Evangelio de Hoy Miércoles 28 de Enero de 2026.
Memoria de Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia.
Estás en el lugar indicado para orar y meditar la Palabra de Dios en este miércoles, memoria de Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia.
Aquí encontrarás el Evangelio según San Marcos (4, 1-20) junto con una reflexión pastoral que te ayudará a profundizar su mensaje y aplicarlo a la vida.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy.
La Palabra que se siembra en el corazón
El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús enseñando con una imagen muy sencilla: un sembrador que sale a sembrar. La semilla es la misma para todos, pero el resultado es distinto según el terreno donde cae. Con esta imagen cercana, Jesús nos invita a mirar nuestro propio corazón y a preguntarnos cómo recibimos la Palabra de Dios en nuestra vida.
No se trata de entender todo de inmediato ni de tener una fe perfecta. El mensaje central es claro: Dios no deja de sembrar, no se cansa de hablar, de llamar, de ofrecer vida. La diferencia no está en Él, sino en nuestra disponibilidad interior. Cada día, en lo ordinario de la vida, el Señor vuelve a sembrar con paciencia y esperanza.
Los obstáculos que apagan la semilla
Jesús describe distintos terrenos que impiden que la semilla crezca. Algunos la reciben con entusiasmo, pero sin profundidad; otros se dejan ganar por las preocupaciones, el miedo o el deseo de seguridad; otros ni siquiera llegan a escuchar con atención. Estas imágenes reflejan situaciones muy reales de nuestra vida cotidiana.
Muchas veces comenzamos con buenas intenciones, pero el cansancio, las dificultades o las urgencias del día a día nos van alejando. Otras veces escuchamos la Palabra, pero no le damos espacio para que transforme nuestras decisiones. El Evangelio de hoy no busca desanimarnos, sino ayudarnos a reconocer con honestidad qué cosas están ocupando demasiado lugar en nuestro interior y no dejan crecer lo que Dios quiere hacer.
Un corazón que aprende a escuchar
En esta memoria de Santo Tomás de Aquino, la liturgia nos recuerda el valor de buscar a Dios con todo el corazón, con inteligencia y con humildad. Escuchar la Palabra no es solo oírla, sino dejar que nos cuestione, que nos enseñe, que nos cambie poco a poco. Requiere tiempo, silencio y disposición.
El terreno bueno no es el corazón perfecto, sino el corazón abierto, perseverante, capaz de volver a intentarlo. Aun después de caídas o distracciones, Dios sigue sembrando. Cada gesto de escucha, cada momento de oración, cada esfuerzo por vivir el bien prepara la tierra interior para que la semilla dé fruto a su tiempo.
Llamados a dar fruto en lo cotidiano
El Evangelio concluye con una imagen de abundancia: la semilla que cae en tierra buena da fruto de distintas maneras. No todos producen lo mismo, pero todos están llamados a dar fruto. En la vida cristiana no se trata de compararnos, sino de ser fieles allí donde Dios nos puso.
Dar fruto es vivir con coherencia, amar más, perdonar, servir, confiar incluso en medio de las dificultades. En el tiempo ordinario, el Señor nos recuerda que la santidad se construye en lo cotidiano, en pequeñas decisiones que abren espacio a su gracia.
Hoy podemos hacer una pausa interior y preguntarnos qué tipo de tierra estamos siendo. No para juzgarnos con dureza, sino para pedir la gracia de un corazón más disponible. Que esta reflexión nos lleve a un gesto concreto: cuidar un momento de silencio, escuchar con más atención, o asumir un compromiso sencillo que ayude a que la Palabra de Dios dé fruto abundante en nuestra vida.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Miércoles 28 de Enero.
Segundo Libro de Samuel 7, 4-17.
En aquellos días, el Señor le habló al profeta Natán y le dijo: “Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto: ‘¿Piensas que vas a ser tú el que me construya una casa, para que yo habite en ella?
Desde que saqué a Israel de Egipto hasta el presente, no he tenido casa, sino que he andado en una tienda de campaña, por dondequiera que han ido los hijos de Israel. ¿Acaso en todo ese tiempo le pedí a alguno de los jueces, a quienes puse como pastores de mi pueblo, Israel, que me construyera una casa de cedro?’
Di, pues, a mi siervo David: ‘Yo te saqué de los apriscos y de andar tras las ovejas, para que fueras el jefe de mi pueblo, Israel. Yo estaré contigo en todo lo que emprendas, acabaré con tus enemigos y te haré tan famoso como los hombres más famosos de la tierra.
Le asignaré un lugar a mi pueblo, Israel; lo plantaré allí para que habite en su propia tierra. Vivirá tranquilo y sus enemigos ya no lo oprimirán más, como lo han venido haciendo desde los tiempos en que establecí jueces para gobernar a mi pueblo, Israel. Y a ti, David, te haré descansar de tus enemigos.
Además, yo, el Señor, te hago saber que te daré una dinastía; y cuando tus días se hayan cumplido y descanses para siempre con tus padres, engrandeceré a tu hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino. Él me construirá una casa y yo consolidaré su trono para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo.
Si hace el mal, yo lo castigaré con vara fuerte y con azotes, pero no le retiraré mi favor, como lo hice con Saúl, a quien quité de tu camino. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente’ “.
Natán comunicó a David todas estas palabras, conforme se las había revelado el Señor.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 88, 4-5. 27-28. 29-30.
“Un juramento hice a David, mi servidor,
una alianza pacté con mi elegido:
‘Consolidaré tu dinastía para siempre
y afianzaré tu trono eternamente’.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
El me podrá decir: ‘Tú eres mi padre,
el Dios que mi protege y que mi salva’.
Y yo lo nombraré mi primogénito
sobre todos los reyes de la tierra.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Yo jamás le retiraré mi amor
No volaré el juramento que le hice.
Nunca se extinguirá su descendencia
y su trono durará igual en el cielo”.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo;
todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Miércoles 28 de Enero de 2026.
Evangelio según San Marcos 4, 1-20.
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía:
“Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron.
Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno”. Y añadió Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga”.
Cuando se quedaron solos, sus acompañantes y los Doce le preguntaron qué quería decir la parábola. Entonces Jesús les dijo: “A ustedes se les ha confiado el secreto del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera, todo les queda oscuro; así, por más que miren, no verán; por más que oigan, no entenderán; a menos que se arrepientan y sean perdonados”.
Y les dijo a continuación: “Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a comprender todas las demás? ‘El sembrador’ siembra la palabra. ‘Los granos de la vereda’ son aquellos en quienes se siembra la palabra, pero cuando la acaban de escuchar, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.
‘Los que reciben la semilla en terreno pedregoso’, son los que, al escuchar la palabra, de momento la reciben con alegría; pero no tienen raíces, son inconstantes, y en cuanto surge un problema o una contrariedad por causa de la palabra, se dan por vencidos.
‘Los que reciben la semilla entre espinas’ son los que escuchan la palabra; pero por las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás, que los invade, ahogan la palabra y la hacen estéril.
Por fin, ‘los que reciben la semilla en tierra buena’ son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno”.
👉 Conozca la vida y el mensaje del santo del día de hoy
Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
