Evangelio de Hoy Lunes 2 de Febrero de 2026.


Estás en el lugar indicado para orar y meditar la Palabra de Dios en este lunes, Fiesta de la Presentación del Señor.

Aquí encontrarás el Evangelio según San Lucas (2, 22-40) acompañado de una reflexión pastoral que te ayudará a contemplar y acoger su mensaje en la vida diaria.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy.

Un encuentro que da sentido a la espera

La fiesta de hoy nos presenta a Jesús llevado al templo por María y José. No es un gesto espectacular, sino un acto sencillo de fidelidad y obediencia. Sin embargo, en ese momento cotidiano ocurre un encuentro decisivo. Simeón y Ana, personas mayores que han sabido esperar, reconocen en ese Niño la presencia de Dios que cumple sus promesas. La espera paciente se transforma en alegría y plenitud.

Este pasaje nos invita a mirar nuestra propia vida. Muchas veces atravesamos tiempos de espera: decisiones que no llegan, situaciones que no se resuelven, respuestas que parecen demorarse. El Evangelio nos recuerda que Dios actúa también en esos tiempos silenciosos. Cuando aprendemos a esperar con confianza y a no desesperarnos, el encuentro con Él se vuelve fuente de paz y sentido.

Presentar la vida con sencillez

María y José presentan a Jesús en el templo, ofreciendo lo que corresponde a su condición humilde. No llevan grandes ofrendas, pero sí un corazón dispuesto. En ese gesto sencillo nos enseñan que presentarnos ante Dios no significa mostrar perfección, sino ofrecer lo que somos y lo que tenemos, con sinceridad.

También nosotros estamos llamados a presentar nuestra vida cada día: nuestras alegrías, nuestros miedos, nuestras luchas y esperanzas. El Señor no espera apariencias ni logros extraordinarios, sino un corazón abierto. Este Evangelio nos invita a revisar si estamos dispuestos a poner nuestra vida en manos de Dios, aun cuando no entendamos del todo el camino. La fe crece cuando confiamos y entregamos, incluso en medio de la incertidumbre.

La luz que ilumina a todos

Simeón reconoce en Jesús una luz destinada a iluminar a todos los pueblos. Esta imagen es profundamente esperanzadora. La luz no elimina automáticamente la oscuridad, pero permite ver, orientarse y no perder el rumbo. Jesús es esa luz que entra en la historia y también en nuestra vida personal.

En medio de un mundo marcado por la confusión, el cansancio y tantas heridas, el Evangelio nos recuerda que la luz de Dios sigue brillando. A veces esa luz llega a través de personas sencillas, de gestos pequeños, de palabras oportunas. Otras veces se manifiesta en medio del dolor, sosteniéndonos cuando todo parece difícil. Estamos llamados no solo a dejarnos iluminar, sino también a ser reflejo de esa luz para otros, con actitudes de bondad, justicia y esperanza.

Un llamado a vivir con esperanza renovada

La fiesta de la Presentación del Señor nos invita a una conversión interior. Nos anima a revisar cómo vivimos nuestra fe: si desde la rutina o desde el encuentro, si desde el temor o desde la confianza. Simeón y Ana nos muestran que una vida abierta a Dios, aun en la sencillez y en la espera, no queda vacía. Dios siempre cumple su promesa.

Este Evangelio también nos recuerda que la fe no nos ahorra las dificultades. María escucha palabras que anuncian luz, pero también dolor. Sin embargo, todo queda envuelto en la esperanza. Dios no engaña ni abandona; acompaña incluso cuando el camino se vuelve exigente.

Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y presentar nuestra vida al Señor. Ofrecerle lo que somos hoy, con nuestras luces y sombras. Pedirle la gracia de reconocer su presencia en lo cotidiano y de dejarnos iluminar por su amor. Que esta fiesta renueve en nosotros la esperanza y nos impulse a vivir con mayor confianza, sabiendo que Dios camina con nosotros y hace nuevas todas las cosas.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Lunes 2 de Febrero.

Libro de Malaquίas 3, 1-4.

Esto dice el Señor: “He aquí que yo envío a mi mensajero. Él preparará el camino delante de mí. De improviso entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien ustedes desean. Miren: Ya va entrando, dice el Señor de los ejércitos.

¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será como fuego de fundición, como la lejía de los lavanderos. Se sentará como un fundidor que refina la plata; como a la plata y al oro, refinará a los hijos de Leví y así podrán ellos ofrecer, como es debido, las ofrendas al Señor. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos’’.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 23, 7. 8. 9. 10.

¡Puertas, ábranse de par en par; 
agrándense, portones eternos, 
porque va a entrar el rey de la gloria!
El Señor es el rey de la gloria.

¿Y quién es el rey de la gloria?
Es el Señor, fuerte y poderoso,
el Señor, poderoso en la batalla.
El Señor es el rey de la gloria.

¡Puertas, ábranse de par en par; 
agrándense, portones eternos, 
porque va a entrar el rey de la gloria!
El Señor es el rey de la gloria.

¿Y quién es el rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos,
es el rey de la gloria.
El Señor es el rey de la gloria.


Segunda Lectura de Hoy Lunes 2 de Febrero.

Carta a los Hebreos 2, 14-18.

Hermanos: Todos los hijos de una familia tienen la misma sangre; por eso, Jesús quiso ser de nuestra misma sangre, para destruir con su muerte al diablo, que mediante la muerte, dominaba a los hombres, y para liberar a aquellos que, por temor a la muerte, vivían como esclavos toda su vida.

Pues como bien saben, Jesús no vino a ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham; por eso tuvo que hacerse semejante a sus hermanos en todo, a fin de llegar a ser sumo sacerdote, misericordioso con ellos y fiel en las relaciones que median entre Dios y los hombres, y expiar así los pecados del pueblo. Como él mismo fue probado por medio del sufrimiento, puede ahora ayudar a los que están sometidos a la prueba.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tú eres, Señor, la luz que alumbra a las naciones
y la gloria de tu pueblo, Israel.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Lunes 2 de Febrero de 2026.

Evangelio según San Lucas 2, 22-40.

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:

“Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo,
según lo que me habías prometido,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
al que has preparado para bien de todos los pueblos;
luz que alumbra a las naciones
y gloria de tu pueblo, Israel”.

El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada, y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.


👉 Conozca la vida y el mensaje del santo del día de hoy


Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Scroll al inicio