Memoria de Santo Domingo, presbítero
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Memoria de Santo Domingo, presbítero encontrará el Evangelio según San Mateo 17, 14-20 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 8 de Agosto.
Un padre que se arrodilla con su dolor
El Evangelio nos presenta a un padre que se acerca a Jesús, se arrodilla y le pide ayuda por su hijo. Viene cargando una preocupación profunda: su hijo sufre mucho, cae en el fuego, cae en el agua, vive expuesto al peligro. Es el dolor de quien ama y se siente impotente.
Esta escena toca una experiencia muy humana. Hay sufrimientos que duelen más cuando los vemos en alguien que amamos. Un hijo, un familiar, una persona cercana que atraviesa una enfermedad, una crisis, una adicción, una tristeza, una confusión. A veces no sabemos qué hacer. Intentamos ayudar, buscamos caminos, pedimos apoyo, pero sentimos que no alcanza.
Ese padre hace lo más importante: lleva su dolor a Jesús. No se queda solo con su angustia. No disimula su impotencia. Se arrodilla y pide misericordia. Hay momentos en los que la fe comienza así, no con grandes seguridades, sino con una súplica humilde: “Señor, ten compasión”.
Cuando nuestras fuerzas no alcanzan
El padre cuenta que llevó a su hijo a los discípulos, pero ellos no pudieron curarlo. Esta frase revela una limitación dolorosa. Los discípulos, llamados a continuar la misión de Jesús, se encuentran con una situación que los supera. No tienen fuerza suficiente. No logran responder a ese sufrimiento.
También nosotros experimentamos nuestros límites. Como padres, docentes, servidores, amigos, creyentes, muchas veces quisiéramos sanar, cambiar o resolver más de lo que podemos. Y cuando no lo logramos, aparece la frustración. A veces incluso intentamos actuar en nombre de Dios, pero sin suficiente fe, sin oración profunda, apoyándonos demasiado en nuestras propias fuerzas.
Jesús no quiere discípulos autosuficientes. Quiere corazones que aprendan a depender de Él. Nuestra misión no nace solo de capacidades humanas, sino de una unión viva con el Señor. Cuando esa unión se debilita, podemos hacer muchas cosas por fuera, pero con poca fuerza interior.
Una fe pequeña, pero verdadera
Jesús habla de la fe como un grano de mostaza. Es una imagen muy consoladora. No pide una fe enorme, perfecta, sin dudas ni fragilidades. Habla de algo pequeño, pero vivo. Una semilla diminuta puede guardar una fuerza inmensa si está realmente viva.
Esto nos anima. A veces miramos nuestra fe y la sentimos pobre: rezamos poco, dudamos, nos cansamos, nos cuesta confiar, sentimos que no estamos a la altura. Pero Jesús no desprecia lo pequeño. Lo importante no es aparentar una fe grande, sino cuidar una fe verdadera, humilde y abierta a Dios.
Una fe como un grano de mostaza puede mover montañas. No porque convierta a Dios en instrumento de nuestros deseos, sino porque nos une a su poder y nos abre a lo que humanamente parece imposible. La montaña puede ser un miedo, un pecado repetido, una herida familiar, una tristeza antigua, una falta de perdón, una situación que parece cerrada. Con Dios, incluso lo que parece inmóvil puede empezar a cambiar.
Volver a la oración confiada
En la memoria de Santo Domingo, esta Palabra nos recuerda la fuerza de una fe alimentada por la oración y entregada al anuncio del Evangelio. Santo Domingo comprendió que no basta hablar de Dios; hace falta vivir unido a Él, interceder, buscar la verdad y servir con un corazón encendido.
El Evangelio de hoy nos invita a revisar dónde estamos apoyando nuestra confianza. Tal vez estamos intentando mover montañas solo con nuestras fuerzas. Tal vez cargamos dolores familiares sin presentarlos de verdad al Señor. Tal vez nos desanimamos porque nuestra fe parece pequeña.
Pidamos la gracia de volver a Jesús con humildad. Como aquel padre, llevemos ante Él a las personas y situaciones que nos duelen. Como discípulos, reconozcamos que necesitamos una fe más profunda. Y como la semilla de mostaza, dejemos que Dios haga crecer en nosotros una confianza pequeña, pero viva, capaz de abrir caminos donde parecía no haber salida.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Sábado 8 de Agosto.
Libro de Habacuc 1, 12-17. 2, 1-4.
¿No eres tú, Señor, desde siempre,
mi santo Dios, que no muere?
Tú, Señor, has escogido al pueblo caldeo para hacer justicia
y lo has establecido para castigar.
Tus ojos son demasiado puros para soportar el mal,
no puedes ver la opresión.
¿Por qué miras en silencio a los traidores
y callas cuando el malvado devora al justo?
Tú tratas a los hombres como a los reptiles, que no tienen dueño,
como a los peces del mar:
el pueblo caldeo los pesca con anzuelo,
los atrae a su red,
los va amontonando
y luego ríe sastisfecho.
Después ofrece sacrificios a su anzuelo
e incienso a su red,
porque le dieron rica presa
y comida sustanciosa.
¿Y vas a permitir que siga llenando sus redes
y matando naciones sin piedad?
En mi puesto de guardia me pondré,
me apostaré en la muralla
para ver qué me dice el Señor
y qué responde a mi reclamación.
El Señor me respondió y me dijo:
“Escribe la visión que te he manifestado,
ponla clara en tablillas
para que se pueda leer de corrido.
Es todavía una visión de algo lejano,
pero que viene corriendo y no fallará;
si se tarda, espéralo, pues llegará sin falta.
El malvado sucumbirá sin remedio;
el justo, en cambio, vivirá por su fe”.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 9, 8-9. 10-11. 12-13.
El Señor reina eternamente,
tiene establecido un tribunal para juzgar,
juzga al orbe con justicia
y rige a las naciones con rectitud.
El Señor no abandona al que lo busca.
El Señor es refugio del oprimido,
su refugio en los momentos de peligro.
Que confíen en ti los que conocen,
porque tú, Señor, no abandonas a los que te buscan.
El Señor no abandona al que lo busca.
Tóquenle música al Señor, que reina en Sión,
cuenten sus maravillas a los pueblos,
porque el Señor pide cuentas de la vida
y no olvida los gritos de los oprimidos.
El Señor no abandona al que lo busca.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte
y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Sábado 8 de Agosto de 2026.
Evangelio según San Mateo 17, 14-20.
En aquel tiempo, al llegar Jesús a donde estaba la multitud, se le acercó un hombre, que se puso de rodillas y le dijo: “Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques terribles. Unas veces se cae en la lumbre y otras muchas, en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no han podido curarlo”.
Entonces Jesús exclamó: “¿Hasta cuándo estaré con esta gente incrédula y perversa? ¿Hasta cuándo tendré que aguantarla? Tráiganme aquí al muchacho”. Jesús ordenó al demonio que saliera del muchacho, y desde ese momento éste quedó sano.
Después, al quedarse solos con Jesús, los discípulos le preguntaron: “¿Por qué nosotros no pudimos echar fuera a ese demonio?” Les respondió Jesús: “Porque les falta fe. Pues yo les aseguro que si ustedes tuvieran fe al menos del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a ese monte: ‘Trasládate de aquí para allá’, y el monte se trasladaría. Entonces nada sería imposible para ustedes”.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
