Evangelio De Hoy 14 de Junio


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, XI Domingo Ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 9, 36-38. 10, 1-8 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 14 de Junio.

La mirada de Jesús ante una humanidad cansada

Jesús ve a la multitud y se conmueve. No la mira como un grupo anónimo ni como una masa sin rostro. Ve personas concretas, con heridas, búsquedas, cansancios y necesidades. El Evangelio dice que estaban como ovejas sin pastor: desorientadas, vulnerables, necesitadas de guía y cuidado.

Esa imagen sigue siendo muy actual. Hay mucha gente que camina sin rumbo claro, con el corazón agotado, buscando una palabra que sostenga, una presencia que acompañe, una esperanza que no sea superficial. A veces también nosotros nos sentimos así: con responsabilidades que pesan, decisiones difíciles, preocupaciones que se acumulan y una necesidad profunda de ser mirados con compasión.

Lo primero que revela este pasaje es el corazón de Jesús. Antes de enseñar, antes de enviar, antes de organizar una misión, Él se conmueve. La misión cristiana nace de esa mirada compasiva. No nace del juicio, de la superioridad ni del deseo de corregir a todos, sino de un corazón que ve el dolor y no pasa de largo.

La mies es mucha: Dios sigue sembrando esperanza

Jesús dice que la mies es mucha. Esa frase puede leerse como una llamada urgente, pero también como una palabra de esperanza. Hay mucho por hacer, sí, pero también hay mucho que Dios ya está preparando. La mies existe porque antes hubo siembra. Dios trabaja en los corazones, aun cuando no siempre lo veamos.

A veces miramos el mundo solo desde sus problemas: indiferencia, violencia, cansancio espiritual, familias heridas, jóvenes desorientados. Todo eso es real. Pero Jesús nos invita a mirar también la posibilidad de fruto. Hay corazones esperando una palabra. Hay personas abiertas a recibir consuelo. Hay vidas que pueden volver a levantarse si alguien se acerca con amor.

El problema no es la falta de necesidad, sino la falta de obreros. Faltan personas dispuestas a mirar como Jesús, a servir sin buscar protagonismo, a acercarse sin imponer, a anunciar sin dureza. La Iglesia necesita corazones disponibles más que discursos perfectos.

Enviados con autoridad para sanar y anunciar

Jesús llama a sus discípulos y los envía. No los elige porque sean perfectos, sino porque quiere hacerlos colaboradores de su misión. Les da autoridad para liberar, sanar y anunciar que el Reino de Dios está cerca. Esa autoridad no es poder para dominar, sino fuerza para servir.

Esto también nos toca. Cada bautizado, desde su lugar, participa de alguna forma en esa misión. No todos están llamados a predicar públicamente ni a realizar grandes obras visibles, pero todos pueden ser presencia del Reino. Una madre que transmite fe a sus hijos, un docente que educa con paciencia, un trabajador honesto, alguien que visita a un enfermo, quien escucha a una persona angustiada: allí también el Reino se anuncia.

Jesús no envía a sus discípulos a hablar de sí mismos, sino a llevar vida. La misión empieza cuando dejamos de vivir encerrados en nuestras preocupaciones y permitimos que Dios use nuestra vida para aliviar, acompañar y sembrar esperanza.

Gratis recibieron, gratis den

El cierre del pasaje es una de las frases más fuertes: gratis recibieron, gratis den. Todo lo que somos y tenemos delante de Dios es don. La fe, el perdón, la vida, la esperanza, las oportunidades de recomenzar: nada de eso lo compramos. Lo recibimos.

Por eso el discípulo no puede vivir calculando siempre qué gana, qué recibe o quién lo reconoce. El amor de Dios, cuando se recibe de verdad, se vuelve gratuito. Se ofrece sin pasar factura. Se comparte sin esperar aplausos.

Este XI Domingo Ordinario nos deja una invitación concreta: mirar como Jesús y responder con generosidad. Tal vez cerca nuestro haya alguien cansado, desorientado o herido que necesita una palabra, una oración, una ayuda sencilla. No hace falta esperar condiciones perfectas. Basta un corazón disponible.

Pidamos hoy la gracia de no pasar de largo ante la necesidad, de reconocer lo mucho que hemos recibido y de ofrecerlo con humildad. Porque cuando una vida se entrega gratuitamente, se convierte en signo vivo del Reino de Dios.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Domingo 14 de Junio.

Libro del Éxodo 19, 2-6a.

En aquellos días, el pueblo de Israel salió de Refidim, llegó al desierto del Sinaí y acampó frente al monte. Moisés subió al monte para hablar con Dios. El Señor lo llamó desde el monte y le dijo: “Esto dirás a la casa de Jacob, esto anunciarás a los hijos de Israel: ‘Ustedes han visto cómo castigué a los egipcios y de qué manera los he levantado a ustedes sobre alas de águila y los he traído a mí.

Ahora bien, si escuchan mi voz y guardan mi alianza, serán mi especial tesoro entre todos los pueblos, aunque toda la tierra es mía. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada’ ”.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 99, 2. 3. 5.

Alabemos a Dios todos los hombres,
sirvamos al Señor con alegría 
y con júbilo entremos en su templo.  
El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

Reconozcamos que el Señor es Dios,
que él fue quien nos hizo y somos suyos,
que somos su pueblo y su rebaño. 
El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

Porque el Señor es bueno, bendigámoslo,
Porque es eterna su misericordia
y su fidelidad nunca se acaba. 
El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.


Segunda Lectura de Hoy Domingo 14 de Junio.

Carta de San Pablo a los Romanos 5, 6-11.

Hermanos: Cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucho más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo.

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
El Reino de Dios está cerca, dice el Señor;
arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Domingo 14 de Junio de 2026.

Evangelio según San Mateo 9, 36-38. 10, 1-8.

En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos.

Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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