Evangelio de Hoy Martes 3 de Marzo de 2026.


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Martes de la II semana de Cuaresma encontrará el Evangelio según Mateo 23, 1-12 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy Martes 3 de Marzo.

La incoherencia que vacía el mensaje

El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús señalando una contradicción que daña profundamente la vida de fe: decir una cosa y vivir otra. No cuestiona las palabras en sí, sino la falta de coherencia entre lo que se enseña y lo que se practica. Cuando la fe se queda en discursos y no se traduce en vida, pierde su fuerza y se vuelve pesada para los demás.

Esta advertencia es muy actual. También hoy podemos caer en la tentación de exigir a otros lo que no estamos dispuestos a vivir, de señalar errores ajenos mientras ignoramos los propios. El Evangelio nos invita a mirar primero nuestro interior, nuestras actitudes cotidianas, la manera concreta en que tratamos a los demás. La fe no se sostiene por apariencias, sino por la verdad de la vida.

Cargas pesadas y corazones cerrados

Jesús denuncia una forma de religiosidad que impone cargas sin ofrecer ayuda. Es una actitud que controla, que exige, pero no acompaña. Cuando la fe se vive así, deja de ser buena noticia y se transforma en un peso difícil de llevar. Dios no actúa de ese modo. Él no aplasta ni humilla; llama, acompaña y sostiene.

En la vida cotidiana, esto nos invita a revisar cómo vivimos nuestra relación con los demás. A veces somos duros en el juicio, rápidos para criticar y lentos para comprender. Olvidamos que todos estamos en camino, con luchas y fragilidades. El Evangelio nos recuerda que la autoridad verdadera no se ejerce desde la dureza, sino desde la cercanía y el servicio. Convertirse en este tiempo de Cuaresma también implica aprender a aliviar cargas y no a aumentarlas.

El peligro de buscar reconocimiento

Jesús señala otro riesgo: hacer las cosas para ser vistos, buscar prestigio, títulos o reconocimiento. Cuando el centro se desplaza hacia el propio ego, la fe se desordena. Lo que debería ser servicio se convierte en exhibición, y lo que debería acercar a Dios termina alejando.

Este llamado nos interpela con honestidad. ¿Desde dónde hacemos lo que hacemos? ¿Buscamos sinceramente el bien o necesitamos sentirnos valorados y reconocidos? El Evangelio no condena el deseo de ser apreciados, pero nos invita a no construir la vida sobre eso. La fe madura aprende a hacer el bien incluso cuando nadie lo ve, confiando en que Dios conoce el corazón.

La humildad que hace grande al discípulo

Jesús propone un camino claro y exigente: la verdadera grandeza está en el servicio. No se trata de rebajarse ni de anularse, sino de ubicarse en la verdad. Quien se reconoce hermano entre hermanos, quien sirve sin imponerse, quien acompaña sin dominar, refleja mejor el rostro de Dios.

La humildad no es debilidad; es libertad. Nos libera de la necesidad de sobresalir, de compararnos, de competir. Nos permite vivir relaciones más sanas y más humanas. En la Cuaresma, este llamado adquiere una fuerza especial. Convertirse es aprender a ocupar un lugar más sencillo, a escuchar más, a hablar menos, a dejar que la vida hable por nuestras acciones.

Este Evangelio nos invita a una conversión concreta y posible. Tal vez el Señor nos está pidiendo revisar una actitud de orgullo, una necesidad de tener razón, una forma de imponernos sin darnos cuenta. No para desanimarnos, sino para crecer. Dios no busca perfección exterior, sino un corazón humilde y disponible.

Al finalizar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y preguntarnos desde dónde estamos viviendo nuestra fe. Qué cargas ponemos sobre los demás, qué reconocimientos buscamos, qué actitudes necesitamos purificar. Presentarle al Señor nuestro deseo de vivir con mayor coherencia y humildad.

Que este martes de la segunda semana de Cuaresma nos ayude a elegir el camino sencillo del servicio, a vivir una fe más auténtica y a dejarnos transformar por el amor de Dios, que no se impone, sino que se ofrece con paciencia y verdad.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Martes 3 de Marzo.

Libro de Isaías 1, 10. 16-20.

Oigan la palabra del Señor, príncipes de Sodoma;
escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra:
“Lávense y purifíquense;
aparten de mi vista sus malas acciones.
Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien,
busquen la justicia, auxilien al oprimido,
defiendan los derechos del huérfano
y la causa de la viuda.

Vengan, pues, y discutamos, dice el Señor.
Aunque sus pecados sean rojos como la sangre,
quedarán blancos como la nieve.
Aunque sean encendidos como la púrpura,
vendrán a ser como blanca lana.
Si son ustedes dóciles y obedecen,
comerán los frutos de la tierra.
Pero si se obstinan en la rebeldía,
la espada los devorará”.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23.

No voy a reclamarte sacrificios, dice el Señor, 
pues siempre están ante mí tus holocaustos.
Pero ya no aceptaré un becerro de tu casa,
ni cabritos de tus rebaños. 
Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.

¿Por qué citas mis preceptos
y hablas a toda hora de mi pacto,
tú que detestas la obediencia
y echas en saco roto mis mandatos? 
Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.

Tú haces esto, ¿y yo tengo que callarme?
¿Crees acaso que yo soy como tú?
No, yo te reprenderé y te echaré en cara tus pecados.
Quien las gracias me da, ése me honra
y yo salvaré al que cumple mi voluntad. 
Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.


Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Purifíquense de todas sus iniquidades;
renueven su corazón y su espíritu, dice el Señor.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio de Hoy Martes 3 de Marzo de 2026.

Evangelio según San Mateo 23, 1-12.

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: 
“En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra.

Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo.

Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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