Viernes de la XXX semana del Tiempo ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Viernes de la XXX semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Lucas 14, 1-6 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Viernes 30 de Octubre
Carta de San Pablo a los Filipenses 1, 1-11.
Nosotros, Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, deseamos la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, a todos los hermanos en Cristo Jesús, que están en Filipos, y a sus obispos y diáconos.
Cada vez que me acuerdo de ustedes, le doy gracias a mi Dios, y siempre que pido por ustedes, lo hago con gran alegría, porque han colaborado conmigo en la propagación del Evangelio, desde el primer día hasta ahora. Estoy convencido de que aquel que comenzó en ustedes esta obra, la irá perfeccionando siempre hasta el día de la venida de Cristo Jesús.
Por lo demás, es muy justo que yo tenga estos sentimientos para con todos ustedes, pues los llevo en mi corazón, y tanto en mi prisión como en la defensa y consolidación que hago del Evangelio, ustedes participan conmigo de la gracia de mi apostolado. Dios es testigo de cuánto los amo a todos ustedes con el amor entrañable con que los ama Cristo Jesús.
Y esta es mi oración por ustedes: Que su amor siga creciendo más y más y se traduzca en un mayor conocimiento y sensibilidad espiritual. Así podrán escoger siempre lo mejor y llegarán limpios e irreprochables al día de la venida de Cristo, llenos de los frutos de la justicia, que nos viene de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 110, 1-2. 3-4. 5-6.
Quiero alabar a Dios, de corazón,
en las reuniones de los justos.
Grandiosas son las obras del Señor
y para todo fiel, dignas de estudio.
Que grandes son tus obras, Señor.
De majestad y gloria hablan sus obras
y su justicia dura para siempre.
Ha hecho inolvidables sus prodigios.
El Señor es piadoso y es clemente.
Que grandes son tus obras, Señor.
Acordándose siempre de su alianza,
él le da de comer al que lo teme.
Al darle por herencia a las naciones,
hizo ver a su pueblo sus poderes.
Que grandes son tus obras, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Viernes 30 de Octubre de 2026
Evangelio según San Lucas 14, 1-6.
Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Había allí, frente a él, un enfermo de hidropesía, y Jesús, dirigiéndose a los escribas y fariseos, les preguntó: “¿Está permitido curar en sábado o no?”
Ellos se quedaron callados. Entonces Jesús tocó con la mano al enfermo, lo curó y le dijo que se fuera. Y dirigiéndose a ellos les preguntó: “Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su burro o su buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?” Y ellos no supieron qué contestarle.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Antes de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 30 de Octubre de 2026
Una mesa donde todos observan
Jesús entra un sábado a comer en casa de uno de los principales fariseos. El Evangelio señala que todos lo observaban atentamente. No parece una mirada abierta, sino una mirada que busca descubrir algún error, alguna palabra o gesto que pueda ser utilizado en su contra.
En medio de esa escena aparece un hombre enfermo. Mientras algunos están pendientes de la norma y de lo que Jesús hará, Él ve primero a la persona que sufre. Allí se revela una diferencia profunda de mirada: unos observan para juzgar; Jesús mira para sanar.
También nosotros podemos acostumbrarnos a mirar de manera parecida. Detectamos rápidamente los errores de otros, evaluamos sus decisiones, señalamos incoherencias, pero podemos tardar mucho más en descubrir sus heridas. Es más fácil juzgar una conducta que preguntarnos qué carga lleva una persona por dentro.
El Señor nos invita a aprender otra manera de mirar: menos preocupada por encontrar fallas y más disponible para reconocer necesidades.
¿Está permitido hacer el bien?
Jesús pregunta a los expertos de la Ley y a los fariseos si es lícito curar en sábado. Ellos guardan silencio. Conocen las normas, pero la pregunta los coloca frente a algo más profundo: ¿puede una regla impedir que alguien sea liberado de su sufrimiento?
El silencio muestra que saben que la respuesta no es sencilla para ellos. Jesús entonces toma al enfermo, lo sana y lo despide. No espera una discusión interminable. Delante de una necesidad concreta, actúa con misericordia.
Las normas son necesarias. Ordenan la vida, protegen, educan y ayudan a convivir. Pero cuando olvidamos para qué existen, pueden transformarse en estructuras frías. La ley de Dios nunca fue dada para impedir el bien, sino para conducir hacia una vida más plena.
Por eso, cualquier práctica religiosa que nos vuelva indiferentes ante el sufrimiento necesita ser revisada.
Cuando el dolor toca algo que amamos
Después de sanar al hombre, Jesús hace una pregunta muy concreta. Si un hijo o incluso un animal cae en un pozo en sábado, ¿quién no lo sacaría inmediatamente?
La respuesta es evidente. Cuando la necesidad toca algo que sentimos cercano, dejamos de buscar excusas. El amor encuentra rápidamente razones para actuar. El problema aparece cuando quien sufre es alguien que sentimos lejano. Entonces podemos volvernos mucho más estrictos.
Jesús descubre esa incoherencia. Somos capaces de comprender las excepciones cuando se trata de nosotros, pero a veces juzgamos con dureza cuando se trata de otros.
Esta palabra nos invita a revisar nuestras medidas. ¿Somos tan comprensivos con las debilidades ajenas como deseamos que otros lo sean con las nuestras? ¿Sabemos escuchar antes de condenar? ¿Somos capaces de mirar una historia completa antes de reducir a una persona a un error?
La misericordia comienza cuando dejamos de usar dos medidas distintas.
La misericordia no puede esperar
Jesús no posterga la curación para otro día. Podría haber evitado el conflicto diciendo al hombre que regresara después del sábado. Pero para quien sufre, esperar un día más no es poca cosa.
También nosotros podemos caer en la costumbre de postergar el bien. Pensamos que llamaremos mañana, que ayudaremos cuando tengamos más tiempo, que pediremos perdón más adelante, que nos acercaremos cuando las circunstancias sean mejores.
Sin embargo, muchas oportunidades de amar aparecen una sola vez. La misericordia tiene algo de urgencia porque la necesidad del otro existe ahora.
Hoy podemos pedir al Señor una mirada más parecida a la suya. Que no vivamos observando para condenar, sino atentos para ayudar. Que nuestras convicciones nunca se conviertan en excusa para la dureza y que sepamos poner siempre a la persona y su dignidad en el centro.
Que Dios nos conceda un corazón capaz de reconocer cuándo alguien ha caído en un pozo y la valentía de acercarnos sin tantas excusas. Porque hacer el bien nunca es una interrupción del camino hacia Dios: muchas veces es precisamente el lugar donde Él nos está esperando.
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