Evangelio de Hoy Viernes 6 de Febrero de 2026.
Memoria de San Pablo Miki y compañeros, mártires.
Estás en el lugar indicado para orar y meditar la Palabra de Dios en este viernes, memoria de San Pablo Miki y compañeros, mártires.
Aquí encontrarás el Evangelio según San Marcos (6, 14-29) acompañado de una reflexión pastoral que te ayudará a profundizar su mensaje y fortalecer el testimonio de fe.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy.
La verdad que incomoda y no se negocia
El Evangelio de hoy nos presenta una escena dura y dolorosa. Juan el Bautista es encarcelado y finalmente asesinado por haber dicho la verdad. No buscó provocar ni imponer, simplemente fue fiel a lo que creía justo. Su palabra incomodó, porque la verdad, cuando se dice con honestidad, suele desnudar conciencias y poner en crisis decisiones equivocadas.
Este mensaje nos interpela profundamente. Vivimos en un mundo donde muchas veces se prefiere callar antes que incomodar, donde la verdad se relativiza para evitar conflictos. El Evangelio nos recuerda que ser fieles a Dios implica, en ocasiones, pagar un precio. No siempre con persecuciones visibles, pero sí con incomprensiones, rechazos o silencios incómodos. Juan nos muestra que la fidelidad no se mide por el éxito, sino por la coherencia.
La fragilidad de un corazón dividido
Herodes escucha a Juan, lo respeta en cierto modo, incluso lo escucha con gusto, pero no se anima a cambiar. Su corazón está dividido entre la verdad que reconoce y las presiones que lo rodean. Finalmente, el miedo al qué dirán y la necesidad de quedar bien ante los demás pesan más que su conciencia.
Esta actitud es muy humana y también muy actual. Cuántas veces sabemos qué es lo correcto, pero no damos el paso por comodidad, por miedo o por no romper equilibrios. El Evangelio nos invita a revisar nuestras propias contradicciones: esas decisiones postergadas, esas verdades que preferimos no enfrentar, esos cambios que sabemos necesarios pero seguimos evitando. La conversión comienza cuando dejamos de negociar con la conciencia y nos animamos a elegir el bien, aun cuando cueste.
La fuerza silenciosa del testimonio
Juan el Bautista no hace milagros espectaculares ni busca protagonismo. Su fuerza está en la coherencia entre su vida y su mensaje. Incluso en el silencio de la cárcel, su testimonio sigue hablando. Su muerte no es una derrota, sino la confirmación de una vida entregada a la verdad.
En la memoria de San Pablo Miki y sus compañeros mártires, este Evangelio cobra un sentido especial. Ellos también fueron fieles hasta el final, anunciando a Cristo con su vida y con su muerte. Su testimonio nos recuerda que la fe auténtica no se apoya en la fuerza, sino en la convicción profunda de que Dios vale más que cualquier seguridad humana.
Hoy, la mayoría de nosotros no está llamado al martirio de la sangre, pero sí al martirio cotidiano: ser fieles en lo pequeño, no renunciar a los valores, vivir con honestidad, defender la dignidad propia y ajena. Ese testimonio silencioso tiene una fuerza transformadora que muchas veces no vemos, pero que Dios conoce y valora.
Elegir la fidelidad que da vida
El mensaje central del Evangelio de hoy es una llamada clara a la coherencia y a la valentía interior. Nos invita a preguntarnos desde dónde vivimos nuestra fe: si desde la comodidad o desde la convicción, si desde el miedo o desde la confianza en Dios. Juan y los mártires nos muestran que la fidelidad, aunque duela, siempre conduce a la vida verdadera.
Este pasaje también abre una puerta a la esperanza. La injusticia y la violencia no tienen la última palabra. Dios no abandona a quienes le son fieles. Aun cuando la historia humana parezca cerrarse con derrota, Dios abre caminos de vida nueva que superan toda lógica.
En este viernes del tiempo ordinario, podemos detenernos un momento y mirar nuestro propio camino. Preguntarnos con sinceridad qué verdades estamos llamados a vivir con mayor coherencia y qué miedos necesitamos entregar al Señor. No se trata de buscar conflictos, sino de vivir con un corazón íntegro y libre.
Al finalizar esta reflexión, podemos elevar una oración sencilla y silenciosa, pidiendo la gracia de una fe firme y valiente. Que el testimonio de San Pablo Miki, de sus compañeros y de Juan el Bautista nos anime a vivir con mayor fidelidad, confiando en que Dios sostiene a quienes eligen la verdad y transforma incluso el dolor en semilla de vida y esperanza.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Viernes 6 de Febrero.
Libro de Eclesiástico 47, 2-11.
Como se aparta la grasa para los sacrificios,
así fue escogido David entre los hijos de Israel.
Él jugaba con leones, como si fueran cabritos
y con osos, como si fueran corderos.
Joven aún, mató al gigante
y lavó la deshonra de su pueblo:
hizo girar su honda
y de una pedrada derribó la soberbia de Goliat.
Porque invocó al Dios altísimo,
él le dio fuerza a su brazo
para aniquilar a aquel poderoso guerrero
y restaurar el honor de su pueblo.
Por eso celebraban con canciones
su victoria sobre diez mil enemigos,
y lo bendecían en nombre del Señor.
Ya cuando era rey,
peleó con todos sus enemigos y los derrotó.
Aniquiló a los filisteos
y quebrantó su poder para siempre.
Por todos sus éxitos daba gracias al Dios altísimo
y lo glorificaba.
Amaba con toda el alma a su creador
y le entonaba canciones de alabanza.
Instituyó salmistas para el servicio del altar,
que con sus voces hicieron armoniosos los cantos.
Celebró con esplendor las fiestas
y organizó el ciclo de las solemnidades.
El santuario resonaba desde el alba
con alabanzas al nombre del Señor.
El Señor le perdonó sus pecados
y consolidó su poder para siempre.
Le prometió una dinastía perpetua
y le dio un trono glorioso en Israel.
Por sus méritos le sucedió
un hijo sabio, que vivió en paz:
Salomón fue rey en tiempos tranquilos,
porque Dios pacificó sus fronteras;
le construyó un templo al Señor
y le dedicó un santuario eterno.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 17, 31. 47 y 50. 51.
Perfecto es el camino de Dios,
y firmes sus promesas.
Quien al Señor se acoge
en él halla defensa.
Bendito sea Dios, mi salvador.
Bendito seas, Señor, que me proteges;
que tú, mi salvador seas bendecido.
Te alabaré, Señor, ante los pueblos
y elevaré mi voz, agradecido.
Bendito sea Dios, mi salvador.
Tú concediste al rey grandes victorias
y con David, tu ungido, y con tu estirpe
siempre has mostrado, Señor, misericordia.
Bendito sea Dios, mi salvador.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor
con un corazón bueno y sincero,
y perseveran hasta dar fruto.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Jueves Viernes 6 de Febrero de 2026.
Evangelio según San Marcos 6, 14-29.
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús.
Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos. Pero Herodes insistía: “Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado”. Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: “No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano”. Por eso Herodes lo mandó encarcelar.
Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.
La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: “Pídeme lo que quieras y yo te lo daré”. Y le juró varias veces: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”.
Ella fue a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?” Su madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.
Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
