Fiesta de la Exaltación de la santa Cruz
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Fiesta de la Exaltación de la santa Cruz encontrará el Evangelio según San Juan 3, 13-17 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 14 de Septiembre de 2026
Mirar la cruz con ojos nuevos
La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz nos coloca frente al signo más profundo de nuestra fe. Para muchos, la cruz puede parecer solo dolor, fracaso, humillación o muerte. Pero Jesús nos enseña a mirarla de otra manera. En la cruz se revela hasta dónde llega el amor de Dios.
Jesús recuerda la serpiente levantada por Moisés en el desierto. Aquel signo, elevado ante un pueblo herido, se convertía en camino de vida para quienes lo miraban con fe. Ahora Jesús anuncia que también Él será levantado. La cruz, que parecía instrumento de derrota, será lugar de salvación.
Esto cambia nuestra manera de mirar el sufrimiento. La cruz no significa que Dios ame el dolor, ni que debamos buscarlo. Significa que Dios no abandona al ser humano en el dolor. En Cristo crucificado, el Señor entra hasta lo más oscuro de nuestra historia para abrir allí un camino de vida.
Tanto amó Dios al mundo
En el centro de este pasaje está una de las frases más luminosas del Evangelio: Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo. No se dice que Dios amó solo a los buenos, a los fuertes, a los que nunca fallan. Amó al mundo: esta humanidad herida, confundida, pecadora, necesitada de salvación.
La cruz nace de ese amor. No es un castigo frío ni una escena de abandono. Es la entrega del Hijo por amor, para que nadie que crea en Él se pierda. Allí vemos que Dios no se queda lejos de nuestras caídas. No mira nuestra fragilidad con desprecio. Se acerca, se entrega, carga con nosotros.
Cuántas veces nos cuesta creer que somos amados así. Cuando sentimos culpa, vergüenza, fracaso o cansancio, podemos pensar que Dios se aleja. Pero la cruz dice lo contrario: justamente allí donde el ser humano parece más perdido, Dios revela con más fuerza su misericordia.
No para condenar, sino para salvar
Jesús afirma que el Hijo no fue enviado para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. Esta palabra es profundamente consoladora. Dios no viene primero con una sentencia, sino con una mano tendida. No se acerca para aplastar al pecador, sino para levantarlo.
Esto no significa que el pecado no importe. La cruz muestra con toda seriedad el peso del mal. Pero también muestra que la misericordia de Dios es más grande. Cristo no niega nuestras heridas; las asume. No disimula nuestras sombras; entra en ellas para rescatarnos.
A veces nosotros somos más duros que Dios. Nos condenamos a nosotros mismos por errores pasados, o condenamos a otros como si ya no pudieran cambiar. La cruz nos llama a mirar con verdad y esperanza: verdad para reconocer el mal, esperanza para creer que la salvación sigue siendo posible.
Levantar la mirada hacia Cristo
Exaltar la cruz no es celebrar el sufrimiento, sino levantar la mirada hacia el amor que venció al sufrimiento y a la muerte. La cruz cristiana no termina en oscuridad. Está atravesada por la luz de la resurrección. Por eso puede sostenernos cuando cargamos nuestras propias cruces.
Cada uno sabe qué cruz lleva: una enfermedad, una pérdida, una preocupación familiar, una herida antigua, una responsabilidad pesada, una lucha interior. Jesús no siempre quita inmediatamente esas cruces, pero nos enseña a no cargarlas solos. Unidos a Él, incluso lo más difícil puede convertirse en camino de fe, entrega y esperanza.
Hoy podemos mirar la cruz y dejar que nos hable. Que nos recuerde que somos amados hasta el extremo. Que ninguna caída es más grande que la misericordia. Que Dios no vino a condenarnos, sino a salvarnos.
Pidamos la gracia de levantar los ojos hacia Cristo cuando el corazón se canse. Que su cruz nos enseñe a confiar, a perdonar, a esperar y a amar. Porque allí donde el mundo vio derrota, Dios abrió para nosotros la puerta de la vida.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Lunes 14 de Septiembre
Libro de los Números 21, 4-9.
En aquellos días, el pueblo se impacientó y murmuró contra Dios y contra Moisés, diciendo: “¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿Para que muriéramos en el desierto? No tenemos pan ni agua y ya estamos hastiados de esta miserable comida”.
Entonces envió Dios contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado al murmurar contra el Señor y contra ti. Ruega al Señor que aparte de nosotros las serpientes”. Moisés rogó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: “Haz una serpiente como ésas y levántala en un palo.
El que haya sido mordido por las serpientes y mire la que tú hagas, vivirá”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la levantó en un palo; y si alguno era mordido y miraba la serpiente de bronce, quedaba curado.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38.
Escucha, pueblo mío, mi enseñanza;
presten oído a las palabras de mi boca.
Abriré mi boca y les hablaré en parábolas;
anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.
No olvidemos las hazañas del Señor.
Cuando Dios los hacía morir, lo buscaban
y madrugaban para volverse hacia él.
Se acordaban de que Dios era su auxilio;
el Dios altísimo su redentor.
No olvidemos las hazañas del Señor.
Lo adulaban con su boca,
le mentían con su lengua;
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza.
No olvidemos las hazañas del Señor.
Pero él sentía lástima de ellos,
les perdonaba su culpa y no los destruía.
Muchas veces dominó su ira
y apagó el furor de su cólera.
No olvidemos las hazañas del Señor.
Segunda Lectura de Hoy Lunes 14 de Septiembre
Carta de San Pablo a los Filipenses 2, 6-11.
Cristo, siendo Dios,
no consideró que debía aferrarse
a las prerrogativas de su condición divina,
sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo
tomando la condición de siervo,
y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
para que al nombre de Jesús todos doblen la rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos,
y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Lunes 14 de Septiembre de 2026
Evangelio según San Juan 3, 13-17.
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él”.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
