Evangelio De Hoy 6 de Julio


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Lunes de la XIV semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo Mateo 9, 18-26 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 6 de Julio de 2026.

Una fe que se acerca desde la urgencia

El Evangelio de hoy nos presenta a un hombre que se acerca a Jesús con el corazón atravesado por el dolor. Su hija acaba de morir, y aun así se arrodilla ante el Señor con una confianza sorprendente. No llega con una fe cómoda, nacida en tiempos tranquilos. Llega desde la urgencia, desde una herida profunda, desde ese lugar donde ya no quedan muchas palabras.

Hay momentos en la vida en los que también nosotros nos acercamos así a Dios: con una preocupación familiar, una enfermedad, una pérdida, una situación que parece cerrada. En esos momentos la oración no siempre es serena. A veces es apenas un clamor. Pero Jesús no desprecia esa súplica. Se levanta y camina con aquel padre.

Esta escena nos recuerda algo muy importante: incluso cuando todo parece terminado, todavía podemos llevar nuestra vida a Jesús. La fe no consiste en negar la gravedad de lo que pasa, sino en confiar en que el Señor puede entrar también allí donde nosotros ya no vemos salida.

Tocar el manto cuando faltan fuerzas

En el camino aparece una mujer enferma desde hacía muchos años. No se atreve a ponerse delante de Jesús ni a hablarle públicamente. Solo se acerca por detrás y toca su manto. Su gesto es discreto, casi escondido, pero lleno de fe.

Esta mujer representa a tantas personas que sufren en silencio. Gente que lleva heridas largas, cansancios antiguos, dolores que quizá otros no ven. Después de mucho tiempo de lucha, puede aparecer la vergüenza, el miedo o la sensación de no merecer atención. Pero ella se anima a un gesto mínimo: tocar el manto.

A veces nuestra fe también se expresa así, en gestos pequeños. Una oración breve. Una lágrima delante de Dios. Una visita al templo. Un intento de volver a confiar. Y el Señor ve ese gesto. Lo que para otros pasa desapercibido, para Jesús tiene un valor inmenso cuando nace de un corazón sincero.

Jesús devuelve dignidad y vida

Jesús no deja que la mujer quede escondida en medio de la multitud. La mira, la llama hija y la anima. No solo sana su enfermedad; también restaura su dignidad. La devuelve a la paz, a la confianza, a la certeza de ser mirada con amor.

Después llega a la casa donde la niña ha muerto. Hay ruido, llanto, gente convencida de que ya no hay nada que hacer. Jesús, en cambio, entra y toma a la niña de la mano. Ese gesto sencillo tiene una fuerza enorme. Allí donde todos ven final, Él abre vida. Allí donde hay muerte, Él se acerca y levanta.

El Señor no actúa desde lejos. Toca, mira, camina, toma de la mano. Su manera de salvar es cercana. Por eso podemos presentarle no solo nuestras grandes preocupaciones, sino también esas zonas interiores que necesitan ser levantadas: una esperanza apagada, una fe cansada, una alegría perdida, una herida que todavía duele.

Dejar que Jesús entre en nuestra casa

Este Evangelio nos deja una llamada profunda a la esperanza. No todo está perdido cuando Jesús entra. Pero también nos pide abrirle la puerta. El padre tuvo que acercarse. La mujer tuvo que tocar el manto. La casa tuvo que recibir al Señor, aun cuando otros se burlaban.

Tal vez hoy Jesús quiere entrar en alguna habitación cerrada de nuestra vida. Un lugar donde ya no esperamos demasiado. Una situación que dimos por muerta. Una relación que necesita sanación. Un dolor que escondimos durante mucho tiempo.

Pidamos la gracia de una fe humilde y perseverante. La fe del padre que suplica, la fe de la mujer que toca el manto, la fe de quien se deja tomar de la mano. Porque cuando Cristo entra en nuestras heridas, no siempre cambia todo de inmediato, pero siempre comienza a devolver vida.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Lunes 6 de Julio.

Libro de Oseas 2, 16. 17-18. 21-22.

Esto dice el Señor:
“Yo conduciré a Israel, mi esposa infiel, al desierto
y le hablaré al corazón.
Ella me responderá allá,
como cuando era joven,
como el día en que salió de Egipto.
Aquel día, palabra del Señor,
ella me llamará ‘Esposo mío’,
y no me volverá a decir ‘Baal mío’.

Israel, yo te desposaré conmigo para siempre.
Nos uniremos en la justicia y la rectitud,
en el amor constante y la ternura;
yo te desposaré en la fidelidad
y entonces tú conocerás al Señor”.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 144, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9.

Un día tras otro, Señor, bendeciré tu nombre
y no cesará mi boca de alabarte.
Muy digno de alabanza es el Señor, 
por ser su grandeza incalculable. 
El Señor es compasivo y misericordioso.

Cada generación a la que sigue
anunciará tus obras y proezas. 
Se hablará de tus hechos portentosos, 
del glorioso esplendor de tu grandeza. 
El Señor es compasivo y misericordioso.

Alabarán tus maravillosos prodigios
y contarán tus grandes acciones;
difundirán la memoria de tu inmensa bondad
y aclamarán tus victorias. 
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus creaturas. 
El Señor es compasivo y misericordioso.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte
y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Lunes 6 de Julio de 2026.

Evangelio según San Mateo 8, 18-26.

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo: “Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir”.

Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: “Con sólo tocar su manto, me curaré”. Jesús, volviéndose, la miró y le dijo: “Hija, ten confianza; tu fe te ha curado”. Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.

Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas, y el tumulto de la gente y les dijo: “Retírense de aquí. La niña no está muerta; está dormida”. Y todos se burlaron de él. En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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