir el corazón al Señor. Presentarle nuestras heridas, nuestras dudas, nuestros miedos. Pedirle que nos regale su paz y que nos ayude a confiar.

Que este domingo nos ayude a descubrir que la misericordia de Dios es más grande que cualquier debilidad, y que su amor siempre nos ofrece una nueva oportunidad para comenzar de nuevo.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Domingo 12 de Abril.

Libro de los Hechos de los Apóstoles  2, 42-47.

En los primeros días de la Iglesia, todos los hermanos acudían asiduamente a escuchar las enseñanzas de los apóstoles, vivían en comunión fraterna y se congregaban para orar en común y celebrar la fracción del pan.

Toda la gente estaba llena de asombro y de temor, al ver los milagros y prodigios que los apóstoles hacían en Jerusalén.

Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Los que eran dueños de bienes o propiedades los vendían, y el producto era distribuido entre todos, según las necesidades de cada uno. Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos, con alegría y sencillez de corazón.

Alababan a Dios y toda la gente los estimaba. Y el Señor aumentaba cada día el número de los que habían de salvarse.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 117, 2-4. 22-24. 25-27a.

Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.
Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”.
Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”.
La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Querían a empujones derribarme,
pero Dios me ayudó.
El Señor es mi fuerza y mi alegría,
en el Señor está mi salvación.
La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
Este es el día de triunfo del Señor:
día de júbilo y de gozo.
La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.


Segunda Lectura de Hoy Domingo 12 de Abril.

Primera Carta de San Pedro 1, 3-9.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su gran misericordia, porque al resucitar a Jesucristo de entre los muertos, nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva, que no puede corromperse ni mancharse y que él nos tiene reservada como herencia en el cielo. Porque ustedes tienen fe en Dios, él los protege con su poder, para que alcancen la salvación que les tiene preparada y que él revelará al final de los tiempos.

Por esta razón, alégrense, aun cuando ahora tengan que sufrir un poco por adversidades de todas clases, a fin de que su fe, sometida a la prueba, sea hallada digna de alabanza, gloria y honor, el día de la manifestación de Cristo. Porque la fe de ustedes es más preciosa que el oro, y el oro se acrisola por el fuego.

A Cristo Jesús no lo han visto y, sin embargo, lo aman; al creer en él ahora, sin verlo, se llenan de una alegría radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que es la meta de la fe.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto;
dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Domingo 12 de Abril de 2026.

Evangelio según San Juan 20, 19-31.

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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