Evangelio De Hoy 9 de Abril

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Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, día de la Jueves de la octava de Pascua encontrará el Evangelio según San Lucas 24, 35-48  acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.



Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 9 de Abril.

La presencia que trae la paz

El Evangelio de hoy nos presenta a los discípulos reunidos, aún marcados por el miedo y la incertidumbre. Han escuchado noticias sorprendentes, pero no logran comprender del todo lo que está ocurriendo. En medio de ese clima, Jesús se hace presente y su primera palabra es un saludo de paz.

Este gesto es profundamente significativo. Jesús no llega con reproches ni con exigencias, sino con una paz que calma el corazón. Esa paz no es ausencia de problemas, sino una presencia que sostiene. En nuestra vida, también atravesamos momentos de inquietud, de dudas o de inseguridad. El Evangelio nos recuerda que Dios se acerca justamente allí, para ofrecernos su paz.

Del temor a la confianza

A pesar de su presencia, los discípulos reaccionan con miedo. Les cuesta creer, dudan, no saben cómo interpretar lo que ven. Jesús no los rechaza por esa reacción, sino que los acompaña con paciencia, ayudándolos a comprender.

Este detalle es muy cercano a nuestra experiencia. La fe no siempre es inmediata ni perfecta. A veces convivimos con dudas, con preguntas, con inseguridades. Sin embargo, Dios no se aleja por eso. Nos acompaña, nos da tiempo, nos ayuda a crecer.

La Pascua es un tiempo para pasar del temor a la confianza. No porque tengamos todo resuelto, sino porque sabemos que no estamos solos.

Abrir el corazón para comprender

Jesús realiza un gesto muy importante: abre la mente de los discípulos para que puedan comprender. No se trata solo de ver, sino de entender con el corazón. La fe no es solo una experiencia externa, sino una comprensión interior que transforma la vida.

En nuestra vida cotidiana, también necesitamos esa apertura. A veces vemos, escuchamos, participamos, pero no terminamos de comprender el sentido profundo de lo que Dios está haciendo. El Evangelio nos invita a pedir esa gracia: que nuestro corazón se abra, que podamos ver con una mirada nueva.

Cuando el corazón se abre, la realidad se ilumina de una manera distinta.

Ser testigos de la vida nueva

Jesús no se queda solo en el encuentro; envía a sus discípulos. Los invita a ser testigos de lo que han vivido. La experiencia de la resurrección no es algo que se guarda, sino que se comparte.

El mensaje central de este Evangelio es una invitación a vivir como testigos. No desde la perfección, sino desde la experiencia. Los discípulos no entendían todo, pero habían encontrado a Jesús, y eso transformaba su vida.

En este jueves de la octava de Pascua, podemos preguntarnos con sinceridad: ¿estoy viviendo la fe como una experiencia que transforma mi vida? ¿Soy testigo de la paz y la esperanza que Dios me ofrece?

Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y abrir el corazón a la presencia de Cristo. Pedirle la gracia de recibir su paz y de confiar más allá de nuestras dudas. Que la alegría de la Pascua nos impulse a compartir lo que hemos vivido, llevando esperanza a quienes nos rodean y caminando con la certeza de que Dios está vivo y presente en nuestra vida.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Jueves 9 de Abril.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 3, 11-26.

Como el paralítico curado por Pedro y Juan no se les despegaba, todo el pueblo, asombrado, corrió hacia ellos al pórtico de Salomón. Al ver a la muchedumbre, Pedro les dirigió la palabra:

“Israelitas: ¿Por qué les causa admiración esto y por qué nos miran de ese modo, como si por nuestro poder o nuestra virtud hubiéramos hecho andar a este hombre? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron a Pilato, y a quien rechazaron en su presencia, cuando él ya había decidido ponerlo en libertad.

Rechazaron al santo, al justo, y pidieron el indulto de un asesino; han dado muerte al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y de ello nosotros somos testigos. El nombre de Jesús y la fe en él es lo que ha robustecido los miembros de este hombre al que están viendo y todos conocen. Esta fe es la que le ha restituido completamente la salud, como pueden observar.

Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes han obrado por ignorancia, de la misma manera que sus jefes; pero Dios cumplió así lo que había predicho por boca de los profetas: que su Mesías tenía que padecer.

Por lo tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que se les perdonen sus pecados y el Señor les mande el tiempo de la consolación y les envíe de nuevo a Jesús, el Mesías que les estaba destinado; aunque él tiene que quedarse en el cielo hasta la restauración universal, de la que habló Dios por boca de su profeta desde muy antiguo.

En efecto, Moisés dijo: El Señor Dios hará surgir de entre sus hermanos un profeta como yo. Escuchen todo cuanto les diga; quien no escuche al profeta, será expulsado del pueblo. Todos los profetas, a partir de Samuel, anunciaron igualmente estos días.

Ustedes son herederos de los profetas y beneficiarios de la alianza que Dios hizo con sus padres, cuando le dijo a Abraham: Tu descendencia será fuente de bendición para toda la humanidad. Para ustedes, en primer lugar, ha resucitado Dios a su siervo y lo ha enviado para bendecirlos y ayudarlos a que cada uno se aparte de sus iniquidades”.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 8, 2a y 5. 6-7. 8-9.

¡Qué admirable es, Señor y Dios nuestro,
tu poder en toda la tierra!
¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes.
Ese pobre ser humano, para que de él te preocupes?
¡Qué admirable, Señor, es tu poder! Aleluya.

Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
y todo lo sometiste bajo sus pies.
¡Qué admirable, Señor, es tu poder! Aleluya.

Pusiste a su servicio los rebaños y las manadas,
todos los animales salvajes,
las aves del cielo y los peces del mar,
que recorren los caminos de las aguas.
¡Qué admirable, Señor, es tu poder! Aleluya.


Aclamación antes del Evangelio

 Aleluya, aleluya.
Éste es el día del triunfo del Señor,
día de júbilo y de gozo.
Aleluya.



Evangelio de Hoy Jueves 9 de Abril de 2026.

Evangelio según San Lucas 24, 35-48.

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: “No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona.

Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.

Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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