Miércoles de la XXIV semana del Tiempo ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Miércoles de la XXIV semana del Tiempo ordinario, encontrará el Evangelio según San Lucas 7, 31-35 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 16 de Septiembre de 2026
Un corazón que siempre encuentra una excusa
Jesús compara a su generación con niños sentados en la plaza, que se quejan porque nada les conforma: si se toca música alegre, no bailan; si se canta una lamentación, no lloran. Es una imagen sencilla, pero muy profunda. Habla de un corazón que no quiere responder, que siempre encuentra una razón para rechazar el llamado de Dios.
Juan el Bautista vino con austeridad, penitencia y seriedad, y lo acusaron de estar poseído. Jesús vino cercano, compartiendo la mesa, acercándose a pecadores y necesitados, y lo acusaron de ser comilón y amigo de gente mal vista. Nada les alcanzaba. El problema no estaba en el modo de Dios, sino en la cerrazón del corazón.
También nosotros podemos caer en esa actitud. Si Dios nos corrige, nos parece demasiado duro. Si nos consuela, lo tomamos con superficialidad. Si nos pide conversión, buscamos excusas. Si se acerca con misericordia, dudamos. El corazón cerrado siempre encuentra argumentos para no cambiar.
La voz austera de Juan y la cercanía de Jesús
Juan y Jesús muestran dos estilos distintos, pero ambos vienen de Dios. Juan llama a la conversión desde el desierto, con una vida austera que despierta conciencia. Jesús anuncia el Reino compartiendo la mesa, tocando heridas, entrando en casas, acercándose a quienes otros evitaban.
Dios sabe hablar de muchas maneras. A veces nos llama con una palabra fuerte que nos sacude. Otras veces nos atrae con ternura. A veces nos despierta por medio de una corrección. Otras, por medio de una experiencia de misericordia. El problema aparece cuando rechazamos todo lo que no se ajusta a nuestras expectativas.
Hay personas que solo aceptan un Dios severo y desconfían de su misericordia. Otras quieren un Dios cercano, pero rechazan toda exigencia de conversión. Jesús nos invita a recibir el mensaje completo: la verdad que corrige y la misericordia que abraza, la llamada a cambiar y la alegría de sabernos amados.
Cuando juzgamos al mensajero para evitar el mensaje
Quienes rechazan a Juan y a Jesús no discuten solamente ideas; descalifican a las personas. A Juan lo llaman endemoniado. A Jesús, glotón y amigo de pecadores. Es una estrategia frecuente del corazón que no quiere escuchar: desacreditar al mensajero para no enfrentar el mensaje.
Esto sigue ocurriendo. A veces una palabra nos incomoda y, en vez de preguntarnos qué puede estar diciendo Dios, buscamos defectos en quien la pronunció. Nos fijamos en el tono, en el pasado, en la forma, en cualquier cosa que nos permita esquivar la conversión.
Por supuesto, no toda palabra viene de Dios y hace falta discernir. Pero también hace falta humildad para reconocer cuando una verdad nos toca. Dios puede hablarnos por caminos inesperados, incluso por personas que no elegiríamos. El corazón sabio no rechaza enseguida; escucha, discierne y se deja iluminar.
La sabiduría se reconoce por sus frutos
Jesús termina diciendo que la sabiduría se reconoce por sus hijos. Es decir, por sus frutos. El tiempo revela qué viene de Dios. La austeridad de Juan preparó corazones. La cercanía de Jesús devolvió vida a pecadores, enfermos y excluidos. Aunque muchos criticaran, la obra de Dios daba fruto.
También nuestra vida muestra sus frutos. Una fe verdadera produce humildad, misericordia, conversión, paz, justicia, deseo de servir. En cambio, una fe vivida desde la queja constante, la sospecha o la dureza termina estéril.
Hoy podemos pedir la gracia de no vivir como niños caprichosos en la plaza, siempre esperando que Dios actúe a nuestra manera. Que sepamos reconocer su voz cuando nos llama a cambiar y también cuando nos consuela. Que no rechacemos la verdad por orgullo ni la misericordia por prejuicio.
Pidamos un corazón disponible, capaz de escuchar a Dios en sus distintos modos de hablarnos. Porque cuando dejamos de poner excusas y empezamos a responder, la sabiduría de Dios comienza a dar fruto en nuestra vida.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Miércoles 16 de Septiembre
Primera Carta de San Pablo a los Corintios 12, 31–13, 13.
Hermanos: Aspiren a los dones de Dios más excelentes. Voy a mostrarles el camino mejor de todos. Aunque yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que una campana que resuena o unos platillos que aturden.
Aunque yo tuviera el don de profecía y penetrara todos los misterios, aunque yo poseyera en grado sublime el don de ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque yo repartiera en limosnas todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. El amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites.
El amor dura por siempre; en cambio, el don de profecía se acabará; el don de lenguas desaparecerá, y el don de ciencia dejará de existir, porque nuestros dones de ciencia y de profecía son imperfectos. Pero cuando llegue la consumación, todo lo imperfecto desaparecerá.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, sentía como niño y pensaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, hice a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo y oscuramente, pero después será cara a cara. Ahora sólo conozco de una manera imperfecta, pero entonces conoceré a Dios como él me conoce a mí.
Ahora tenemos estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor; pero el amor es la mayor de las tres.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 32, 2-3. 4-5. 12 y 22.
Demos gracias a Dios al son del arpa,
que la lira acompañe nuestros cantos,
cantemos en su honor nuevas cantares,
al compás de instrumentos aclamémoslo.
Dichoso el pueblo escogido por Dios.
Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades.
Dichoso el pueblo escogido por Dios.
Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
dichoso el pueblo que escogió por suyo.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
porque en ti, Señor, hemos confiado.
Dichoso el pueblo escogido por Dios.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Tú tienes palabras de vida eterna.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Miércoles de 16 de Septiembre de 2026
Evangelio según San Lucas 7, 31-35.
En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos niños que se sientan a jugar en la plaza y se gritan los unos a los otros:
‘Tocamos la flauta y no han bailado,
cantamos canciones tristes y no han llorado’.
Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y ustedes dijeron: ‘Ese está endemoniado’. Y viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Este hombre es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores’. Pero sólo aquellos que tienen la sabiduría de Dios, son quienes lo reconocen”.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
