XXVII Domingo Ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, XXVII Domingo Ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 21, 33-43 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 4 de Octubre.
Una viña cuidada con amor
Jesús presenta la imagen de un propietario que planta una viña, la rodea con una cerca, cava un lagar, construye una torre y la entrega a unos viñadores. No abandona un terreno cualquiera. Prepara cuidadosamente un lugar para que dé fruto. La viña es signo de una historia de amor, de confianza y de responsabilidad.
Así obra Dios con nuestra vida. No nos entrega una existencia vacía o sin sentido. Nos confía dones, vínculos, oportunidades, fe, tiempo, capacidades, personas a quienes amar, caminos donde servir. Todo eso es una viña recibida. Nada de lo verdaderamente importante nos pertenece como dueños absolutos.
Esta imagen nos invita a agradecer, pero también a despertar. La vida que tenemos no es solo para conservarla, defenderla o usarla según nuestro capricho. Es una viña llamada a dar fruto. Dios espera de nosotros frutos de justicia, misericordia, fidelidad, perdón, servicio y amor concreto.
Cuando olvidamos al Dueño
Los viñadores de la parábola actúan como si la viña fuera suya. Cuando llegan los servidores del dueño para recoger los frutos, los maltratan y los rechazan. Luego hacen lo mismo con otros enviados. Finalmente, cuando llega el hijo, deciden matarlo para quedarse con la herencia.
El pecado profundo de estos viñadores es la apropiación. Recibieron algo confiado, pero se comportaron como dueños. Esa tentación también puede entrar en nuestro corazón. Podemos apropiarnos de la vida, de los bienes, de los talentos, de la familia, de una responsabilidad, incluso de la fe, como si todo existiera solo para nosotros.
Cuando olvidamos que Dios es el Dueño, aparecen la soberbia, la dureza y la ingratitud. Dejamos de escuchar sus llamados. Rechazamos correcciones. Nos molesta que alguien nos recuerde lo que debemos cambiar. Queremos los frutos, pero no queremos rendir cuentas.
El Hijo rechazado
La parábola llega a su punto más doloroso cuando el dueño envía a su hijo. Piensa que lo respetarán, pero los viñadores lo sacan fuera de la viña y lo matan. Jesús está anunciando su propia pasión. Él es el Hijo enviado por el Padre, rechazado por quienes no quieren entregar los frutos de una vida convertida.
Esta escena nos pone frente al misterio del amor de Dios. El Padre no deja de enviar. Insiste, llama, busca, espera. Su paciencia parece desmedida. Pero el rechazo al Hijo revela hasta dónde puede llegar un corazón cerrado cuando no quiere perder el control.
También nosotros podemos rechazar a Cristo de maneras más silenciosas. No necesariamente con violencia abierta, sino cuando no escuchamos su Palabra, cuando postergamos la conversión, cuando preferimos nuestras seguridades, cuando defendemos actitudes que sabemos que no dan fruto, cuando dejamos a Dios fuera de decisiones importantes.
La piedra rechazada puede ser fundamento
Jesús recuerda que la piedra desechada por los constructores se convierte en piedra angular. Lo que los hombres rechazan, Dios lo transforma en fundamento. La cruz, que parecía derrota, será lugar de victoria. El Hijo rechazado será el centro de una vida nueva.
Esta palabra es exigente y esperanzadora. Exigente, porque Jesús advierte que el Reino será dado a un pueblo que produzca frutos. La fe no puede quedarse en apariencia, pertenencia externa o palabras correctas. Dios espera frutos reales. Esperanzadora, porque incluso el rechazo humano no puede detener el plan de Dios. Él sabe levantar vida donde parecía haber fracaso.
Hoy podemos mirar nuestra propia viña. ¿Qué frutos está esperando el Señor? Tal vez un perdón que venimos demorando, una responsabilidad que debemos asumir mejor, una relación que necesita más paciencia, una fe que debe volverse más concreta, una dureza que necesita convertirse en misericordia.
Pidamos la gracia de vivir como administradores agradecidos, no como dueños cerrados. Que no rechacemos al Hijo cuando venga a pedir frutos. Y que Cristo, piedra angular, sostenga nuestra vida para que todo lo que somos y tenemos pueda dar fruto para el Reino de Dios.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Domingo 4 de Octubre
Libro de Isaίas 5, 1-7.
Voy a cantar, en nombre de mi amado,
una canción a su viña.
Mi amado tenía una viña
en una ladera fértil.
Removió la tierra, quitó las piedras
y plantó en ella vides selectas;
edificó en medio una torre
y excavó un lagar.
Él esperaba que su viña diera buenas uvas,
pero la viña dio uvas agrias.
Ahora bien, habitantes de Jerusalén
y gente de Judá, yo les ruego,
sean jueces entre mi viña y yo.
¿Qué más pude hacer por mi viña,
que yo no lo hiciera?
¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas,
las dio agrias?
Ahora voy a darles a conocer lo que haré con mi viña;
le quitaré su cerca y será destrozada.
Derribaré su tapia y será pisoteada.
La convertiré en un erial,
nadie la podará ni le quitará los cardos,
crecerán en ella los abrojos y las espinas,
mandaré a las nubes que no lluevan sobre ella.
Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos
es la casa de Israel,
y los hombres de Judá son su plantación preferida.
El Señor esperaba de ellos que obraran rectamente
y ellos, en cambio, cometieron iniquidades;
él esperaba justicia
y sólo se oyen reclamaciones.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20.
Señor, tú trajiste de Egipto una vid,
arrojaste de aquí a los paganos y la plantaste;
ella extendió sus sarmientos hasta el mar
y sus brotes llegaban hasta el río.
La viña del Señor es la casa de Israel.
Señor ¿por qué has derribado su cerca
de modo que puedan saquear tu viña los que pasan,
pisotearla los animales salvajes,
y las bestias del campo destrozarla?
La viña del Señor es la casa de Israel.
Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos,
mira tu viña y visítala;
protege la cepa plantada por tu mano,
el renuevo que tú mismo cultivaste.
La viña del Señor es la casa de Israel.
Ya no nos alejaremos de ti:
consérvanos la vida y alabaremos tu poder.
Restablécenos, Señor, Dios de los ejércitos,
míranos con bondad y estaremos a salvo.
La viña del Señor es la casa de Israel.
Segunda Lectura de Hoy Domingo 4 de Octubre.
Carta de San Pablo a los Filipenses 4, 6-9.
Hermanos: No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud. Y que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Por lo demás, hermanos, aprecien todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y merezca elogio. Pongan por obra cuanto han aprendido y recibido de mí, todo lo que yo he dicho y me han visto hacer; y el Dios de la paz estará con ustedes.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo los he elegido del mundo, dice el Señor,
para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Domingo 27 de 4 de Octubre.
Evangelio según San Mateo 21, 33-43.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.
Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”.
Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?
Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
