Beata Alejandrina María da Costa
La Beata Alejandrina María da Costa fue una laica portuguesa cuya vida estuvo profundamente marcada por el sufrimiento, la oración y una intensa espiritualidad eucarística. La Iglesia la recuerda el 13 de octubre, aniversario de su muerte. Después de quedar progresivamente paralizada a causa de las lesiones sufridas al saltar desde una ventana para escapar de una agresión, pasó cerca de treinta años postrada en cama.
Desde allí desarrolló un verdadero apostolado de oración, acompañamiento espiritual y ayuda a quienes acudían a ella. Su vida nos recuerda que incluso una existencia limitada físicamente puede convertirse en un profundo servicio a Dios y a los demás.

Biografía y legado
Alejandrina María da Costa nació el 30 de marzo de 1904 en Balasar, Portugal, dentro de una familia humilde y profundamente cristiana. Desde niña trabajó para ayudar a su familia y recibió una educación religiosa sencilla.
En 1918, cuando tenía 14 años, tres hombres intentaron entrar violentamente en la habitación donde se encontraba con su hermana y otra joven. Para escapar de la agresión, Alejandrina saltó desde una ventana situada a varios metros de altura. Las lesiones provocadas por aquella caída empeoraron con los años hasta producir una parálisis completa. Desde 1925 permaneció definitivamente postrada en cama.
Al principio pidió insistentemente a Dios recuperar la salud. Con el tiempo comprendió su situación como una llamada a ofrecer sus sufrimientos en unión con Cristo y comenzó una intensa vida de oración. Personas de distintos lugares acudían a visitarla buscando consejo, consuelo y ayuda espiritual.
Alejandrina relató numerosas experiencias místicas, que fueron recogidas bajo obediencia a sus directores espirituales. Desde 1934 comenzó a poner por escrito parte de estas experiencias. También manifestó un profundo deseo de que el mundo fuera consagrado al Inmaculado Corazón de María y transmitió esta petición a través de su director espiritual. Pío XII realizó la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María en 1942.
En 1944 ingresó en la Unión de Cooperadores Salesianos y ofreció especialmente sus oraciones por los jóvenes y por la misión salesiana. A pesar de su enfermedad, continuó preocupándose por los pobres y por las personas que acudían a ella.
Murió en Balasar el 13 de octubre de 1955. San Juan Pablo II la beatificó el 25 de abril de 2004, y su memoria litúrgica fue fijada para el 13 de octubre.
Virtudes y enseñanzas
Aceptar las pruebas sin perder la esperanza.
Alejandrina sufrió durante décadas una enfermedad incapacitante, pero procuró transformar aquel dolor en oración y entrega. Su vida nos invita a no pensar que una situación difícil elimina nuestra capacidad de amar o servir.
Amor a la Eucaristía.
La presencia de Cristo en la Eucaristía ocupó un lugar central en su espiritualidad. Su ejemplo nos anima a valorar más profundamente la comunión, la adoración y la cercanía de Jesús.
Orar por los demás.
Desde su habitación desarrolló un verdadero apostolado. Muchas personas acudían a ella buscando orientación. Nos recuerda que también podemos ayudar profundamente a otros mediante la oración y la escucha.
Confiar en la voluntad de Dios.
Su camino espiritual pasó de pedir insistentemente la curación a aceptar su situación con mayor abandono. Su vida enseña que confiar no significa comprenderlo todo, sino permanecer cerca de Dios incluso cuando no encontramos respuestas.
Oración a la Beata Alejandrina María da Costa
Beata Alejandrina María da Costa,
testigo de fe y esperanza,
intercede por nosotros ante el Señor.
Tú que viviste largos años
unida a Cristo en el sufrimiento,
ayúdanos a no perder la confianza
cuando llegan la enfermedad,
el dolor o la incertidumbre.
Ruega por quienes permanecen
postrados en una cama,
por los enfermos crónicos,
por quienes se sienten solos
y por sus familias.
Enséñanos a amar la Eucaristía,
a rezar por los demás
y a ofrecer nuestra vida cotidiana
con humildad y generosidad.
Beata Alejandrina,
intercede por nosotros
para que permanezcamos siempre
unidos a Cristo
y confiados en su amor. Amén.
Reflexión Final
La vida de Alejandrina María da Costa plantea una pregunta profundamente actual: ¿puede una persona seguir dando frutos cuando sus posibilidades físicas quedan enormemente limitadas?
Ella respondió con su propia vida. Durante décadas permaneció prácticamente inmóvil, pero su existencia no quedó vacía. Rezó, acompañó espiritualmente, consoló y ofreció su sufrimiento desde una profunda unión con Cristo.
Su ejemplo también nos ayuda a mirar de otra manera a quienes viven enfermos, ancianos o dependientes de otras personas. Su dignidad y su capacidad de aportar no desaparecen porque no puedan realizar las mismas actividades que antes.
Hoy pidamos por intercesión de la Beata Alejandrina que sepamos reconocer el valor de cada vida humana. Que en los momentos de sufrimiento podamos encontrar fuerza en Cristo y que nunca olvidemos que incluso desde la fragilidad podemos amar, rezar y servir.
