Evangelio de Hoy Sábado 7 de Marzo de 2026.
Sábado de la II semana de Cuaresma.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Sábado de la II semana de Cuaresma encontrará el Evangelio según San Lucas 15, 1-3. 11-32 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy.
Un Padre que no se cansa de esperar
El Evangelio de hoy nos regala una de las imágenes más conmovedoras del corazón de Dios. Jesús cuenta la historia de un hijo que decide alejarse, romper vínculos y buscar una vida lejos de su padre. No es solo un relato antiguo; es el reflejo de muchas historias humanas. Todos, en algún momento, hemos querido vivir a nuestra manera, sin límites ni orientación, pensando que la verdadera libertad consiste en no depender de nadie.
Sin embargo, el centro del relato no está en el error del hijo, sino en la actitud del Padre. Un Padre que no deja de amar, que no se encierra en el resentimiento y que, aun herido, sigue esperando. Esta imagen nos revela el corazón de Dios: paciente, fiel, dispuesto a abrazar cuando ve el primer paso de regreso.
La experiencia del vacío que despierta
El hijo menor, después de sus decisiones equivocadas, experimenta el vacío. Aquello que prometía plenitud termina dejando soledad y hambre. Esta parte del relato no busca humillar, sino mostrar una verdad profunda: cuando nos alejamos del amor verdadero, el corazón se empobrece.
En la vida cotidiana, también podemos experimentar ese vacío. No siempre se trata de grandes rupturas; a veces es un distanciamiento progresivo, una tibieza, una fe vivida por costumbre. La Cuaresma es un tiempo para reconocer esos vacíos y no tener miedo de mirarlos de frente. El Evangelio nos enseña que tocar fondo puede convertirse en el comienzo de un regreso. La conversión empieza cuando reconocemos que necesitamos volver.
El abrazo que restaura la dignidad
Uno de los momentos más hermosos del relato es el encuentro. El padre no espera explicaciones largas ni exige condiciones. Sale al encuentro, abraza y devuelve la dignidad perdida. No trata al hijo como un empleado, sino como lo que siempre fue: hijo.
Esta escena es clave para nuestra esperanza. Muchas veces imaginamos a Dios como alguien severo, distante, dispuesto a recordarnos nuestros errores. El Evangelio desarma esa imagen. Dios no niega la falta, pero la supera con misericordia. El perdón no borra la historia, pero la transforma y la llena de sentido nuevo.
También aparece el hijo mayor, que permanece en casa pero con el corazón endurecido. Su dificultad no es la desobediencia, sino la incapacidad de alegrarse por la misericordia. Este detalle nos invita a revisar nuestra propia actitud. ¿Nos cuesta aceptar que Dios sea tan bueno con los demás? ¿Guardamos resentimientos o comparaciones que nos impiden celebrar el bien?
Una invitación a volver y a alegrarse
El mensaje central de este Evangelio es profundamente esperanzador. Siempre es posible volver. No importa cuán lejos creamos estar; el Padre sigue mirando el camino, esperando el primer gesto de retorno. La Cuaresma es el tiempo propicio para ese paso. No se trata de sentirnos indignos, sino de confiar en la misericordia que nos precede.
Al mismo tiempo, somos invitados a parecernos a ese Padre. A abrir la puerta, a no cerrar el corazón, a celebrar cada regreso, propio o ajeno. La fe no es un sistema de méritos, sino una relación sostenida por el amor.
Hoy podemos preguntarnos con sinceridad: ¿en qué aspecto de mi vida necesito volver? ¿Hay algo que me mantiene lejos, aunque esté aparentemente cerca? Tal vez el Señor nos está esperando con un abrazo que restaura y renueva.
Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y presentarnos ante Dios tal como somos, sin máscaras ni justificaciones. Pedirle la gracia de levantarnos y volver, confiando en que su misericordia es más grande que nuestros errores. Que este sábado de Cuaresma nos encuentre dando un paso hacia casa, hacia el corazón del Padre que nunca deja de amar.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Sábado 7 de Marzo.
Libro de Miqueas 7, 14-15. 18-20.
Señor, Dios nuestro, pastorea a tu pueblo con tu cayado,
al rebaño de tu heredad,
que vive solitario entre malezas
y matorrales silvestres.
Pastarán en Basán y en Galaad,
como en los días de antaño,
como cuando salimos de Egipto
y nos mostrabas tus prodigios.
¿Qué Dios hay como tú, que quitas la iniquidad
y pasas por alto la rebeldía de los sobrevivientes de Israel?
No mantendrás por siempre tu cólera,
pues te complaces en ser misericordioso.
Volverás a compadecerte de nosotros,
aplastarás con tus pies nuestras iniquidades,
arrojarás a lo hondo del mar nuestros delitos.
Serás fiel con Jacob y compasivo con Abraham,
como juraste a nuestros padres en tiempos remotos,
Señor, Dios nuestro.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12.
Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga su santo nombre.
Bendice al Señor, alma mía,
y no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor perdona tus pecados
y cura tus enfermedades.
Rescata tu vida del sepulcro
y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor no estará siempre enojado,
ni durará para siempre su rencor.
No nos trata como merecen nuestras culpas,
ni nos paga según nuestros pecados.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Como desde la tierra hasta el cielo,
así es de grande su misericordia;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Me levantaré, volveré a mi padre y le diré:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.”
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio de Hoy Sábado 7 de Marzo de 2026.
Evangelio según Lucas 15, 1-3. 11-32.
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”.
Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a padecer necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.
Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.
Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.
Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.
El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.
Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.
El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’ “.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
