Evangelio de Hoy Miércoles 4 de Febrero de 2026.


Estás en el lugar indicado para orar y meditar la Palabra de Dios en este miércoles de la IV semana del tiempo ordinario.

Aquí encontrarás el Evangelio según San Marcos (6, 1-6) acompañado de una reflexión pastoral que te ayudará a profundizar su mensaje y llevarlo a la vida.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy.

El rechazo que duele y desconcierta

El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús regresando a su pueblo, al lugar donde todos lo conocen desde siempre. Allí, lejos de ser acogido con alegría, es recibido con desconfianza. Sus palabras sorprenden, pero no abren el corazón de quienes lo escuchan. Se quedan atrapados en lo que creen saber de Él y no logran dar el paso de la fe. Esta escena nos recuerda que el rechazo más doloroso suele venir de los ámbitos más cercanos.

También en nuestra vida sucede algo parecido. A veces no somos comprendidos por quienes nos rodean cuando intentamos vivir de manera coherente, cambiar actitudes o crecer interiormente. El Evangelio nos invita a reconocer que el rechazo no significa necesariamente fracaso. Jesús no deja de ser quien es porque otros no lo acepten. Su identidad y su misión no dependen de la aprobación de los demás.

La fe que abre o cierra caminos

El relato nos muestra con claridad que la falta de fe cierra puertas. No porque Dios no quiera actuar, sino porque el corazón se vuelve incapaz de recibir. Jesús se encuentra con una barrera interior hecha de prejuicios, de costumbre y de orgullo. Donde no hay apertura, la gracia no puede desplegarse plenamente.

Este mensaje nos interpela con fuerza. ¿Cuántas veces creemos que ya lo sabemos todo? ¿Cuántas veces cerramos el corazón porque algo nos resulta familiar o demasiado simple? El Evangelio nos recuerda que la fe no es repetir lo conocido, sino animarse a confiar de nuevo. Cuando dejamos de escuchar con el corazón, perdemos la posibilidad de dejarnos sorprender por Dios.

Un Dios que respeta la libertad

Jesús no se impone ni fuerza a nadie. Frente al rechazo, no reacciona con enojo ni con castigo. Acepta la libertad de quienes no creen y sigue su camino. Este gesto nos revela un rasgo profundo del amor de Dios: respeta nuestras decisiones, incluso cuando nos alejan de Él.

Esto también ilumina nuestra forma de relacionarnos con los demás. Muchas veces queremos convencer, imponer o corregir desde la dureza. El Evangelio nos enseña otro camino: el del respeto, la paciencia y la coherencia. Dios actúa con delicadeza, espera, propone, pero no obliga. La fe verdadera solo puede nacer de un corazón libre.

Perseverar aun cuando no somos comprendidos

Jesús se va de su pueblo y continúa enseñando en otros lugares. No se detiene, no se desanima. Su misión sigue adelante. Este detalle es muy importante para nuestra vida espiritual. No siempre veremos frutos inmediatos, no siempre seremos entendidos o valorados. Sin embargo, eso no debe paralizarnos.

El Evangelio de hoy nos llama a una conversión interior profunda: seguir haciendo el bien, aun cuando no recibamos reconocimiento. Perseverar en la verdad, aun cuando sea incómodo. Confiar en Dios, aun cuando la respuesta no llegue como esperamos. La fidelidad cotidiana, vivida con humildad, tiene un valor enorme a los ojos de Dios.

En este tiempo ordinario, el Señor nos invita a revisar nuestra actitud frente a su Palabra. Preguntarnos si estamos realmente abiertos a dejarnos transformar o si nos hemos acomodado a una fe superficial. Cada día es una nueva oportunidad para creer de verdad, para escuchar con el corazón y para dar un paso más en la confianza.

Al finalizar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y presentar al Señor aquellas situaciones en las que nos sentimos rechazados, incomprendidos o desanimados. Pedirle la gracia de un corazón sencillo, capaz de creer sin exigir pruebas, y la fortaleza para seguir caminando con fidelidad, aun cuando el camino se vuelva difícil. Que nuestra vida, con sus límites y fragilidades, sea siempre un espacio abierto para que Dios pueda obrar.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Miércoles 4 de Febrero.

Segundo Libro de Samuel 24, 2. 9-17.

En aquellos días, el rey David dio a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él, esta orden: “Recorran todas las tribus de Israel, desde la ciudad de Dan hasta la de Bersebá, para hacer el censo de la población, a fin de que pueda yo saber cuánta gente tengo”.

Joab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil hombres aptos para la guerra, y en Judá quinientos mil. Pero a David le remordió la conciencia por haber mandado hacer el censo y dijo al Señor: “He pecado gravemente; pero tú, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque he cometido una gran locura”.

Aquella misma noche el Señor le habló al profeta Gad, consejero de David, y le dijo: “Ve a ver a David y dile que yo, el Señor, le mando decir esto: ‘Te propongo tres castigos. Escoge uno y yo lo realizaré’ ”.

Por la mañana, Gad se presentó ante David y le preguntó: “¿Qué castigo prefieres; tres años de hambre en tu territorio; tres meses de huir, perseguido por tus enemigos; o tres días de peste en tus dominios? Piénsalo y dímelo, para que pueda yo contestarle al Señor, que me ha enviado”.

David le respondió: “Estoy en un gran apuro. Pero prefiero caer en manos de Dios, que es el Señor de la misericordia, que en manos de los hombres”. Y escogió la peste.

Era la época de la cosecha del trigo, cuando el Señor envió la peste sobre Israel, desde aquella misma mañana hasta el tiempo señalado. Desde Dan hasta Bersebá murieron setenta mil hombres. Pero, cuando el ángel del Señor había extendido ya su mano hacia Jerusalén, para desatar ahí la peste, el Señor tuvo compasión y le dijo: “¡Basta ya! Retira tu mano”. En ese momento, el ángel se hallaba cerca de Jerusalén, en los campos de Arauná, el yebuseo.

Entonces el rey David, angustiado por el exterminio, oró así: “Soy yo, Señor, el que ha pecado; soy yo, el pastor, quien ha obrado mal. ¿Qué culpa tienen ellos, que son las ovejas? Castígame, pues, a mí y a los míos”.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 31, 1-2. 5. 6. 7.

Dichoso aquel que ha ido absuelto
de su culpa y su culpa
Dichoso aquel en el que Dios no encuentra 
ni delito ni engaño.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Ante el señor reconocí mi culpa
no oculté mi pecado.
Te confesé, Señor, mi gran delito
y tú me has perdonado.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Por eso, en el momento de la angustia, 
que todo fiel te invoque, 
y no la alcanzarán las grandes aguas, 
aunque éstas se desborden.
Perdona, Señor, nuestros pecados.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Miércoles 4 de Febrero de 2026.

Evangelio según San Marcos 6, 1-6.

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro:

“¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.


Homilía de hoy Miércoles 4 de Febrero.

Homilía: Cuando la cercanía se convierte en obstáculo para la fe.

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús regresando a su tierra y enfrentándose a una experiencia dolorosa: el rechazo de quienes lo conocían desde siempre. Aquellos que habían visto su crecimiento y compartido su vida cotidiana se sienten desconcertados ante su palabra y sus obras. La familiaridad, lejos de abrir el corazón, se convierte en un obstáculo que impide reconocer la acción de Dios.

Esta escena nos invita a reflexionar sobre una tentación frecuente en la vida de fe: creer que ya conocemos a Dios y, por ello, cerrarnos a su novedad. Cuando pensamos que todo está dicho, que nada puede sorprendernos, corremos el riesgo de endurecer el corazón. Dios, sin embargo, sigue hablando y actuando de modos que superan nuestras expectativas. La fe exige una actitud permanente de apertura y de asombro.

Jesús no responde con enojo ni con imposición. Constata con dolor la falta de fe y continúa su camino. Allí donde el corazón se cierra, la gracia encuentra menos espacio para obrar. No porque Dios sea limitado, sino porque respeta profundamente la libertad humana. La incredulidad no detiene el amor de Dios, pero sí limita la posibilidad de acogerlo y dejarse transformar por Él.

Este pasaje nos interpela personalmente. A veces, por costumbre o rutina, podemos escuchar la Palabra sin dejarnos tocar. Otras veces, la cercanía con lo sagrado puede volvernos indiferentes. El Evangelio nos recuerda que la fe no se sostiene en la repetición, sino en una relación viva y renovada con el Señor.

Jesús se asombra ante la falta de fe, no para condenar, sino para revelar cuánto desea encontrarse con corazones abiertos. Él sigue pasando por nuestra vida, hablando, llamando, invitando a confiar. La pregunta es si estamos dispuestos a reconocerlo y a dejarnos sorprender.

Pidamos hoy la gracia de un corazón humilde y disponible, capaz de reconocer a Dios aun en lo cotidiano. Que no dejemos que la costumbre apague la fe, sino que aprendamos a acoger al Señor con una confianza renovada, para que su presencia transforme nuestra vida. Amén.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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