Evangelio De Hoy 4 de Abril


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Sábado Santo. Vigilia Pascual encontrará el Evangelio según San Mateo 28, 1-10. acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 4 de Abril.

La luz que irrumpe en la oscuridad

El Evangelio de esta Vigilia Pascual nos sitúa en un momento de profundo contraste. Venimos del silencio del Sábado Santo, de la experiencia del dolor y de la espera. Todo parecía terminado, todo parecía en oscuridad. Sin embargo, al amanecer, algo nuevo comienza a suceder.

Las mujeres se acercan con temor y tristeza, pero encuentran algo inesperado. La muerte no tiene la última palabra. Dios irrumpe en la historia con una fuerza que transforma todo. La resurrección no es solo un acontecimiento del pasado, es una luz que sigue iluminando nuestra vida hoy.

Este momento nos recuerda que incluso en nuestras noches más oscuras, Dios puede abrir un camino nuevo.

El paso del miedo a la esperanza

Las mujeres experimentan una mezcla de emociones: temor, sorpresa, alegría. No comprenden todo de inmediato, pero algo en su interior cambia. Lo que comenzó como un camino de duelo se convierte en un anuncio de vida.

Este paso del miedo a la esperanza es también un camino espiritual. Muchas veces vivimos situaciones que nos llenan de incertidumbre, de tristeza o de desánimo. El Evangelio nos muestra que Dios puede transformar esas experiencias, dándoles un sentido nuevo.

La Pascua no elimina las dificultades, pero nos ofrece una mirada distinta: nos enseña que la vida puede renacer incluso donde parecía no haber salida.

El encuentro que transforma

En el camino, las mujeres se encuentran con Jesús. Este encuentro es el centro de todo. No se trata solo de una noticia, sino de una presencia viva que cambia el corazón. Jesús no se presenta con reproches, sino con cercanía. Sus primeras palabras invitan a no temer.

Este detalle es profundamente consolador. Dios no se acerca para juzgar, sino para levantar, para animar, para dar paz. Cuando nos encontramos con Cristo, nuestra vida comienza a transformarse desde dentro.

En la vida cotidiana, ese encuentro puede darse de muchas maneras: en la oración, en la palabra de Dios, en los momentos de silencio, en los gestos de amor. La clave está en estar disponibles para reconocer su presencia.

Una invitación a anunciar la vida nueva

Las mujeres reciben una misión: ir y anunciar lo que han visto. La experiencia de la resurrección no se guarda, se comparte. La alegría que nace del encuentro con Cristo se convierte en testimonio.

El mensaje central de este Evangelio es una invitación a vivir como personas que han encontrado vida. La Pascua no es solo una celebración, es un comienzo. Es el paso hacia una vida renovada, sostenida por la esperanza.

En esta Vigilia Pascual, podemos preguntarnos con sinceridad: ¿dónde necesito que la vida de Dios renazca en mí? ¿Qué situaciones necesitan ser iluminadas por su presencia?

Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y abrir el corazón a la alegría de la Pascua. Dejar que la luz de Cristo entre en nuestra vida. Pedirle la gracia de vivir con esperanza y de ser testigos de esa vida nueva.

Que esta noche santa nos ayude a descubrir que la oscuridad nunca tiene la última palabra, y que el amor de Dios siempre abre caminos de vida nueva.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Sábado 4 de Abril.

Libro del Exodo 14, 15-31. 15, 1a.

Después el Señor dijo a Moisés: «¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie.

Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros».

El Angel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de delante hacia atrás, interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros.

Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda.

Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos.

Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: «Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto». El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros».

Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar.

Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.

Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor. Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor:


Salmo Responsorial de Hoy Libro del Exodo 15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18.

Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria:
él hundió en el mar los caballos y los carros.
El Señor es mi fuerza y mi protección,
él me salvó. El es mi Dios y yo lo glorifico,
es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza.
Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.

El Señor es un guerrero,
su nombre es «Señor».
El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,
lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo.
Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.

El abismo los cubrió,
cayeron como una piedra en lo profundo del mar.
Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,
tu mano, Señor, aniquila al enemigo.
Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.

Tú lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia,
en el lugar que preparaste para tu morada,
en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.
Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.


Segunda Lectura de Hoy Sábado 4 de Abril.

Carta de San Pablo a los Romanos 6, 3-11.

Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.

Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.
Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado.

Porque el que está muerto, no debe nada al pecado. Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.


Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio de Hoy Sábado 4 de Abril de 2026.

Evangelio según San Mateo 28, 1-10.

Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.

De pronto se produjo un gran temblor, porque el ángel del Señor bajó del cielo y acercándose al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella. Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve.

Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: “No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho.

Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán’. Eso es todo”.

Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó.

Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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