Evangelio De Hoy 3 de Octubre


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Sábado de la XXVI semana del Tiempo Ordinario encontrará el Evangelio según San Lucas 10, 17-24 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 3 de Octubre

La alegría de los discípulos

Los setenta y dos regresan llenos de alegría. Han sido enviados por Jesús, han anunciado el Reino, han visto cómo el mal retrocedía en su nombre. Vuelven con entusiasmo, sorprendidos por lo que Dios ha realizado a través de ellos.

Esa alegría es verdadera. Cuando uno sirve al Señor y ve frutos, el corazón se enciende. Una palabra que ayuda, una persona que se acerca a Dios, una herida que empieza a sanar, una oración que sostiene, una paz que vuelve a una casa: todo eso despierta gratitud.

Pero Jesús purifica esa alegría. No les quita el gozo, sino que lo ordena. Les recuerda que no deben alegrarse solo porque los espíritus se les someten, sino porque sus nombres están escritos en el cielo. La raíz más profunda de la alegría cristiana no está en los resultados, sino en pertenecer a Dios.

No alegrarse solo por el éxito visible

Jesús sabe que los frutos pueden entusiasmar, pero también pueden alimentar el orgullo. Cuando una misión sale bien, cuando somos reconocidos, cuando algo crece, podemos empezar a mirar más lo que logramos que al Señor que lo hizo posible.

Por eso su corrección es tan necesaria. El poder recibido no es propiedad de los discípulos. El bien realizado no nace de ellos como fuente última. Todo es gracia. Ellos fueron instrumentos. Dios actuó a través de su pobreza, de su obediencia, de su disponibilidad.

También nosotros necesitamos recordar esto. En la familia, en la comunidad, en el trabajo, en cualquier servicio, los frutos buenos deben llevarnos a la humildad y no a la vanidad. Y cuando los frutos no se ven, nuestra alegría tampoco debe derrumbarse. Valemos ante Dios no por el éxito visible, sino porque somos amados y llamados por Él.

El Padre se revela a los pequeños

Jesús se llena de gozo en el Espíritu Santo y bendice al Padre porque ha revelado estas cosas a los pequeños. No a los autosuficientes, no a quienes creen saberlo todo, no a los que se apoyan solo en su inteligencia o prestigio, sino a quienes tienen un corazón humilde.

Los pequeños son los que saben recibir. Los que no se presentan ante Dios con las manos llenas de orgullo. Los que pueden asombrarse, aprender, pedir perdón, dejarse conducir. El Reino no se comprende desde la soberbia, sino desde la confianza.

Esto nos consuela y nos corrige. Nos consuela porque no necesitamos ser importantes según el mundo para conocer a Dios. Nos corrige porque, cuando el corazón se agranda demasiado, se vuelve incapaz de recibir. La humildad abre una puerta que la autosuficiencia mantiene cerrada.

Dichosos los ojos que ven

Jesús les dice a sus discípulos que son felices porque ven lo que muchos profetas y reyes quisieron ver. Ellos han contemplado la cercanía del Reino en la persona de Jesús. Han escuchado su voz, han visto su misericordia, han sido enviados por Él.

También nosotros hemos recibido mucho. Tenemos la Palabra, la fe transmitida, la presencia de Cristo en la Iglesia, la gracia que sigue actuando en medio de la vida cotidiana. Sin embargo, podemos acostumbrarnos. Lo que debería despertarnos gratitud puede volverse rutina.

Hoy podemos pedir un corazón capaz de alegrarse bien: no solo por lo que sale como esperamos, sino por sabernos sostenidos por Dios. Un corazón pequeño, agradecido, libre de orgullo, atento a los signos de su presencia.

Que el Señor purifique nuestras alegrías, nos enseñe a servir sin apropiarnos de los frutos y nos conceda la humildad de los pequeños. Porque la mayor alegría no está en lo que hacemos por Dios, sino en saber que nuestra vida está escrita en su corazón.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Sábado 3 de Octubre

Libro de Job 42, 1-3. 5-6. 12-16.

Job le dijo al Señor:
“Reconozco que lo puedes todo
y que ninguna cosa es imposible para ti.
Era yo el que con palabras insensatas
empañaba la sabiduría de tus designios;
he hablado de grandezas que no puedo comprender
y de maravillas que superan mi inteligencia.

Yo te conocía sólo de oídas,
pero ahora te han visto ya mis ojos;
por eso me retracto de mis palabras
y me arrepiento, echándome polvo y ceniza”.

El Señor bendijo a Job al final de su vida más que al principio: llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil burras.

Tuvo siete hijos y tres hijas; la primera se llamaba Paloma, la segunda Canela y la tercera Azabache. No había en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre les asignó una parte de la herencia, al igual que a sus hermanos.

Y Job vivió hasta los ciento cuarenta años y vio a sus hijos, a sus nietos y a sus bisnietos. Murió anciano y colmado de años.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 118, 66. 71. 75. 76. 91. 125. 130.

Enséñame a gustar y a comprender tus preceptos,
pues yo me fío de ellos.
Sufrir fue provechoso para mí,
pues aprendí, Señor, tus mandamientos.
Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Yo bien sé que son justos tus decretos
y que tienes razón cuando me afliges.
Todo subsiste hasta hoy por orden tuya
y todo está a tu servicio.
Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Yo soy tu siervo:
Instrúyeme y conoceré tus preceptos.
La explicación de tu palabra
Da luz y entendimiento a los humildes.
Enséñame, Señor, tus mandamientos.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Sábado 3 de Octubre de 2026

Evangelio según San Lucas 10, 17-24.

En aquel tiempo, los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”.

Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les sometan. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

En aquella misma hora, Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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