Evangelio De Hoy 26 de Julio


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, XVII Domingo Ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 13, 44-46 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 26 de Julio.

El tesoro escondido que cambia la mirada

Jesús compara el Reino de los Cielos con un tesoro escondido en un campo. Un hombre lo encuentra y, lleno de alegría, vende todo lo que tiene para comprar ese campo. La imagen es sencilla, pero muy profunda: cuando alguien descubre algo verdaderamente valioso, todo lo demás empieza a ocupar otro lugar.

La fe cristiana no comienza solamente con renuncias. Comienza con un hallazgo. Antes de vender, aquel hombre encontró. Antes de dejar cosas, descubrió una riqueza mayor. Esto es importante, porque muchas veces presentamos la vida con Dios solo como esfuerzo, obligación o pérdida. Pero Jesús habla de alegría.

Cuando una persona encuentra a Cristo de verdad, no significa que la vida se vuelva fácil, pero sí que aparece un sentido más grande. Las cosas que antes parecían absolutas dejan de ser el centro. Los miedos, las ambiciones, las seguridades y las preocupaciones siguen estando, pero ya no tienen la última palabra.

Venderlo todo no es perderlo todo

El hombre de la parábola vende todo lo que tiene. A simple vista, parece una pérdida enorme. Pero lo hace con alegría, porque sabe que ha encontrado algo incomparable. Su renuncia no nace de la tristeza, sino de una certeza: vale la pena.

Esto ilumina nuestras propias renuncias. Seguir a Jesús implica dejar cosas: egoísmos, comodidades, resentimientos, mentiras, apegos, formas de vivir que nos alejan de Dios. Pero cuando solo miramos lo que debemos soltar, el camino parece pesado. En cambio, cuando miramos a quién hemos encontrado, la renuncia cobra sentido.

No se trata de despreciar la vida, la familia, el trabajo o los bienes. Se trata de ordenar el corazón. Hay cosas buenas que se vuelven peligrosas cuando ocupan el lugar de Dios. Hay seguridades que parecen protegernos, pero terminan encerrándonos. Venderlo todo, en el lenguaje del Evangelio, es dejar que nada valga más que el Reino.

La perla de gran valor

Jesús ofrece una segunda imagen: un comerciante que busca perlas finas y, al encontrar una de gran valor, vende todo para comprarla. A diferencia del hombre que parece encontrar el tesoro casi de sorpresa, este comerciante está buscando. Su corazón está en camino.

Hay personas que encuentran a Dios en medio de una situación inesperada. Otras lo buscan durante mucho tiempo, con preguntas, dudas, cansancios y deseos profundos. El Evangelio abraza ambos caminos. Lo importante es reconocer la perla cuando aparece.

También nosotros buscamos muchas perlas: estabilidad, afecto, reconocimiento, paz, seguridad, proyectos, bienestar. Muchas de ellas son legítimas. Pero ninguna puede llenar el corazón como Dios. Cuando pretendemos que algo creado nos dé una plenitud absoluta, tarde o temprano aparece la frustración.

Cristo es la perla que no se desgasta. Su amor no depende de nuestros éxitos. Su misericordia no se agota por nuestras caídas. Su presencia no desaparece cuando cambian las circunstancias. Quien lo encuentra, descubre una riqueza que sostiene incluso en los días difíciles.

Elegir hoy lo que vale para siempre

Estas parábolas nos preguntan qué estamos considerando realmente valioso. A veces decimos que Dios es lo primero, pero nuestras decisiones muestran otra cosa. El tiempo, las preocupaciones, las palabras, los esfuerzos y los deseos revelan dónde está puesto el corazón.

No hace falta responder con miedo, sino con sinceridad. Tal vez el Señor nos está mostrando que hay algo que debemos reordenar. Tal vez una preocupación ocupa demasiado espacio. Tal vez un apego nos está quitando libertad. Tal vez hemos dejado escondido el tesoro bajo capas de rutina, cansancio o distracción.

Pidamos la gracia de volver a descubrir la alegría del Evangelio. Que seguir a Jesús no sea solo cumplir, sino reconocer que hemos encontrado el tesoro más grande. Y que, al elegirlo por encima de todo, nuestra vida se vuelva más libre, más simple y más llena de sentido.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Domingo 26 de Julio.

Primer Libro de los Reyes 3, 5. 7-12.

En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le dijo: “Salomón, pídeme lo que quieras, que yo te lo daré”.

Salomón le respondió: “Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí; tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar.

Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?”

Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo: “Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.

Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo”.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130.

A mí, Señor, lo que me toca
es cumplir tus preceptos. 
Para mí valen más tus enseñanzas 
que miles de monedas de oro y plata. 
Yo amo, Señor, tus mandamientos.

Señor, que tu amor me consuele,
conforme a las promesas que me has hecho.
Muéstrame tu ternura y viviré,
porque en tu ley he puesto mi contento. 
Yo amo, Señor, tus mandamientos.

Amo, Señor, tus mandamientos 
más que el oro purísimo;
por eso tus preceptos son mi guía 
y odio toda mentira. 
Yo amo, Señor, tus mandamientos.

Tus preceptos, Señor, son admirables,
por eso yo los sigo.
La explicación de tu palabra
da luz y entendimiento a los sencillos.
Yo amo, Señor, tus mandamientos.


Segunda Lectura de Hoy Domingo 26 de Julio.

Carta de San Pablo a los Romanos 8, 28-30.

Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él según su designio salvador.

En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Domingo 26 de Julio de 2026.

Evangelio según San Mateo 13, 44-46.

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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