Viernes de la XI semana del Tiempo ordinario.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Viernes de la XI semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 6, 19-23 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 19 de Junio de 2026.
El tesoro revela dónde está el corazón
Jesús habla hoy de tesoros. No comienza condenando las cosas materiales, sino preguntando por el lugar que ocupan en el corazón. Porque todos, de alguna manera, guardamos tesoros: aquello que buscamos, cuidamos, defendemos y tememos perder. El problema no está en tener bienes, proyectos o responsabilidades. El problema aparece cuando esas cosas empiezan a ocupar el lugar de Dios.
Los tesoros de la tierra son frágiles. Pueden deteriorarse, perderse, cambiar de valor, desaparecer. Aun así, muchas veces vivimos como si fueran definitivos. Ponemos la seguridad en el dinero, en la imagen, en el éxito, en el control, en lo que otros piensan de nosotros. Y cuando algo de eso tambalea, también tambalea nuestra paz.
Jesús no quiere quitarnos la alegría de vivir. Quiere liberarnos de una esclavitud silenciosa: vivir atados a lo que no puede sostenernos para siempre.
Guardar tesoros en el cielo
Cuando Jesús invita a juntar tesoros en el cielo, no nos está alejando de la vida concreta. Nos está enseñando a vivirla con otra profundidad. Los tesoros del cielo son aquellos bienes que no se corrompen: el amor entregado, la misericordia, la fidelidad, la oración sincera, el perdón, el servicio, la verdad vivida con humildad.
Todo eso no siempre se ve. No siempre recibe aplauso. No siempre produce resultados inmediatos. Pero queda. Tiene peso delante de Dios. Una palabra de consuelo, una ayuda silenciosa, una renuncia hecha por amor, una decisión honesta cuando nadie mira: todo eso va formando un tesoro que no se pierde.
Esta palabra nos ayuda a revisar nuestras prioridades. Tal vez estamos dedicando demasiada energía a cosas que pasan y muy poca a lo que permanece. Tal vez estamos cuidando más la apariencia que el corazón. El Evangelio nos llama a ordenar la vida desde lo eterno, no desde lo urgente.
La lámpara del cuerpo es la mirada
Jesús pasa luego a una imagen muy fuerte: el ojo como lámpara del cuerpo. La manera en que miramos influye en toda nuestra vida. Una mirada limpia ilumina; una mirada oscurecida confunde.
No se trata solo de lo que vemos, sino de cómo lo vemos. Podemos mirar la vida desde la gratitud o desde la queja. Mirar al otro con misericordia o con juicio. Los bienes como dones o como posesiones absolutas. Mirar nuestras dificultades como condena o como lugar donde Dios también puede actuar.
Cuando el corazón está dividido por la codicia, la envidia o la comparación, la mirada se oscurece. Empezamos a ver enemigos donde hay hermanos, amenazas donde hay oportunidades, carencias donde también hay dones. Por eso Jesús nos invita a cuidar la mirada, porque una mirada enferma termina oscureciendo toda la vida interior.
Volver a poner el corazón en Dios
El centro de este Evangelio está en una frase sencilla: donde está tu tesoro, allí está tu corazón. No hace falta responderla rápido. Conviene dejarla trabajar por dentro. ¿Dónde está hoy nuestro corazón? ¿En qué se apoya? ¿Qué teme perder más que nada? ¿Qué ocupa nuestros pensamientos, nuestras fuerzas y nuestros desvelos?
La conversión puede empezar por una decisión concreta: soltar un apego, ordenar un deseo, compartir algo que retenemos, dedicar tiempo a Dios, mirar con más limpieza a una persona que venimos juzgando. No se trata de despreciar la tierra, sino de vivir en ella sin olvidar el cielo.
Pidamos hoy un corazón más libre. Que el Señor nos enseñe a buscar lo que permanece, a mirar con luz y a no entregar la vida a tesoros que se deshacen. Porque cuando Dios vuelve a ser nuestro tesoro, todo lo demás encuentra su verdadero lugar.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Viernes 19 de Junio.
Segundo Libro de los Reyes 11, 1-4. 9-18. 20.
Por aquel entonces, Atalía, madre del rey Ocozías, viendo que había muerto su hijo, decidió exterminar a toda la familia real. Pero Yehosebá, hija del rey Joram y hermana de Ocozías, tomó a su sobrino Joás y lo sacó a escondidas de entre los hijos del rey, cuando los estaban asesinando, para ocultarlo de Atalía. Escondió al niño y a su nodriza, y así el niño pudo escapar de la muerte. Seis años estuvo oculto con ella en el templo del Señor, y entre tanto Atalía reinó en el país.
El año séptimo, el sacerdote Yehoyadá mandó llamar a los oficiales del ejército y a los soldados de éstos, los introdujo en el templo del Señor, les mostró al hijo del rey e hizo con ellos un pacto con juramento, de cuidar al hijo del rey.
Los oficiales cumplieron el pacto que habían hecho con el sacerdote Yehoyadá. Cada cual se puso al frente de sus hombres, que entraban de guardia el sábado o terminaban su guardia el sábado, y se presentaron ante el sacerdote Yehoyadá. Éste les entregó las lanzas y los escudos del rey David, que estaban en el templo del Señor.
Cuando los soldados de la guardia, con las armas en la mano, se pusieron en fila desde el lado sur hasta el lado norte del templo, rodeando el altar, Yehoyadá sacó al hijo del rey, le puso la diadema y las insignias reales y lo ungió. Entonces todos aplaudieron y gritaron: “¡Viva el rey!”
Cuando Atalía escuchó el clamor popular, fue al templo del Señor, donde estaba reunida la gente. Entonces vio al rey, que estaba de pie sobre el estrado, según la costumbre, a los oficiales del ejército y a los heraldos en torno al rey, y a todo el pueblo que daba muestras de gran alegría, mientras sonaban las trompetas. Entonces Atalía rasgó sus vestiduras y gritó: “¡Traición, traición!”
El sacerdote Yehoyadá dio esta orden a los oficiales: “Sáquenla del templo y maten al que la siga”. El sacerdote les había dicho: “No podemos matarla en el templo del Señor”. Así pues, los guardias la llevaron hasta el palacio real y le dieron muerte en la puerta de los caballos.
Entonces el sacerdote Yehoyadá renovó la alianza entre el Señor, el rey y el pueblo, por la cual ellos serían el pueblo del Señor.
Todo el pueblo penetró en el templo de Baal y lo destrozaron; destruyeron completamente el altar y sus estatuas, y a Matán, sacerdote de Baal, le dieron muerte delante del altar.
El sacerdote Yehoyadá puso centinelas en el templo del Señor. Todo el pueblo se llenó de alegría y la ciudad quedó tranquila. Atalía había sido muerta en el palacio real.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 131, 11. 12. 13-14. 17-18.
Dios prometió a David
–y el Señor no revoca sus promesas–:
“Pondré sobre tu trono
A uno de tu propia descendencia.
Dios le dará el trono de su padre David.
Si tus hijos son fieles a mi alianza
y cumplen los mandatos que yo enseñe,
también ocuparán sus hijos,
Tu trono para siempre”.
Dios le dará el trono de su padre David.
Esto es así, porque el Señor
ha elegido a Sión como morada:
“Aquí está mi reposo para siempre;
porque así me agradó, será mi casa.
Dios le dará el trono de su padre David.
Aquí haré renacer el poder de David
y encenderé una lámpara a mi ungido;
pondré sobre su frente mi diadema
Ignominia daré a sus enemigos.
Dios le dará el trono de su padre David.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Viernes 19 de Junio de 2026.
Evangelio según San Mateo 6, 19-23.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.
Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!”
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
