Memoria de de Santas Marta, María y Lázaro.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Memoria de de Santas Marta, María y Lázaro, encontrará el Evangelio según Juan 11, 19-27 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 29 de Julio de 2026.
Jesús llega al dolor de una casa amiga
El Evangelio nos lleva a Betania, a una casa marcada por la muerte de Lázaro. Marta y María están de duelo, rodeadas de personas que han venido a consolarlas. Jesús llega a ese lugar donde hay lágrimas, ausencia y preguntas difíciles.
Esta escena es profundamente humana. La fe no nos pone fuera del dolor. También las casas amigas de Jesús conocen la pérdida, la enfermedad, la angustia y el silencio. Marta, María y Lázaro eran amados por el Señor, y aun así atravesaron una prueba muy dura.
Esto nos ayuda a no interpretar el sufrimiento como abandono de Dios. Que duela no significa que Dios esté lejos. Que no entendamos lo que pasa no significa que el Señor haya dejado de amar. Jesús entra en Betania no como espectador, sino como presencia que se acerca al corazón herido.
Señor, si hubieras estado aquí
Marta sale al encuentro de Jesús y le dice una frase cargada de dolor y de fe: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. No es una queja vacía. Es una oración nacida de una herida. Marta cree en Jesús, pero no oculta su dolor ni su desconcierto.
Muchas veces nuestra oración se parece a la de Marta. También nosotros decimos, de algún modo: “Señor, si hubieras intervenido antes… si hubieras cambiado esta situación… si hubieras evitado esta pérdida…”. La fe verdadera no siempre habla con palabras perfectas. A veces se expresa entre lágrimas, con preguntas, con una confianza que todavía está luchando.
Jesús no rechaza esa oración. No le pide a Marta que calle su dolor. La escucha y la conduce más hondo. Esto nos enseña que podemos presentarnos ante Dios con lo que realmente sentimos. No hace falta esconder la tristeza para rezar. El Señor puede trabajar también con una fe herida.
Yo soy la resurrección y la vida
La respuesta de Jesús no es solo una promesa lejana. No dice únicamente que habrá resurrección al final. Dice algo mucho más fuerte: Él mismo es la resurrección y la vida. La esperanza cristiana no se apoya en una idea, sino en una Persona.
Marta ya cree en la resurrección futura, pero Jesús la invita a dar un paso más: confiar en Él ahora, en medio del duelo, antes de ver el milagro, cuando Lázaro todavía está en el sepulcro. Esa es una fe profunda: creer no solo después de la solución, sino cuando todavía estamos frente a la piedra.
También nosotros necesitamos escuchar esta palabra. Hay situaciones que parecen cerradas: relaciones rotas, esperanzas apagadas, proyectos perdidos, culpas antiguas, heridas familiares. Jesús no promete una vida sin muerte ni sin lágrimas, pero sí revela que ninguna oscuridad es más fuerte que su vida.
Creo, Señor
Marta responde con una confesión de fe: reconoce a Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios. Lo hace en un momento de dolor, no en un día fácil. Esa confesión tiene un valor enorme porque nace cuando todavía no ve a su hermano levantado.
En la memoria de Marta, María y Lázaro, se nos recuerda que la santidad también se vive en la amistad con Jesús, en una casa concreta, entre tareas, lágrimas, escucha, preguntas y esperanza. Cada uno de ellos muestra una forma de estar ante el Señor: servir, escuchar, ser levantado por su voz.
Hoy podemos pedir la fe de Marta: una fe capaz de salir al encuentro de Jesús incluso con el corazón quebrado. Una fe que se atreve a decir lo que duele, pero también a confiar. Que podamos repetir con humildad: “Creo, Señor”, y dejar que esa confesión ilumine nuestras pérdidas, sostenga nuestras esperas y abra lugar a la vida que solo Cristo puede dar.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Miércoles 29 de Julio.
Libro de Jeremίas 15, 10. 16-21.
¡Ay de mí, madre mía!
¿Por qué me engendraste
para que fuera objeto de pleitos y discordias
en todo el país?
A nadie debo dinero, ni me lo deben a mí,
y sin embargo, todos me maldicen.
Siempre que oí tus palabras, Señor,
las acepté con gusto;
tus palabras eran mi gozo
y la alegría de mi corazón,
porque yo defendía tu causa,
Señor, Dios de los ejércitos.
No me senté a reír con los que se divertían;
forzado por tu mano, me sentaba aparte,
porque me habías contagiado con tu propia ira.
¿Por qué mi dolor no acaba nunca
y mi herida se ha vuelto incurable?
¿Acaso te has convertido para mí, Señor,
en espejismo de aguas que no existen?
Entonces el Señor me respondió:
“Si te vuelves a mí, yo haré que cambies de actitud,
y seguirás a mi servicio;
si separas el metal precioso de la escoria,
seguirás siendo mi profeta.
Ellos cambiarán de actitud para contigo
y no tú para con ellos.
Yo te convertiré frente a este pueblo
en una poderosa muralla de bronce:
lucharán contra ti, pero no podrán contigo,
porque yo estaré a tu lado para librarte y defenderte,
dice el Señor.
Te libraré de las manos de los perversos,
te rescataré de las manos de los poderosos”.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 58, 2-3. 4-5a. 10-11. 17. 18.
Dios mío, líbrame de mis enemigos
protégeme de mis agresores,
líbrame de los que hacen injusticias,
sálvame de los hombres sanguinarios.
Me alegraré, Señor, por tu bondad.
Mira cómo se conjuran contra mí los poderosos
y esperan el momento de matarme.
Sin embargo, Señor, en mí no hay crimen ni pecado;
sin culpa mía, avanzan contra mí para atacarme.
Me alegraré, Señor, por tu bondad.
En ti, Señor, tendré fijos los ojos,
porque tú eres mi fuerza y mi refugio.
El Dios de mi amor vendrá en mi ayuda
y me hará ver la derrota de mis enemigos.
Me alegraré, Señor, por tu bondad.
Yo celebraré tu poder
y desde la mañana me alegraré por tu bondad,
porque has sido mi defensa
y mi refugio en el día de la tribulación.
Me alegraré, Señor, por tu bondad.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Miércoles de 29 de Julio de 2026.
Evangelio según San Juan 11, 19-27.
En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a Ma¬ría para consolarlas por la muerte de su hermano Lázaro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”.
Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
