Evangelio De Hoy 14 de Marzo


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Sábado de la III semana de Cuaresma encontrará el Evangelio según San Lucas 18, 9-14 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 14 de Marzo.

Dos maneras de presentarse ante Dios

El Evangelio de hoy nos presenta dos personas que suben al templo a orar. Ambos realizan el mismo gesto exterior, pero sus corazones están en lugares muy distintos. Uno se presenta lleno de seguridad, convencido de su propia rectitud. El otro apenas se atreve a levantar la mirada, consciente de sus errores y de su necesidad de misericordia.

Esta escena nos invita a mirar con sinceridad nuestra propia manera de acercarnos a Dios. La oración no es un espacio para compararnos con los demás ni para justificarnos. Es un encuentro donde el corazón se muestra tal como es. Jesús nos enseña que lo que realmente importa no es la apariencia exterior, sino la verdad interior con la que nos presentamos ante el Señor.

El peligro de la autosuficiencia espiritual

El primero de los personajes aparece seguro de sí mismo. Su oración no está dirigida realmente a Dios, sino que se convierte en una enumeración de méritos. Se compara, se coloca por encima de otros y encuentra en esa comparación una falsa tranquilidad.

Esta actitud puede aparecer también en nuestra vida espiritual. A veces creemos que nuestra fe es correcta porque cumplimos ciertas prácticas o porque nos sentimos más ordenados que otros. Sin darnos cuenta, la oración se transforma en un espacio de autojustificación. El Evangelio nos advierte sobre este peligro: cuando el corazón se llena de orgullo, se cierra a la gracia.

La Cuaresma es un tiempo propicio para revisar estas actitudes. No para desanimarnos, sino para volver a una fe más sencilla y auténtica.

La humildad que abre el corazón

El segundo personaje se acerca con una actitud muy distinta. No tiene discursos largos ni argumentos para defenderse. Reconoce su fragilidad y se presenta ante Dios con una súplica sencilla. En ese gesto hay algo profundamente verdadero: la conciencia de que necesitamos la misericordia de Dios.

La humildad no es despreciarse ni negarse a uno mismo. Es reconocer la verdad de nuestra vida. Cuando el corazón se abre de esa manera, la gracia puede actuar con libertad. Dios no busca personas perfectas, sino corazones sinceros que confían en su misericordia.

En la vida cotidiana, esta actitud se traduce en gestos simples: reconocer un error, pedir perdón, aceptar que necesitamos ayuda. La humildad nos acerca a Dios porque nos permite confiar en Él.

Un camino de conversión lleno de esperanza

Jesús concluye el relato mostrando que quien se reconoce necesitado de Dios sale renovado. La verdadera grandeza no está en sentirse superior, sino en dejarse transformar por la misericordia. Esta enseñanza es profundamente liberadora.

En este sábado de la tercera semana de Cuaresma, el Evangelio nos invita a revisar la actitud con la que vivimos nuestra fe. ¿Nos acercamos a Dios desde la autosuficiencia o desde la confianza humilde? ¿Nos comparamos con los demás o dejamos que Dios mire nuestro corazón?

La conversión cuaresmal pasa por esta transformación interior. No se trata de acumular méritos, sino de abrir el corazón a la gracia.

Al cerrar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y presentarnos ante Dios con sencillez. Sin máscaras ni comparaciones. Pedirle la gracia de un corazón humilde, capaz de reconocer sus límites y de confiar plenamente en su misericordia.

Que este tiempo de Cuaresma nos ayude a descubrir que la verdadera cercanía con Dios nace de la humildad y de la confianza en su amor, que siempre está dispuesto a levantarnos y a regalarnos una vida nueva.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Sábado 14 de Marzo.

Libro de Oseas 6, 1-6.

Esto dice el Señor:
“En su aflicción, mi pueblo me buscará
y se dirán unos a otros: ‘Vengan, volvámonos al Señor;
él nos ha desgarrado y él nos curará;
él nos ha herido y él nos vendará.
En dos días nos devolverá la vida,
y al tercero, nos levantará
y viviremos en su presencia.

Esforcémonos por conocer al Señor;
tan cierta como la aurora es su aparición
y su juicio surge como la luz;
bajará sobre nosotros como lluvia temprana,
como lluvia de primavera que empapa la tierra’.

¿Qué voy a hacer contigo, Efraín?
¿Qué voy a hacer contigo, Judá?
Su amor es nube mañanera,
es rocío matinal que se evapora.
Por eso los he azotado por medio de los profetas
y les he dado muerte con mis palabras.
Porque yo quiero misericordia y no sacrificios,
conocimiento de Dios, más que holocaustos”.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 50, 3-4. 18-19. 20-21ab.

Por tu inmensa compasión y misericordia.
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos,
y purifícame de mis pecados.
Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.

Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios
y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
Un corazón contrito te presento
Y un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.

Señor, por tu bondad, apiádate de Sión,
edifica de nuevo sus murallas.
Te agradarán entonces los sacrificios justos,
ofrendas y holocaustos.
Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.


Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
“No endurezcan su corazón”.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio de Hoy Sábado 14 de Marzo de 2026.

Evangelio según Lucas 18, 9-14.

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:”Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano.

Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias’.El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: ‘Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador’.Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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