Evangelio De Hoy 4 de Junio

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Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, día de la Jueves de la IX semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Marcos 12, 28-34 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.



Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 4 de Junio de 2026.

Una pregunta que busca el centro

En medio de discusiones y tensiones, aparece alguien que hace una pregunta esencial: cuál es el mandamiento más importante. No pregunta por un detalle menor ni por una norma aislada. Quiere llegar al corazón de la fe, a aquello que sostiene todo lo demás.

Jesús responde sin rodeos: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas. Y enseguida une ese amor al amor al prójimo. No los separa. No los presenta como dos caminos distintos. El amor a Dios y el amor al hermano forman una sola vida cuando la fe es verdadera.

Esta palabra nos ayuda a ordenar lo que a veces se dispersa. Podemos llenarnos de prácticas, compromisos, tareas y preocupaciones, pero si falta el amor, todo pierde profundidad. Lo más importante no siempre es hacer más, sino amar mejor.

Amar a Dios con todo lo que somos

Jesús no habla de amar a Dios “un poco” o solo en algunos momentos. Habla de todo el corazón, toda el alma, toda la mente y todas las fuerzas. Es decir, una vida entera orientada hacia Él. No se trata de un amor reducido a sentimientos religiosos, sino de una entrega que toca las decisiones, los pensamientos, los deseos y las acciones.

Esto nos interpela con mucha fuerza. A veces dejamos a Dios en un rincón de la vida: un momento de oración, una costumbre, una necesidad cuando algo se complica. Pero el Señor no quiere ser un agregado. Quiere ser el centro que ordena todo lo demás.

Amar a Dios con todo lo que somos significa preguntarnos qué lugar ocupa realmente en nuestras decisiones. Si su palabra ilumina lo que elegimos. Si buscamos su voluntad o solo le pedimos que bendiga lo que ya decidimos. Es una llamada serena, pero profunda, a volver a ponerlo en el primer lugar.

El prójimo como prueba concreta del amor

Jesús no permite que el amor a Dios quede encerrado en lo íntimo. Lo une inmediatamente al amor al prójimo. Porque el amor verdadero siempre se vuelve concreto. Se nota en la manera de tratar, de escuchar, de perdonar, de mirar al otro.

Es fácil decir que amamos a Dios; más difícil es amar con paciencia a quien nos cuesta. Es fácil rezar; más exigente es no herir con palabras, no alimentar resentimientos, no pasar de largo ante una necesidad cercana. El prójimo revela la verdad de nuestro corazón.

Y aquí conviene ser muy concretos: el prójimo no es solo alguien lejano o ideal. Es la persona que vive con nosotros, quien trabaja a nuestro lado, quien piensa distinto, quien necesita tiempo, comprensión o misericordia. Amar al prójimo no siempre será cómodo, pero es el lugar donde la fe deja de ser teoría y se convierte en vida.

No estar lejos del Reino

El diálogo termina con una frase muy hermosa de Jesús: aquel hombre no está lejos del Reino de Dios. No porque haya resuelto todo, sino porque ha comprendido lo esencial. Ha entendido que la fe no se mide solo por ritos exteriores, sino por un corazón orientado al amor.

Esa frase también puede ser una esperanza para nosotros. Tal vez no estamos donde quisiéramos estar. Tal vez nuestra fe todavía tiene incoherencias, cansancios y luchas. Pero cada vez que volvemos al amor, nos acercamos al Reino. Cada vez que ponemos a Dios en el centro y tratamos al otro con más misericordia, damos un paso verdadero.

Hoy puede ser un buen día para simplificar el corazón. No preguntarnos tanto qué más podemos hacer, sino cómo podemos amar mejor. Amar más sinceramente a Dios. Amar más concretamente al prójimo. Allí empieza lo esencial.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Jueves 4 de Junio.

Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 2,8-15.

Querido hermano: Recuerda siempre que Jesucristo, descendiente de David, resucitó de entre los muertos, conforme al Evangelio que yo predico. Por este Evangelio sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la Palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo sobrellevo todo por amor a los elegidos, para que ellos también alcancen en Cristo Jesús la salvación, y con ella, la gloria eterna.

Es verdad lo que decimos:
“Si morimos con él, viviremos con él;
si nos mantenemos firmes, reinaremos con él;
si lo negamos, él también nos negará;
si le somos infieles, él permanece fiel,
porque no puede contradecirse a sí mismo”.

Eso es lo que has de enseñar. Adviérteles a todos, delante de Dios, que eviten las discusiones por cuestión de palabras, lo cual no sirve para nada, sino para perdición de los oyentes.

Esfuérzate por presentarte ante Dios como un trabajador intachable, que no tiene de qué avergonzarse y predica fielmente la verdad.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 99, 2. 3. 4. 5.

Descúbrenos, Señor, tus caminos,
guíanos con la verdad de tu doctrina. 
Tú eres nuestro Dios y salvador, 
y tenemos en ti nuestra esperanza. 
Descúbrenos, Señor, tus caminos.

Porque el Señor es recto y bondadoso,
indica a los pecadores el sendero,
guía por la senda recta a los humildes
y descubre a los pobres sus caminos. 
Descúbrenos, Señor, tus caminos.

Con quien guarda su alianza y sus mandatos 
el Señor es leal y bondadoso. 
El Señor se descubre a quien lo teme
y le enseña el sentido de su alianza. 
Descúbrenos, Señor, tus caminos.


Aclamación antes del Evangelio

 Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte
y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
Aleluya.



Evangelio de Hoy Jueves 4 de Junio de 2026.

Evangelio según San Marcos 12, 28-34.

En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos”.

El escriba replicó: “Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.

Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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