Jueves de la XXII semana del Tiempo ordinario
.
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Jueves de la XXII semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Lucas 5, 1-11 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.

Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 3 de Septiembre de 2026
La barca vacía y una palabra que vuelve a llamar
El Evangelio nos muestra a Jesús junto al lago, rodeado por la multitud que quiere escuchar la palabra de Dios. Allí están también unos pescadores que han pasado la noche trabajando sin conseguir nada. Sus redes están vacías, y ellos están lavándolas, como quien da por terminada una jornada frustrante.
Esa imagen habla mucho de nuestra vida. Hay noches de esfuerzo sin fruto: trabajos que no avanzan, intentos que parecen inútiles, relaciones que no mejoran, oraciones que sentimos secas, cansancios que se acumulan. Uno puede haber hecho todo lo que sabía hacer y aun así encontrarse con las redes vacías.
Jesús entra precisamente en esa escena. No espera encontrar a Pedro en un momento exitoso, sino en medio de su cansancio. Y desde su barca enseña a la multitud. El Señor no desprecia nuestras jornadas fallidas. Puede subir a nuestra barca incluso cuando sentimos que no tenemos nada para ofrecer.
Rema mar adentro
Después de hablar, Jesús le dice a Pedro que avance mar adentro y eche las redes. La indicación parece poco razonable. Pedro es pescador, conoce el lago, sabe que ya trabajaron toda la noche y no sacaron nada. Sin embargo, responde con una frase llena de fe: por tu palabra echaré las redes.
Ese es el corazón del pasaje. Pedro no se apoya en sus resultados, sino en la palabra de Jesús. No niega su cansancio ni su fracaso, pero decide confiar más en el Señor que en su propia experiencia.
También nosotros necesitamos escuchar ese llamado: remar mar adentro. Salir de la orilla de la comodidad, del desánimo, de la rutina, de la resignación. A veces Dios nos pide volver a intentar, pero no desde la misma autosuficiencia de antes, sino desde la confianza en su palabra.
La fe no elimina el cansancio, pero puede darle una dirección nueva. Cuando obedecemos al Señor, incluso después de una noche vacía, se abre un espacio para la gracia.
La abundancia que revela nuestra pequeñez
Cuando Pedro echa las redes, la pesca es tan abundante que casi se rompen. Lo que antes era esterilidad se convierte en sobreabundancia. La barca vacía se llena. El esfuerzo sin fruto se transforma cuando entra la palabra de Cristo.
Pero Pedro no reacciona con orgullo. No se siente poderoso por la pesca. Al contrario, cae de rodillas y reconoce su pequeñez: se sabe pecador ante la grandeza del Señor. La abundancia no lo infla; lo vuelve humilde.
Esto también es una señal de una experiencia verdadera de Dios. Cuando el Señor actúa en nuestra vida, no debería hacernos soberbios, sino agradecidos. Todo fruto bueno es gracia. Toda pesca abundante, toda oportunidad, todo cambio interior, todo bien realizado nace de una misericordia que nos supera.
Reconocer nuestra pobreza no nos aleja de Jesús. Pedro se declara pecador, y precisamente allí recibe una misión. Dios no llama a los perfectos, sino a quienes se dejan transformar por su presencia.
No temas: desde ahora serás pescador de hombres
Jesús responde a Pedro con una palabra de consuelo y de envío: no temas. No se queda en su pecado ni en su miedo. Lo levanta hacia una misión nueva. Aquel pescador de peces será ahora pescador de hombres. Su vida ya no estará centrada solo en sus redes, sino en colaborar con la obra de Dios.
Esta llamada también llega a nosotros. Jesús no entra en nuestra barca solo para resolver una dificultad puntual. Quiere darle un sentido más grande a nuestra vida. Quiere que nuestras experiencias, incluso nuestros fracasos, se conviertan en camino de servicio.
Al final, ellos dejan todo y lo siguen. La pesca abundante no los ata más a lo material; los libera para caminar detrás de Jesús.
Pidamos hoy la gracia de confiar cuando nuestras redes estén vacías, de remar mar adentro cuando el Señor lo pida y de reconocer que todo fruto viene de Él. Que no tengamos miedo de nuestra pequeñez, porque Jesús puede hacer de una vida cansada una misión llena de sentido.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Jueves 3 de Septiembre
Primera Carta de San Pablo a los Corintios 3, 18-23.
Hermanos: Que nadie se engañe: si alguno se tiene a sí mismo por sabio según los criterios de este mundo, que se haga ignorante para llegar a ser verdaderamente sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es ignorancia ante Dios, como dice la Escritura: Dios hace que los sabios caigan en la trampa de su propia astucia. También dice: El Señor conoce los pensamientos de los sabios y los tiene por vanos.
Así pues, que nadie se gloríe de pertenecer a ningún hombre, ya que todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo y Pedro, el mundo, la vida y la muerte, lo presente y lo futuro: todo es de ustedes; ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6.
Del Señor es la tierra y lo que ella tiene,
el orbe todo y los que en él habitan,
pues él lo edificó sobre los mares,
él fue quien lo asentó sobre los ríos.
El Señor bendice al hombre justo.
¿Quién subirá hasta el monte del Señor?
¿Quién podrá entrar en su recinto santo?
El de corazón limpio y manos puras
y que no jura en falso.
El Señor bendice al hombre justo.
Ese obtendrá la bendición de Dios,
y Dios, su salvador, le hará justicia.
Esta es la clase de hombres que te buscan
y vienen ante ti, Dios de Jacob.
El Señor bendice al hombre justo.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Síganme, dice el Señor,
y yo los haré pescadores de hombres.
Aleluya.

Evangelio de Hoy Jueves 3 de Septiembre de 2026
Evangelio según San Lucas 5, 1-11.
En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.
👉 Conozca la vida y el mensaje del santo del día de hoy
Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
