Evangelio De Hoy 28 de Mayo

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Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, día de la Jueves de la VIII semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Marcos 10, 46-52 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.



Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 28 de Mayo de 2026.

Un grito que nace de la necesidad y de la fe

A la salida de Jericó, en medio del movimiento de la gente, aparece la figura de Bartimeo, un hombre sentado al borde del camino. No está caminando con los demás; está detenido. No ve, no puede avanzar por sí mismo, y depende de la compasión ajena. Sin embargo, cuando oye que Jesús pasa, no se resigna. Grita. Y ese grito cambia todo.

Hay algo muy profundo en esta escena. Bartimeo no tiene discursos elaborados ni méritos para mostrar. Tiene necesidad, tiene dolor, y tiene una esperanza obstinada. Por eso clama con fuerza. También nosotros conocemos esos momentos en los que solo queda gritar por dentro: cuando una preocupación nos supera, cuando sentimos que la vida se nos vuelve oscura, cuando no encontramos salida. El Evangelio de hoy recuerda que la fe, muchas veces, empieza así: no en la calma de quien lo tiene todo claro, sino en el clamor sincero de quien sabe que necesita ser salvado.

No callar cuando el corazón necesita a Dios

Lo primero que hace la gente es intentar silenciarlo. Le piden que se calle, que no moleste, que no interrumpa. Pero Bartimeo grita más fuerte. No deja que otros decidan por él el momento de acercarse a Jesús. Ese detalle es muy actual. Hay voces que también hoy intentan apagar lo mejor que nace dentro de nosotros: la esperanza, la búsqueda de Dios, el deseo de cambiar, la necesidad de pedir ayuda.

A veces esas voces vienen de afuera: personas que ridiculizan la fe, ambientes donde todo se vive con superficialidad, situaciones que empujan al desánimo. Otras veces vienen de adentro: pensamientos que nos dicen que ya es tarde, que no vale la pena, que no vamos a cambiar. Bartimeo enseña algo decisivo: cuando el corazón necesita a Dios, no hay que callarlo. Hay que insistir. Hay que volver a llamar. Hay que seguir buscando, incluso cuando alrededor parezca no haber lugar para esa esperanza.

Dejar el manto y ponerse de pie

Cuando Jesús lo llama, ocurre uno de los gestos más hermosos del relato: Bartimeo suelta el manto, da un salto y va hacia Él. No se queda aferrado a lo que tenía. Ese manto probablemente era su abrigo, su seguridad, lo poco que poseía. Y, sin embargo, lo deja atrás para acercarse a quien puede darle una vida nueva.

También nosotros tenemos “mantos” que a veces nos cuestan soltar. Pueden ser hábitos, excusas, heridas viejas, maneras de pensar que nos mantienen al borde del camino. A veces nos acostumbramos tanto a ciertas oscuridades que terminamos creyendo que son parte inevitable de nuestra vida. Pero cuando Jesús llama, no basta con escucharlo: hace falta levantarse. Hace falta dejar algo atrás. La conversión muchas veces empieza allí, en ese pequeño acto de valentía que rompe la costumbre y nos pone nuevamente en movimiento.

Recuperar la vista y volver al camino

Jesús no da por supuesto nada. Le pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Esa pregunta dignifica a Bartimeo. Lo toma en serio. Lo invita a expresar su deseo más hondo. Y él responde con una simplicidad conmovedora: quiere ver. No pide privilegios, no busca ventajas; pide luz.

Cuántas veces nosotros también necesitamos decirle eso al Señor. Ver mejor. Ver con más verdad. Ver qué decisión tomar. Ver qué hay en nuestro corazón. Ver dónde está Él actuando. Porque no toda ceguera es física. A veces vemos muchas cosas y, sin embargo, no entendemos lo esencial.

Al recuperar la vista, Bartimeo no vuelve simplemente a su antigua vida: se pone a seguir a Jesús por el camino. Ese es el verdadero milagro. No solo ve; cambia de dirección. Ya no queda sentado al borde. Entra en el camino del discipulado.

Hoy la Palabra deja una pregunta viva: ¿qué parte de tu vida necesita luz? Tal vez no haga falta una gran respuesta. Tal vez alcance con pedir, como Bartimeo, con humildad y confianza: “Señor, que pueda ver”. Y desde ahí, animarse a dar el paso que devuelva al corazón el gusto de seguir caminando.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Jueves 28 de Mayo.

Primera Carta de San Pedro 2, 2-5. 9-12.

Hermanos: Como niños recién nacidos, deseen una leche pura y espiritual, para que crezcan hasta alcanzar la salvación, ya que han probado lo bueno que es el Señor.

Acérquense, pues, al Señor Jesús, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y preciosa a los ojos de Dios; porque ustedes también son piedras vivas, que van entrando en la edificación del templo espiritual, para formar un sacerdocio santo, destinado a ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios, por medio de Jesucristo.

Ustedes son estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes, los que antes no eran pueblo, ahora son pueblo de Dios; ustedes, los que antes no habían alcanzado misericordia, ahora han alcanzado misericordia.

Queridos hermanos, como a extranjeros que viven fuera de su patria, les recomiendo que se alejen de las pasiones bajas, que hacen la guerra al espíritu. Vivan entre los paganos de modo ejemplar; pues si los llegan a acusar de malhechores, las buenas acciones de que son testigos los harán a ellos glorificar a Dios el día del juicio.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 99, 2. 3. 4. 5.

Alabemos a Dios todos los hombres, 
sirvamos al Señor con alegría, 
y con júbilo entremos en su templo.
El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

Reconozcamos que el Señor es Dios,
que él fue quien nos hizo y somos suyos,
que somos su pueblo y su rebaño.
El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

Entremos por sus puertas dando gracias,
crucemos por sus atrios entre himnos,
alabando al Señor y bendiciéndolo.
El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

Porque el Señor es bueno, bendigámoslo,
porque es eterna su misericordia
y su fidelidad nunca se acaba.
El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.


Aclamación antes del Evangelio

 Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Aleluya.



Evangelio de Hoy Jueves 28 de Mayo de 2026.

Evangelio según San Marcos 10, 46-52.

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”

Jesús se detuvo entonces y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Ánimo! Levántate, porque él te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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