Evangelio De Hoy 7 de Abril


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Martes de la octava de Pascua
encontrará el Evangelio según San Juan Juan 20, 11-18 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy Martes 7 de Abril.

El dolor que busca sentido

El Evangelio de hoy nos presenta a María Magdalena junto al sepulcro, llorando. Su dolor es profundo, marcado por la pérdida y la ausencia. No entiende lo que ha sucedido, y su corazón está lleno de tristeza. Permanece allí, buscando, sin querer alejarse.

Esta escena refleja momentos de nuestra propia vida. Hay situaciones en las que el dolor parece ocupar todo el espacio, donde las respuestas no aparecen y el corazón se siente desorientado. Sin embargo, María no se va. Permanece, incluso en medio de la confusión. Ese permanecer ya es un gesto de amor y de fidelidad.

La Pascua nos enseña que incluso en esos momentos de oscuridad, algo nuevo puede comenzar a gestarse.

La presencia que no reconocemos

Jesús está allí, pero María no lo reconoce. Lo tiene delante, le habla, pero ella no logra identificarlo. Su dolor le impide ver con claridad. Este detalle es muy humano: cuando estamos atravesados por la tristeza o la preocupación, nos cuesta reconocer la presencia de Dios.

También a nosotros nos sucede. Dios está cerca, actúa en nuestra vida, pero no siempre lo percibimos. A veces esperamos que se manifieste de una manera determinada, y cuando no ocurre así, pensamos que no está.

El Evangelio nos invita a abrir el corazón, a aprender a reconocer a Dios incluso en lo sencillo, en lo cotidiano, en lo inesperado.

Una llamada que despierta el corazón

El momento decisivo llega cuando Jesús la llama por su nombre. Esa palabra personal rompe la confusión y abre los ojos del corazón. María reconoce a Jesús no por una explicación, sino por una relación viva, por una voz que conoce.

Este detalle es profundamente significativo. La fe no es solo comprensión, es encuentro. Dios no nos habla de manera general; nos llama personalmente. Nos conoce, nos busca, se acerca a nuestra vida concreta.

En nuestra vida cotidiana, también podemos experimentar esa llamada. Puede ser en la oración, en un momento de silencio, en una palabra que nos toca profundamente. Cuando nos sentimos llamados, algo cambia dentro de nosotros.

Pasar del dolor a la misión

Después del encuentro, María ya no permanece en el lugar del dolor. Recibe una misión: anunciar lo que ha visto. La tristeza se transforma en alegría, y la búsqueda se convierte en testimonio.

El mensaje central de este Evangelio es una invitación a dejar que el encuentro con Cristo transforme nuestra vida. No estamos llamados a quedarnos en la tristeza o en la confusión, sino a caminar hacia una vida nueva.

En este martes de la octava de Pascua, podemos preguntarnos con sinceridad: ¿reconozco la presencia de Dios en mi vida? ¿Escucho su llamado o estoy demasiado centrado en mis preocupaciones?

Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y pedirle al Señor que nos llame por nuestro nombre. Que nos ayude a reconocer su voz y a descubrir su presencia. Que la alegría del encuentro con Cristo transforme nuestras tristezas y nos impulse a vivir con esperanza, compartiendo con otros la vida nueva que hemos recibido.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Martes 7 de Abril.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 36-41.

El día de Pentecostés, dijo Pedro a los judíos: “Sepa todo Israel, con absoluta certeza, que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús, a quien ustedes han crucificado”.

Estas palabras les llegaron al corazón y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: “¿Qué tenemos que hacer, hermanos?” Pedro les contestó: “Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados y recibirán el Espíritu Santo. Porque las promesas de Dios valen para ustedes y para sus hijos y también para todos los paganos que el Señor, Dios nuestro, quiera llamar, aunque estén lejos”.

Con éstas y otras muchas razones los instaba y exhortaba, diciéndoles: “Pónganse a salvo de este mundo corrompido”. Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unas tres mil personas.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22.

Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades.
En el Señor está nuestra esperanza. Aleluya.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida.
En el Señor está nuestra esperanza. Aleluya.

En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
puesto que en ti, Señor, hemos confiado.
En el Señor está nuestra esperanza. Aleluya.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Éste es el día del triunfo del Señor,
día de júbilo y de gozo.
Aleluya..


Evangelio de Hoy Martes 7 de Abril de 2026.

Evangelio según San Juan 20, 11-18.

El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: “¿Por qué estás llorando, mujer?” Ella les contestó: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto”.

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: “Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?” Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: “Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto”. Jesús le dijo: “¡María!” Ella se volvió y exclamó: “¡Rabuní!”, que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: “Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios’ “.

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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