Martes de la XVIII semana del Tiempo ordinario.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Martes de la XVIII semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 14, 22-36 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy Martes 4 de Agosto de 2026.
La noche en la barca
Los discípulos están en medio del lago, lejos de la orilla, con la barca sacudida por las olas. Es de noche, el viento es contrario y el cansancio empieza a pesar. La escena describe algo que todos conocemos: momentos en los que avanzar cuesta, aunque uno esté tratando de obedecer al Señor.
Ellos no están allí por capricho. Jesús les había pedido subir a la barca y cruzar. Sin embargo, el camino se vuelve difícil. Esto nos enseña que estar en la voluntad de Dios no significa vivir sin pruebas. A veces uno hace lo correcto, intenta ser fiel, sostiene la fe, cuida a los suyos, trabaja con honestidad, y aun así aparecen vientos contrarios.
La barca puede ser nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra vida interior, nuestra fe. Hay días en que parece que remamos mucho y avanzamos poco. Pero el Evangelio nos recuerda que Jesús no ha perdido de vista a sus discípulos.
Jesús se acerca de una manera inesperada
En medio de la noche, Jesús va hacia ellos caminando sobre el agua. Pero los discípulos no lo reconocen. Lo confunden con un fantasma y se llenan de miedo. Es una imagen muy humana: cuando estamos asustados, la mirada se altera. Lo que podría consolarnos nos parece amenaza. La presencia de Dios puede quedar escondida detrás de nuestras angustias.
Jesús no se ofende por ese miedo. Les habla con ternura y firmeza: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”. Antes de calmar la tormenta, calma el corazón. Antes de resolver lo exterior, se revela como presencia cercana.
También nosotros necesitamos escuchar esa palabra. No tengan miedo, no porque no existan problemas, sino porque Cristo está cerca. No porque todo sea fácil, sino porque ninguna noche queda fuera de su mirada. La fe comienza a renovarse cuando dejamos de mirar la oscuridad como si fuera más fuerte que el Señor.
Pedro entre la confianza y el miedo
Pedro se anima a pedir algo audaz: caminar hacia Jesús sobre el agua. Y mientras mira al Señor, camina. Pero al sentir la fuerza del viento, tiene miedo y empieza a hundirse. En Pedro vemos nuestra propia mezcla interior: fe y temor, deseo de avanzar y fragilidad, impulso generoso y duda.
La caída de Pedro no ocurre porque el viento aparezca de repente. El viento ya estaba. Lo que cambia es su mirada. Mientras mira a Jesús, puede dar pasos imposibles. Cuando se concentra solo en la amenaza, pierde pie.
Cuántas veces nos sucede lo mismo. Comenzamos con confianza una decisión, un proyecto, una conversión, una reconciliación. Pero después miramos demasiado las dificultades: lo que puede salir mal, lo que otros dirán, lo que no controlamos, lo que nos falta. Entonces el miedo empieza a hundirnos.
La mano que sostiene antes de reprochar
Cuando Pedro se hunde, no elabora una oración larga. Solo grita: “Señor, sálvame”. Y Jesús extiende la mano inmediatamente. Ese gesto es central. El Señor no deja que Pedro se pierda en su miedo. Lo sostiene, lo levanta y recién entonces le muestra que necesita confiar más.
Así actúa muchas veces Dios con nosotros. Nos corrige, sí, pero no para aplastarnos. Nos muestra nuestra poca fe, pero mientras nos sostiene de la mano. La misericordia de Jesús no niega nuestra debilidad; la toma y la levanta.
El Evangelio termina con adoración: los discípulos reconocen que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios. La tormenta se convierte en un camino de fe. Aquello que parecía solo peligro termina revelando más profundamente quién es Jesús.
Hoy podemos presentar al Señor nuestros vientos contrarios y nuestras zonas de miedo. No hace falta tener una fe perfecta para acercarnos. Basta gritar con humildad: “Señor, sálvame”. Su mano sigue extendida, y allí donde sentimos que nos hundimos, Él puede enseñarnos a confiar de nuevo.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Martes 4 de Agosto.
Libro de Jeremίas 30, 1-2. 12-15. 18-22.
Estas palabras le fueron dirigidas a Jeremías de parte del Señor: “Esto dice el Señor, Dios de Israel: ‘Escribe en un libro todas las palabras que te he dicho’ ”.
“Esto dice el Señor:
‘Tu quebranto es irremediable
e incurables tus heridas.
Estás desahuciado.
Hay heridas que tienen curación,
pero las tuyas no tienen remedio.
Todos tus amantes te han olvidado
y ya no preguntan por ti.
Como si fuera tu enemigo, te herí
y te impuse un cruel castigo
por tu gran culpa, por tus enormes pecados.
¿Por qué te quejas de tus heridas?
Tu dolor es irremediable.
Por tu gran culpa, por tus enormes pecados
te he tratado así’ ”.
“Esto dice el Señor:
‘Yo cambiaré la suerte del pueblo de Israel:
lo haré volver a su patria;
me apiadaré de sus casas,
la ciudad será reedificada
sobre sus propias ruinas
y el templo será reconstruido
tal como era.
Se escucharán himnos de alabanza
y los cantos de un pueblo que se alegra.
Y los multiplicaré y ya no serán pocos,
los honraré y ya no serán despreciados;
sus hijos serán como eran antes,
la comunidad que está delante de mí,
y yo castigaré a todos sus enemigos.
Un príncipe nacerá de mi pueblo,
uno de ellos mismos será su jefe.
Yo lo haré acercarse y él vendrá hasta mí;
porque, si no, ¿quién se atreverá a acercarse a mí?
Ustedes serán mi pueblo
y yo seré su Dios’ ”.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 101, 16-18. 19-21. 29 y 22-23.
Cuando el Señor reedifique Sión,
y aparezca glorioso,
cuando oiga el clamor del oprimido
y no se muestre a sus plegarias sordo,
entonces al Señor temerán todos los pueblos,
y su gloria verán los poderosos.
El Señor es nuestro Dios.
Esto se escribirá para el futuro
y alabará al Señor el pueblo nuevo,
porque el Señor, desde su altura santa,
ha mirado a la tierra desde el cielo,
para oír los gemidos del cautivo
y librar de la muerte al prisionero.
El Señor es nuestro Dios.
Bajo tu protección, Señor,
Habitarán los hijos de tus siervos
y se establecerán sus descendientes.
Tu nombre en Sión alabarán por eso,
cuando en Jerusalén, a darte culto,
se reúnan, Señor, todos los pueblos.
El Señor es nuestro Dios.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Maestro, tú eres el Hijo de Dios,
tú eres el rey de Israel.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Martes 4 de Agosto de 2026.
Evangelio según San Mateo 14, 22-36.
En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.
Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.
Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.
Terminada la travesía, llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron, quedaron curados.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
