Evangelio de Hoy Domingo 8 de Febrero de 2026.
V Domingo Ordinario.
Estás en el lugar indicado para orar y meditar la Palabra de Dios en este V Domingo del tiempo ordinario.
Aquí encontrarás el Evangelio según San Mateo (5, 13-16) acompañado de una reflexión pastoral que te ayudará a iluminar la vida con la fe.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy.
Una identidad que no se improvisa
El Evangelio de este domingo nos recuerda algo fundamental: antes de hacer cosas, somos llamados a ser. Jesús dice a sus discípulos que son sal y luz. No les pide que lo intenten ni que se esfuercen por parecerlo, sino que los reconoce como tales. Esa identidad nace del encuentro con Él y se expresa en la manera de vivir.
Esto tiene una gran fuerza para nuestra vida diaria. Muchas veces buscamos sentido en lo que hacemos, en el reconocimiento o en los resultados visibles. Sin embargo, el Evangelio nos invita a volver a lo esencial: quiénes somos a los ojos de Dios. Cuando olvidamos esa identidad, la fe se vuelve superficial y pierde sabor. Cuando la recuperamos, incluso lo pequeño adquiere sentido y profundidad.
La sal que da sentido a lo cotidiano
La sal no se ve, pero se nota. Su función es sencilla: dar sabor y preservar. Jesús utiliza esta imagen para hablarnos de una fe que no necesita imponerse, pero que transforma desde dentro. Cuando la sal pierde su sabor, deja de cumplir su propósito. De la misma manera, una fe vivida sin coherencia se vuelve irrelevante.
En la vida cotidiana, ser sal significa vivir con autenticidad, con valores claros, con una actitud que haga la diferencia. No se trata de ser perfectos ni de dar lecciones, sino de vivir de tal manera que nuestra presencia aporte algo bueno a los demás. En la familia, en el trabajo, en la comunidad, todos podemos ser sal cuando actuamos con honestidad, respeto y amor. Allí donde parece haber indiferencia o desgaste, una fe vivida con sencillez puede devolver sabor a la vida.
La luz que no busca protagonismo
Jesús también nos llama luz del mundo. La luz no habla, no discute, no se impone; simplemente ilumina. Su función es permitir ver, orientar, dar claridad. Esta imagen nos invita a revisar cómo vivimos nuestra fe: si como un motivo de orgullo o como un servicio silencioso que ayuda a otros a caminar.
Ser luz no significa llamar la atención sobre nosotros, sino dejar que nuestras acciones hablen. Una palabra justa, un gesto de perdón, una actitud de esperanza pueden iluminar mucho más que discursos largos. El Evangelio nos recuerda que la luz no se esconde por miedo ni se apaga por comodidad. Cuando vivimos desde el bien, incluso en medio de dificultades, nuestra vida se vuelve un signo que orienta y anima.
Una fe visible que conduce a la esperanza
Jesús invita a que la luz brille para que otros puedan ver el bien y encontrar un camino. No se trata de buscar aprobación, sino de vivir de tal manera que nuestra vida remita a algo más grande. La fe auténtica no encierra, abre; no oscurece, ilumina; no divide, convoca.
Este mensaje es una llamada clara a la conversión interior. Nos invita a preguntarnos si nuestra fe se ha vuelto rutinaria o si sigue siendo una fuerza viva que transforma. Tal vez el Señor nos está pidiendo recuperar el sabor perdido, encender una luz apagada, animarnos a vivir con mayor coherencia y esperanza. No para destacarnos, sino para servir mejor.
En el V Domingo del tiempo ordinario, el Evangelio nos recuerda que todos tenemos un lugar y una misión. No importa cuán pequeña parezca nuestra acción; cuando nace del amor, tiene un impacto real. Dios no nos pide grandes gestos, sino fidelidad en lo cotidiano.
Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y preguntarnos dónde estamos llamados a ser sal y luz hoy. Tal vez en una relación que necesita reconciliación, en un ambiente cargado de tensión, o en una persona que espera una palabra de aliento. Ofrecerle al Señor nuestra disponibilidad y pedirle la gracia de vivir una fe sencilla y luminosa, capaz de dar sabor y esperanza allí donde la vida nos pone cada día.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Domingo 8 de Febrero.
Libro de Isaías 58, 7-10.
Esto dice el Señor:
“Comparte tu pan con el hambriento,
abre tu casa al pobre sin techo,
viste al desnudo
y no des la espalda a tu propio hermano.
Entonces surgirá tu luz como la aurora
y cicatrizarán de prisa tus heridas;
te abrirá camino la justicia
y la gloria del Señor cerrará tu marcha.
Entonces clamarás al Señor y él te responderá;
lo llamarás y él te dirá: ‘Aquí estoy’.
Cuando renuncies a oprimir a los demás
y destierres de ti el gesto amenazador
y la palabra ofensiva;
cuando compartas tu pan con el hambriento
y sacies la necesidad humillado,
brillará tu luz en las tinieblas
y tu oscuridad será como el mediodía”.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 111, 4-5. 6-7. 8a y 9.
Quien es justo, clemente y compasivo.
como una luz en las tinieblas brilla.
Quienes, compadecidos, prestan
y llevan su negocio honradamente
jamás se desvairán.
El justo brilla como una luz en las tinieblas.
El justo no vacilará;
vivirá su recuerdo para siempre.
No temerá malas noticias,
porque en el Señor vive confiadamente.
El justo brilla como una luz en las tinieblas.
Firme está y sin temor s corazón.
Al pobre da limosna,
obra siempre conforme a la justicia;
su frente se alzará llena de gloria.
El justo brilla como una luz en las tinieblas.
Segunda Lectura de Hoy Domingo 8 de Febrero.
Primera Carta de San Pablo a los Corintios 2, 1-5.
Hermanos: Cuando llegué a la ciudad de ustedes para anunciarles el Evangelio, no busqué hacerlo mediante la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles sino de Jesucristo, más aún, de Jesucristo crucificado.
Me presenté ante ustedes débil y temblando de miedo. Cuando les hablé y les prediqué el Evangelio, no quise convencerlos con palabras de hombre sabio; al contrario, los convencí por medio del Espíritu y del poder de Dios, a fin de que la fe de ustedes dependiera del poder de Dios y no de la sabiduría de los hombres.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Domingo 8 de Febrero de 2026.
Evangelio según San Mateo 5, 13-16.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
