Miércoles de la IX semana del Tiempo ordinario.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Miércoles de la IX semana del Tiempo ordinario, encontrará el Evangelio según San Marcos 12, 18-27 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 3 de Junio de 2026.
Cuando la fe se reduce a lo que podemos controlar
Los saduceos se acercan a Jesús con una pregunta que no nace de una búsqueda sincera, sino del deseo de ridiculizar la fe en la resurrección. Le presentan un caso exagerado, casi irónico, como si la vida eterna pudiera analizarse con la misma lógica con la que se resuelven los asuntos de este mundo. En el fondo, no están preguntando para creer, sino para encerrar a Jesús en una dificultad.
Esa escena también puede reflejar algo nuestro. Hay veces en que queremos entender a Dios solo desde nuestros cálculos, desde lo que podemos medir o imaginar. Y cuando algo supera nuestra lógica, en lugar de abrirnos, tendemos a desconfiar. Nos cuesta aceptar que la vida de Dios es más grande que nuestras categorías. El Evangelio de hoy nos invita a reconocer con humildad que no todo puede entrar en nuestros esquemas. Hay realidades que solo se comprenden de verdad cuando el corazón se deja iluminar por la fe.
La vida nueva no es una copia de esta vida
Jesús corrige el error de sus interlocutores y muestra que están pensando la resurrección de un modo demasiado limitado. Quieren imaginar la vida eterna como una prolongación exacta de la vida presente, con las mismas reglas, vínculos y estructuras. Pero el Señor abre una perspectiva mucho más alta: la vida futura no es una repetición de esta historia, sino una plenitud nueva, transformada por Dios.
Esto es importante para nuestra esperanza. A veces imaginamos el cielo de una manera pobre, casi como una continuación indefinida de lo conocido. Pero la promesa de Dios no consiste en alargar esta vida tal como está, con sus límites, cansancios y fragilidades. Lo que Él prepara es una vida plena, donde todo será transfigurado por su amor.
Pensar así cambia mucho nuestra manera de vivir el presente. La fe en la resurrección no nos aleja de la realidad, pero nos impide absolutizarla. El dolor no tiene la última palabra. La muerte no cierra definitivamente la historia. Lo que hoy parece roto, incompleto o perdido, en Dios puede alcanzar una plenitud que ahora no llegamos a imaginar.
Dios no es Dios de muertos, sino de vivos
El corazón del pasaje está en esa afirmación de Jesús, tan breve como luminosa: Dios es Dios de vivos. Con esa frase, el Señor no solo responde una discusión doctrinal. Toca el centro de nuestra fe. El Dios en quien creemos no se relaciona con nosotros como con recuerdos apagados o destinos cerrados. Él llama a la vida, sostiene la vida y lleva la vida a su plenitud.
Cuántas veces vivimos como si todo dependiera únicamente de lo que vemos. Nos pesa el paso del tiempo, nos entristecen las despedidas, nos asustan las pérdidas. Y es natural que así sea. Pero el Evangelio de hoy nos pide no quedarnos allí. Para Dios, la vida humana no termina en el sepulcro. Quien ama de verdad no deja caer en la nada a aquellos que ha creado.
Esta palabra también puede iluminar nuestras pequeñas “muertes” cotidianas: el desaliento, la rutina vacía, la esperanza que se enfría, la fe que se vuelve costumbre. El Señor sigue siendo Dios de vivos cuando levanta un corazón cansado, cuando vuelve a encender la confianza, cuando rescata del encierro interior a quien casi se había resignado.
Vivir hoy con corazón de resucitados
Creer en la resurrección no es solo esperar algo para el final. Es dejar que esa promesa empiece a transformar el presente. Quien cree que Dios es Dios de vivos no puede vivir encerrado en el pesimismo, ni resignado ante el mal, ni aplastado por lo inmediato. Puede sufrir, claro que sí. Puede atravesar pruebas y oscuridades. Pero ya no vive sin horizonte.
Tal vez hoy la llamada interior sea esa: revisar si nuestra fe está demasiado pegada a la tierra, demasiado encerrada en lo visible. A veces necesitamos que el Señor ensanche nuestra esperanza. Que nos recuerde que la vida vale más de lo que vemos, que el amor no se pierde, y que en sus manos nada verdadero muere para siempre.
Puede ser un buen día para pedirle al Señor una fe más grande, capaz de mirar más allá de lo inmediato y de vivir ya, en medio de este mundo, con el alma apoyada en la promesa de la vida que no termina.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Miércoles 3 de Junio.
Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 1, 1-3. 6-12.
Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, conforme a la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Cuando de noche y de día te recuerdo en mis oraciones, le doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura, como lo aprendí de mis antepasados.
Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos. Porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación. No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor, ni te avergüences de mí, que estoy preso por su causa. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios.
El nos ha salvado y nos ha llamado a llevar una vida santa, no por nuestros méritos, sino por su propia determinación y por la gracia que nos ha sido dada, en Cristo Jesús, desde toda la eternidad. Esta gracia es la que se ha manifestado ahora con el advenimiento de nuestro salvador, Jesucristo, quien ha destruido la muerte e irradiado la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio, del que he sido nombrado predicador, apóstol y maestro.
Por este motivo soporto esta prisión, pero no me da vergüenza, porque sé en quién he puesto mi confianza, y estoy seguro de que él con su poder cuidará, hasta el último día, lo que me ha encomendado.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 122, 1-2a. 2bcd.
En ti, Señor, que habitas en lo alto,
fijos los ojos tengo,
como fijan sus ojos en las manos
de su señor, los siervos.
En ti, Señor, tengo fijos mis ojos.
Así como la esclava en su señora
tiene fijo los ojos
fijos están en el Señor los nuestros
hasta que Dios se apiade de nosotros.
En ti, Señor, tengo fijos mis ojos.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor;
el que cree en mí no morirá para siempre.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Miércoles de 3 de Junio de 2026.
Evangelio según San Marcos 12, 18-27.
En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los muertos no resucitan, y le dijeron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió, para darle descendencia a su hermano.
Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos, murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete”.
Jesús les contestó: “Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo.
Y en cuanto al hecho de que los muertos resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados”.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
