Sábado de la XII semana del Tiempo ordinario.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Sábado de la XII semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 8, 5-17 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 27 de Junio.
Una fe humilde que sorprende a Jesús
El Evangelio de hoy comienza con un encuentro lleno de sencillez y profundidad. Un centurión se acerca a Jesús para pedir por su servidor enfermo. No pide para sí mismo. Intercede por alguien que sufre. Y lo hace con una actitud que conmueve: reconoce la autoridad de Jesús, pero también se reconoce indigno de recibirlo en su casa.
Sus palabras siguen resonando en la vida de la Iglesia: “Señor, no soy digno”. No nacen del desprecio de sí mismo, sino de una humildad verdadera. El centurión sabe que no puede exigir. No se acerca con derechos, sino con confianza. Y justamente esa humildad abre espacio a una fe grande.
Cuántas veces nuestra oración podría aprender de él. A veces pedimos con ansiedad, como si Dios tuviera que responder a nuestro modo. Otras veces no pedimos porque nos sentimos demasiado indignos. El centurión nos muestra un camino distinto: acercarnos con humildad, pero sin perder la confianza.
Una palabra de Jesús basta
El centurión no necesita que Jesús haga un gesto visible ni que vaya físicamente hasta su casa. Confía en su palabra. Sabe que, si Jesús lo dice, algo puede cambiar. Esa confianza es tan profunda que Jesús queda admirado.
Esta escena nos invita a revisar el valor que damos a la palabra del Señor. Escuchamos muchas palabras cada día: noticias, opiniones, preocupaciones, comentarios, promesas humanas. Algunas nos orientan, otras nos confunden, otras nos quitan paz. Pero la palabra de Jesús tiene una fuerza distinta. No solo informa; sana, levanta, ordena, devuelve vida.
Creer que una palabra de Jesús basta no significa esperar soluciones mágicas. Significa apoyarnos en Él incluso antes de ver el resultado. Significa dejar que su palabra tenga más peso que nuestros miedos. Allí donde el corazón dice “no hay salida”, Jesús puede pronunciar una palabra de vida.
Una fe que no mira etiquetas
Jesús elogia la fe de un hombre que no pertenece al pueblo de Israel. Esto sorprende a quienes lo escuchan. Dios encuentra fe donde muchos no la esperaban. El centurión, extranjero y militar, aparece como ejemplo de confianza.
Esta parte del Evangelio nos ayuda a purificar la mirada. A veces creemos saber quién está cerca de Dios y quién está lejos. Juzgamos por apariencias, costumbres, pertenencias o historias personales. Pero el Señor mira más hondo. Ve la fe que nace en silencio, la humildad escondida, el amor concreto, la confianza verdadera.
También nosotros podemos encontrar gestos de fe en lugares inesperados: en una persona sencilla, en alguien que sufre, en quien no tiene muchas palabras religiosas pero vive con un corazón noble. Dios no se deja encerrar por nuestras etiquetas.
Jesús toca el dolor y levanta para servir
Después, Jesús entra en la casa de Pedro y encuentra a su suegra enferma. La toma de la mano, la fiebre desaparece y ella se levanta para servir. Es una imagen muy hermosa: Jesús no solo cura, sino que devuelve a la persona su capacidad de amar y de entregarse.
La sanación cristiana no termina en sentirse mejor. Lleva a servir mejor. Cuando Dios nos levanta, no es para encerrarnos en nosotros mismos, sino para volver a amar con más libertad. Todos necesitamos que el Señor toque nuestras fiebres: cansancios, egoísmos, heridas, tristezas, impaciencias. Todo aquello que nos impide ponernos de pie y vivir con generosidad.
El Evangelio termina mostrando a Jesús cargando con nuestras enfermedades y dolores. No es un Dios indiferente. Se acerca, toca, sana, sostiene. Hoy podemos acercarnos a Él con la humildad del centurión y la confianza de quien sabe que una sola palabra suya puede cambiar el corazón. Pidamos esa palabra, y dejemos que nos levante para servir.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Sábado 27 de Junio.
Libro de las Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19.
El Señor ha destruido sin piedad
todas las moradas de Jacob;
en su furor ha destruido
las fortalezas de Judá;
ha echado por tierra y deshonrado
al rey y a sus príncipes.
En el suelo están sentados, en silencio,
los ancianos de Sión;
se han echado ceniza en la cabeza
y se han vestido de sayal.
Humillan su cabeza hasta la tierra
las doncellas de Jerusalén.
Mis ojos se consumen de tanto llorar
y el dolor me quema las entrañas;
la bilis me amarga la boca
por el desastre de mi pueblo,
al ver que los niños y lactantes desfallecen
en las plazas de la ciudad.
Los niños les preguntan a sus madres:
“¿Dónde hay pan?”
Y caen sin fuerzas, como heridos,
en las plazas de la ciudad,
y expiran en brazos de sus madres.
¿Con quién podré compararte, Jerusalén?
¿Con quién te podré asemejar?
¿O qué palabras te podré decir para consolarte,
virgen, hija de Sión?
Inmensa como el mar es tu desgracia.
¿Quién podrá curarte?
Tus profetas te engañaron
con sus visiones falsas e insensatas.
No te hicieron ver tus pecados
para evitarte así el cautiverio,
y sólo te anunciaron falsedades e ilusiones.
Clama, pues, al Señor con toda el alma;
gime, Jerusalén;
deja correr a torrentes tus lágrimas
de día y de noche;
no te concedas descanso;
que no dejen de llorar las niñas de tus ojos.
Levántate y clama al Señor
durante toda la noche;
derrama como agua tu corazón
en la presencia de Dios;
alza tus manos hacia él
y ruega por la vida de tus pequeñuelos.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 73, 1-2. 3-5a. 5b-7. 20-21.
¿Por qué, Dios nuestro, nos has abandonado,
y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sión, donde pusiste tu morada.
No te olvides, Señor, de nosotros.
Ven a ver estas ruinas interminables:
el enemigo ha arrasado todo el santuario;
rugieron los agresores en medio de tu asamblea,
levantaron sus estandartes.
No te olvides, Señor, de nosotros.
Parecía que se abrían paso a hachazos
en medio de la maleza.
Con martillos y mazos
destrozaron todas las puertas;
prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron la morada.
No te olvides, Señor, de nosotros.
Acuérdate de tu alianza, Señor,
pues todo el país está lleno de violencia.
Que el humilde no salga defraudado,
y los pobres y afligidos alaben tu nombre.
No te olvides, Señor, de nosotros.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades
y cargó con nuestros dolores.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Sábado 27 de Junio de 2026.
Evangelio según San Mateo 8, 5-17.
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: “Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico, y sufre mucho”. El le contestó: “Voy a curarlo”.
Pero el oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.
Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación”.
Jesús le dijo al oficial romano: “Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído”. Y en aquel momento se curó el criado.
Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirles.
Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: Él hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.
👉 Conozca la vida y el mensaje del santo del día de hoy
Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
