Evangelio De Hoy 18 de Agosto


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Martes de la XX semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 19, 23-30 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy Martes 18 de Agosto de 2026.

El peligro de un corazón demasiado lleno

Después del encuentro con el joven rico, Jesús habla a sus discípulos sobre la dificultad de los ricos para entrar en el Reino. Sus palabras son fuertes. No condena los bienes materiales por sí mismos, pero advierte sobre el poder que pueden tener cuando ocupan el centro del corazón.

La riqueza puede dar una falsa sensación de seguridad. Uno empieza a apoyarse en lo que tiene, en lo que controla, en lo que puede comprar o asegurar. Y sin darse cuenta, el corazón se va llenando tanto que ya no queda espacio para Dios, para los demás, para la gratuidad, para la confianza.

No hace falta tener grandes fortunas para caer en esta trampa. También podemos estar apegados a pequeñas seguridades, a la comodidad, a la imagen, al reconocimiento, a la necesidad de controlar todo. El problema no es solo cuánto tenemos, sino cuánto nos ata aquello que tenemos.

Para Dios todo es posible

Los discípulos se quedan desconcertados y preguntan quién podrá salvarse. Comprenden que la exigencia de Jesús supera las fuerzas humanas. Y entonces Él responde con una frase llena de esperanza: para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible.

Esta palabra es clave. La salvación no es una conquista humana ni un premio para quienes logran desprenderse por pura fuerza de voluntad. Es gracia. Dios puede hacer en el corazón lo que nosotros solos no podemos. Puede liberar a quien está atado, ablandar lo endurecido, abrir lo cerrado, despertar generosidad donde había miedo.

A veces miramos nuestros apegos y pensamos que nunca cambiaremos. Nos conocemos demasiado: las mismas resistencias, las mismas excusas, los mismos miedos. Pero Jesús nos invita a no medir la obra de Dios con nuestras posibilidades. Lo que parece imposible para nosotros puede comenzar a transformarse cuando dejamos entrar su gracia.

Lo que se deja por Cristo no queda vacío

Pedro toma la palabra y dice: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Su pregunta es sincera: ¿qué recibirán? Los discípulos han abandonado redes, trabajos, seguridades, planes. Seguir a Jesús les costó algo real.

El Señor no desprecia esa entrega. Promete una recompensa grande, pero no en clave de negocio. No se trata de dar para cobrar, sino de confiar en que ninguna renuncia hecha por amor queda perdida ante Dios. Todo lo que se deja por Cristo se abre a una fecundidad nueva.

A veces seguir al Señor implica soltar cosas concretas: una comodidad, una relación desordenada, una ventaja injusta, una manera egoísta de vivir, un orgullo que nos separa, un miedo que nos paraliza. Al principio puede sentirse como pérdida. Pero con el tiempo descubrimos que Dios no nos quita vida; nos libera para recibir una vida más grande.

Muchos primeros serán últimos

Jesús cierra con una advertencia: muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros. El Reino invierte nuestras medidas. Dios no mira como miramos nosotros. No se deja impresionar por apariencias, posesiones, títulos o reconocimientos. Mira el corazón, la fidelidad, la humildad, la capacidad de entregarse.

Esta frase consuela y corrige. Consuela a quienes sirven en silencio, a quienes nadie ve, a quienes parecen pequeños ante el mundo pero son grandes ante Dios. Y corrige nuestra necesidad de figurar, de compararnos, de sentirnos superiores por lo que tenemos o hacemos.

Hoy podemos pedir la gracia de un corazón más libre. Libre para usar los bienes sin adorarlos. Libre para soltar lo que nos impide seguir a Jesús. Libre para confiar en que Dios puede hacer posible lo que nosotros no logramos por nuestras fuerzas.

Que el Señor nos enseñe a ponerlo a Él por encima de toda seguridad pasajera. Porque solo cuando el corazón deja de estar dominado por sus tesoros, puede abrirse al verdadero tesoro del Reino.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Martes 18 de Agosto.

Libro de Ezequiel 28, 1-10.

En aquellos días, el Señor me habló y me dijo: “Hijo de hombre, dile al príncipe de Tiro: ‘El Señor Dios dice esto:

Tu corazón se ha ensoberbecido y has dicho:
Soy Dios, estoy sentado en el trono de Dios,
en medio de los mares;
pero eres hombre y no Dios,
y te crees tan sabio como Dios;
pretendes ser más inteligente que Daniel
y conocer todos los secretos;
con tu sabiduría y habilidad te has hecho rico,
has amontonado oro y plata en tus tesoros;
con astucia de comerciante has aumentado tus riquezas
y te has ensoberbecido por tu fortuna’ ”.

Por eso dice el Señor:
“Porque te has creído tan sabio como Dios,
por eso mandaré contra ti
a los más feroces de los pueblos extranjeros,
que desenvainarán su espada contra tu esplendor y tu sabiduría
y acabarán con tu grandeza.
Ellos te matarán
y el mar será tu sepultura.

¿Ante la mano misma de tus verdugos
te atreverás a afirmar todavía que eres Dios,
cuando no eres más que un hombre?
Morirás como un pagano a manos de extranjeros,
porque así lo digo yo, el Señor Dios’’.


Salmo Responsorial de Hoy Deuteronomio 32, 26-27ab. 27cd-28. 30. 35cd-36ab.

El Señor pensó: “Voy a dispersarlos
y a borrar su memoria entre los hombres”.
Pero no; que temo la presunción del enemigo
y la mala interpretación del adversario.
El Señor da la muerte y la vida.

Pues diría al enemigo que su mano había vencido
y que no era el Señor el que lo había hecho,
porque son una nación que ha perdido el juicio.
El Señor da la muerte y la vida.

¿Cómo puede uno persiguir a mil
y dos poner en fuga a diez mil?
¿No es porque su Dios los ha vendido,
porque el Señor los ha entregado?
El Señor da la muerte y la vida.

El día de su destrucción se acerca,
y su suerte se apresura,
porque el Señor defenderá a su pueblo
y tendrá compasión de sus siervos.
El Señor da la muerte y la vida.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre,
para enriquecernos con su pobreza.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Martes 18 de Agosto de 2026.

Evangelio según San Mateo 19, 23-30.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos. Se lo repito: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos”.

Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron: “Entonces ¿quién podrá salvarse?” Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió: “Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible”.

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: “Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Y muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’’.


👉 Conozca la vida y el mensaje del santo del día de hoy


Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Scroll al inicio