Martes de la XVI semana del Tiempo ordinario.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Martes de la XVI semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 12, 46-50 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy Martes 21 de Julio de 2026.
La familia que busca a Jesús
Mientras Jesús está hablando a la gente, le avisan que su madre y sus hermanos están afuera y quieren hablar con Él. La escena parece sencilla, pero abre una enseñanza muy profunda. Jesús aprovecha ese momento para mostrar que la cercanía con Él no se mide solo por la sangre, sino por la escucha y la obediencia a Dios.
No desprecia a su familia. Mucho menos a María, que es precisamente la primera en escuchar y cumplir la voluntad del Padre. Lo que hace Jesús es ampliar la mirada. Viene a formar una familia nueva, nacida no solo de vínculos humanos, sino de la fe compartida y de la docilidad al querer de Dios.
Esto nos recuerda que la fe no nos aísla; nos introduce en una comunión más grande. En Cristo, nadie está solo ni queda reducido a su historia familiar, a sus heridas o a sus límites. Quien se abre a Dios entra en una familia espiritual donde puede aprender a amar y ser amado de un modo nuevo.
No basta estar cerca por fuera
La respuesta de Jesús es exigente: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. Con esa pregunta nos ayuda a distinguir una cercanía exterior de una verdadera comunión interior. Se puede estar cerca de las cosas de Dios y, sin embargo, vivir lejos de su voluntad.
Podemos conocer palabras religiosas, participar de celebraciones, tener tradiciones familiares de fe, y aun así resistirnos a cambiar. La cercanía verdadera con Jesús no se demuestra solo por lo que decimos, sino por la manera en que dejamos que su Palabra ordene nuestra vida.
Esta enseñanza toca una tentación frecuente: creer que ya estamos bien porque pertenecemos a un ambiente creyente, porque rezamos de vez en cuando o porque sabemos hablar de Dios. Pero Jesús mira más hondo. Quiere un corazón que escuche, que responda, que se deje transformar.
Hacer la voluntad del Padre
Jesús señala a sus discípulos y dice que su familia son quienes cumplen la voluntad de su Padre. Esta frase pone el centro donde debe estar: la vida cristiana no consiste en seguir gustos personales disfrazados de fe, sino en buscar lo que Dios quiere.
Hacer la voluntad del Padre no siempre significa realizar cosas extraordinarias. Muchas veces se vive en lo concreto y escondido: perdonar cuando cuesta, decir la verdad con caridad, cumplir una responsabilidad, cuidar a quien nos necesita, renunciar a una actitud egoísta, volver a rezar cuando estamos secos por dentro.
La voluntad de Dios no es un peso que aplasta, sino un camino que nos ordena y nos devuelve vida. Cuando vivimos solo desde nuestros impulsos, terminamos dispersos. Cuando buscamos lo que el Padre quiere, aunque cueste, el corazón encuentra dirección.
María, la primera discípula
Aunque el pasaje puede parecer distante hacia la madre de Jesús, en realidad la ilumina. María es la mujer que escuchó la Palabra y la guardó en el corazón. Ella no es grande solo por haber dado a luz a Jesús, sino por haber dicho sí a Dios con toda su vida.
Por eso, este Evangelio no disminuye a María; nos la presenta como modelo. Ella pertenece plenamente a la familia de Jesús porque vivió disponible al Padre. Su grandeza está en la fe, en la obediencia humilde, en la confianza aun cuando no comprendía todo.
Hoy podemos pedir la gracia de pertenecer más profundamente a Cristo. No solo por palabras, costumbres o apariencias, sino por una vida que busca la voluntad del Padre. Que nuestra fe se note en decisiones concretas, en vínculos más sanos, en una caridad más real y en un corazón más disponible.
Pidamos al Señor que nos enseñe a ser parte de su familia: escuchando su Palabra, dejándonos transformar por ella y respondiendo con un sí humilde en lo pequeño de cada día.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Martes 21 de Julio.
Libro de Miqueas 7, 14-15. 18-20.
Señor, Dios nuestro, pastorea a tu pueblo con tu cayado,
a las ovejas de tu heredad,
que permanecen aisladas en la maleza,
en medio de campos feraces.
Pastarán en Basán y en Galaad,
como en los días de antaño,
como cuando salimos de Egipto
y nos mostrabas tus prodigios.
¿Qué Dios hay como tú, que quitas la iniquidad
y pasas por alto la rebeldía de los sobrevivientes de Israel?
No mantendrás por siempre tu cólera,
pues te complaces en ser misericordioso.
Volverás a compadecerte de nosotros,
aplastarás con tus pies nuestras iniquidades,
arrojarás a lo hondo del mar nuestros delitos.
Serás fiel con Jacob y compasivo con Abraham,
como juraste a nuestros padres en tiempos remotos,
Señor, Dios nuestro.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 84, 2-4. 5-6. 7-8.
Señor, has sido bueno con tu tierra,
pues cambiaste la suerte de Jacob,
perdonaste las culpas de tu pueblo
y sepultaste todos sus pecados;
reprimiste tu cólera,
y frenaste el incendio de tu ira.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
También ahora cambia nuestra suerte,
Dios, salvador nuestro,
y deja ya tu rencor contra nosotros.
¿O es que vas a estar siempre enojado,
y a prolongar tu ira de generación en generación?
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia,
y danos tu salvación.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará
y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Martes 21 de Julio de 2026.
Evangelio según San Mateo 12, 46-50.
En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él. Alguien le dijo entonces a Jesús: “Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo”.
Pero él respondió al que se lo decía: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
