Evangelio De Hoy 17 de Julio


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Viernes de la XV semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 12, 1-8  acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 17 de Julio de 2026.

Cuando la necesidad humana queda por encima de la rigidez

Jesús atraviesa unos sembrados con sus discípulos, y ellos, sintiendo hambre, arrancan espigas para comer. Es un gesto sencillo, casi mínimo. No están haciendo un gran trabajo ni buscando provocar a nadie. Tienen hambre. Pero los fariseos miran la escena desde la sospecha y convierten esa necesidad en motivo de acusación.

Esta imagen revela una tensión que también puede aparecer en nuestra vida religiosa: mirar primero la norma y olvidar a la persona. La ley de Dios es buena cuando conduce al amor, a la justicia y a la vida. Pero cuando se usa sin misericordia, puede convertirse en una carga que aplasta.

Jesús no desprecia el sábado. Lo devuelve a su sentido verdadero. Dios no quiere una religión que cierre los ojos ante el hambre, el dolor o la fragilidad humana. Una fe auténtica sabe reconocer que detrás de cada situación hay una persona concreta, con una historia, una necesidad, una herida.

La mirada que acusa y la mirada que comprende

Los fariseos ven a los discípulos arrancando espigas y enseguida juzgan. No preguntan si tienen hambre. No se interesan por lo que están viviendo. Solo señalan una falta. Su mirada está entrenada para detectar errores, no para descubrir necesidades.

Cuánto daño puede hacer una mirada así. A veces también nosotros vemos primero lo que el otro hizo mal y no alcanzamos a ver lo que está sufriendo. Juzgamos una reacción sin conocer el cansancio que hay detrás. Criticamos una ausencia sin saber la lucha interior que esa persona carga. Condenamos una fragilidad sin haber escuchado su historia.

Jesús nos invita a mirar de otra manera. No con permisividad indiferente, sino con misericordia. La misericordia no niega la verdad, pero la mira desde el amor. No relativiza todo, pero tampoco aplasta a quien está débil. Una comunidad cristiana no puede ser solo un lugar donde se señalan errores; debe ser un espacio donde las personas puedan ser levantadas.

Misericordia quiero y no sacrificios

Jesús recuerda una palabra central: Dios quiere misericordia. Esta frase atraviesa todo el Evangelio. No basta cumplir prácticas religiosas si el corazón se vuelve duro. No sirve ofrecer sacrificios, rezar mucho o defender normas, si después falta compasión ante el hermano.

La misericordia no es una decoración de la fe. Es su centro vivo. Dios no se complace en una religiosidad fría, obsesionada con quedar bien, pero incapaz de inclinarse ante una necesidad concreta. Lo que agrada al Señor es un corazón que sabe amar, comprender, perdonar y servir.

Esto nos llama a revisar nuestra forma de vivir la fe. Tal vez cumplimos muchas cosas, pero nos cuesta ser pacientes. Tal vez defendemos lo correcto, pero hablamos con dureza. Tal vez queremos agradar a Dios, pero nos olvidamos de mirar con ternura a quienes están cerca. Jesús nos recuerda que el culto verdadero nunca puede separarse de la caridad.

El Señor del sábado nos enseña a vivir libres

Jesús termina afirmando que el Hijo del hombre es Señor del sábado. Con esto revela su autoridad y, al mismo tiempo, nos muestra el verdadero sentido del descanso, de la ley y de la vida religiosa. Todo debe estar ordenado a Dios y al bien de la persona.

La libertad cristiana no es hacer cualquier cosa. Es vivir unidos a Cristo, dejando que Él ordene nuestro corazón. Una libertad sin amor se vuelve egoísmo. Una ley sin misericordia se vuelve peso insoportable. En Jesús, verdad y compasión se encuentran.

Hoy podemos pedir la gracia de no usar la fe para acusar, sino para sanar. Que nuestras palabras no sean piedras, que nuestras normas no pierdan el alma, que nuestra mirada aprenda a descubrir la necesidad del otro. Porque cuando la misericordia guía el corazón, la vida religiosa deja de ser rigidez y se convierte en camino de salvación.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Viernes 17 de Julio.

Libro de Isaίas 38, 1-6. 21-22. 7-8.

En aquel tiempo, el rey Ezequías enfermó de muerte y vino a verlo el profeta Isaías, hijo de Amós, y le dijo: “Esto dice el Señor: ‘Arregla todos tus asuntos, porque no te vas a aliviar y te vas a morir’ “.

Ezequías volvió la cara hacia la pared, oró al Señor y dijo: “Acuérdate, Señor, de que te he servido con fidelidad y rectitud de corazón y de que he hecho siempre lo que a ti te agrada”. Y lloró con abundantes lágrimas.

Entonces el Señor le habló a Isaías y le dijo: “Ve a decirle a Ezequías: ‘Esto dice el Señor, Dios de tu padre, David: He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Voy a curarte y en tres días podrás ir al templo del Señor. Voy a darte quince años más de vida. Te libraré de la mano del rey de Asiria a ti y a tu ciudad, y protegeré a Jerusalén’ “.

Dijo entonces Isaías: “Traigan un emplasto de higos y aplíquenselo en la llaga para que se alivie”. Y Ezequías dijo: “¿Cuál es la señal de que podré ir al templo del Señor?” Respondió Isaías: “Esta será para ti la señal de que el Señor cumplirá las cosas que te ha dicho: voy a hacer que la sombra retroceda los diez grados que ha avanzado en el reloj de sol de Ajaz”. Y el sol retrocedió los diez grados que había avanzado.


Salmo Responsorial de Hoy Isaías 38, 10. 11. 12abcd. 16.

Yo pensaba que a la mitad de mi vida 
tendría que dirigirme hacia las puertas del abismo
y me privarían del resto de mis años. 
Sálvame, Señor, y viviré.

Yo pensaba que ya no volvería a ver al Señor
en la tierra de los vivos,
que ya no volvería a ver a los hombres
entre los habitantes del mundo. 
Sálvame, Señor, y viviré.

Levantan y enrollan mi vida 
como una tienda de pastores. 
Como un tejedor tejía yo mi vida,
y me cortaron la trama. 
Sálvame, Señor, y viviré.

A los que Dios protege viven, 
y entre ellos vivirá mi espíritu; 
me has curado, 
me has hecho revivir. 
Sálvame, Señor, y viviré.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Viernes 17 de Julio de 2026.

Evangelio según San Mateo 12, 1-8.

Un sábado, atravesaba Jesús por los sembrados. Los discípulos, que iban con él, tenían hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Cuando los fariseos los vieron, le dijeron a Jesús: “Tus discípulos están haciendo algo que no está permitido hacer en sábado”.

Él les contestó: “¿No han leído ustedes lo que hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros? ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes?

¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso cometen pecado? Pues yo digo que aquí hay alguien más grande que el templo.

Si ustedes comprendieran el sentido de las palabras: Misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a quienes no tienen ninguna culpa. Por lo demás, el Hijo del hombre también es dueño del sábado”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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