Santo del día: Santa Catalina Labouré.
Hoy recordamos a Santa Catalina Labouré, la humilde religiosa a quien la Virgen María confió el mensaje de la Medalla Milagrosa. Su vida fue un ejemplo de obediencia, silencio y profunda fe. A través de ella, el mundo conoció una de las más bellas manifestaciones del amor maternal de María.
En este día, la Iglesia nos invita a imitar su humildad y su confianza absoluta en la Virgen, reconociendo que Dios obra grandes maravillas en los corazones sencillos.

Biografía y legado.
Catalina Labouré nació en 1806 en una familia campesina de Borgoña, Francia. Desde pequeña mostró una profunda devoción a la Virgen María y un deseo ardiente de servir a Dios. A los 24 años ingresó en la Congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en París. Allí, durante su vida religiosa, vivió tres apariciones de la Virgen María en la capilla de la Rue du Bac, en 1830.
En esas apariciones, la Virgen le pidió que se acuñara una medalla con su imagen, prometiendo abundantes gracias a quienes la llevaran con fe. Catalina guardó silencio sobre estas revelaciones, obedeciendo a sus superiores, y sólo años después se supo que ella había sido la vidente.
Pasó el resto de su vida sirviendo a los pobres y ancianos con amor, humildad y discreción. Murió en 1876 y fue canonizada en 1947. Su cuerpo permanece incorrupto, testimonio de su santidad y de su unión con Dios.
Virtudes y enseñanzas.
Humildad profunda y amor al silencio.
Fe inquebrantable en la Virgen María.
Servicio abnegado a los pobres y enfermos.
Obediencia total a la voluntad de Dios.
Oración al Santo de Hoy.
Santa Catalina Labouré es modelo de humildad y confianza. A través de su fidelidad, la Virgen nos regaló la Medalla Milagrosa, signo de amor y protección. Te invitamos a rezar con devoción para pedir su intercesión y renovar tu fe en la presencia maternal de María. Escucha la oración completa en nuestro canal de YouTube.
Oración a la Santa Catalina Labouré.

Reflexión final.
La vida de Santa Catalina Labouré nos enseña que las obras más grandes de Dios nacen en el silencio del corazón. Sin buscar reconocimiento, ella fue instrumento de una gracia inmensa que aún hoy transforma vidas. En un mundo que valora el ruido y la apariencia, su ejemplo nos invita a redescubrir la fuerza de la humildad y la oración.
Pidamos a Santa Catalina que nos conceda un corazón sencillo y confiado, dispuesto a escuchar la voz de Dios y a servir con amor. Que su ejemplo nos ayude a reconocer que la verdadera grandeza se encuentra en la obediencia y en la entrega silenciosa al prójimo.
