Evangelio de Hoy Miércoles 31 de Diciembre de 2025.
Como todos los días, hoy les traemos a ustedes la palabra del señor. Lecturas, Salmo, Aclamación, el Evangelio de Hoy Miércoles 31 de Diciembre y la homilía diaria.
Al final del artículo encontrarán el comentario al Evangelio del día de hoy para todos aquellos que quieran leer una explicación del evangelio, y las homilías diarias.
Séptimo día dentro de la octava de Navidad.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Miércoles 31 de Diciembre.
Primera Carta de San Juan 2, 18-21
Hijos míos: Ésta es la última hora. Han oído ustedes que iba a venir el anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido ya, por lo cual nos damos cuenta de que es la última hora.
De entre ustedes salieron, pero no eran de los nuestros; pues si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para que se pusiera de manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros.
Por lo que a ustedes toca, han recibido la unción del Espíritu Santo y tienen así el verdadero conocimiento. Les he escrito, no porque ignoren la verdad, sino porque la conocen y porque ninguna mentira viene de la verdad.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 95, 1-2. 11-12. 13.
Cantemos al Señor un nuevo canto,
que le cante al Señor toda la tierra;
cantemos al Señor y bendigámoslo,
proclamemos su amor día tras día.
Alégrense los cielos y la tierra.
Alégrense los cielos y la tierra,
retumbe el mar y el mundo submarino.
Salten de gozo el campo y cuanto encierra,
manifiesten los bosques regocijo.
Alégrense los cielos y la tierra.
Regocíjese todo ante el Señor,
porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas
con las que rija a todas las naciones.
Alégrense los cielos y la tierra.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Aquel que es la Palabra se hizo hombre
y habitó entre nosotros.
A todos los que lo recibieron
les concedió poder llegar a ser hijos de Dios.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Miércoles 31 de Diciembre de 2025.
Evangelio según San Juan 1, 1-18.
En el principio ya existía aquel que es la Palabra,
y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.
Ya en el principio él estaba con Dios.
Todas las cosas vinieron a la existencia por él
y sin él nada empezó de cuanto existe.
Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas
y las tinieblas no la recibieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz, sino testigo de la luz.
Aquel que es la Palabra era la luz verdadera,
que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
En el mundo estaba;
el mundo había sido hecho por él
y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron;
pero a todos los que lo recibieron
les concedió poder llegar a ser hijos de Dios,
a los que creen en su nombre,
los cuales no nacieron de la sangre,
ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre,
sino que nacieron de Dios.
Y aquel que es la Palabra se hizo hombre
y habitó entre nosotros.
Hemos visto su gloria,
gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
“A éste me refería cuando dije:
‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí,
porque ya existía antes que yo’ ”.
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia.
Porque la ley fue dada por medio de Moisés,
mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás.
El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre,
es quien lo ha revelado.
Homilía de hoy Miércoles 31 de Diciembre.
Homilía: La Palabra que ilumina y da vida.
El Evangelio de hoy nos conduce al misterio central de nuestra fe: la Palabra eterna de Dios que entra en la historia humana. Antes de todo comienzo, la Palabra ya existía junto a Dios y era Dios. En ella está el origen de la vida y de todo lo creado. Este anuncio nos recuerda que nuestra existencia no nace del azar, sino de un designio de amor que da sentido y orientación a la vida.
La Palabra es presentada como luz. Una luz verdadera que ilumina a todo ser humano y que no puede ser vencida por la oscuridad. Aunque el mundo experimente confusión, rechazo o indiferencia, la luz de Dios permanece encendida, ofreciendo verdad y esperanza. Sin embargo, el Evangelio también nos muestra una realidad dolorosa: no todos acogen esa luz. El corazón humano puede cerrarse, aun cuando la salvación está cerca.
Pero allí donde la Palabra es recibida, sucede algo extraordinario: nace una vida nueva. A quienes la acogen, Dios les concede la gracia de convertirse en hijos suyos. Esta filiación no depende de méritos humanos ni de fuerzas personales, sino de la acción gratuita de Dios que transforma el corazón. Ser hijos de Dios significa vivir sostenidos por su amor y llamados a reflejarlo en el mundo.
El centro del mensaje se revela cuando se proclama que la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Dios no permanece distante ni ajeno a nuestra realidad. En Jesús, Él asume nuestra condición, camina a nuestro lado y comparte nuestra historia. Su cercanía manifiesta un amor lleno de gracia y de verdad, capaz de sanar y renovar.
Este Evangelio nos invita a abrir el corazón a Cristo, la Palabra viva. Acogerlo es permitir que su luz ilumine nuestras decisiones y que su vida transforme la nuestra.
Pidamos hoy la gracia de recibir al Señor con fe sincera, para que su luz nos guíe y su amor nos conduzca a la plenitud. Amén.
Oraciones Del Padre Ignacio Larrañaga.
Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
