Memoria de San Ignacio de Antioquía
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Sábado de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario encontrará el Evangelio según San Lucas 12, 8-12 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Sábado 17 de Octubre
Carta de San Pablo a los Efesios 1, 15-23.
Hermanos: Me he enterado de su fe en el Señor Jesús y del amor que demuestran a todos los hermanos, por lo cual no dejo de dar gracias por ustedes, ni de recordarlos en mis oraciones, y le pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo. Le pido que les ilumine la mente para que comprendan cuál es la esperanza que les da su llamamiento, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su fuerza poderosa.
Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, por encima de todos los ángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones, y por encima de cualquier persona, no sólo del mundo actual, sino también del futuro. Todo lo puso bajo sus pies y a él mismo lo constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y la plenitud del que lo consuma todo en todo.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 104, 2-3. 4-5. 6-7.
¡Que admirable es, Señor y Dios nuestro,
tu poder en toda la tierra!
Tu grandeza sobrepasa los cielos
y hasta los niños de pecho te dan alabanza perfecta.
¡Que admirable, Señor, es tu poder!
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos,
la luna y las estrellas que has creado, me pregunto:
¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes;
ese pobre ser humano, para que de él te preocupes?
¡Que admirable, Señor, es tu poder!
Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad;
le diste el mando sobre las obras de tus manos
y todo lo sometiste bajo sus pies.
¡Que admirable, Señor, es tu poder!
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El Espíritu de verdad dará testimonio de mí, dice el Señor,
y también ustedes serán mis testigos.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Sábado 17 de Octubre de 2026
Evangelio según San Lucas 12, 8-12.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los ángeles de Dios; pero a aquel que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios.
A todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir’’.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Antes de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 17 de Octubre
Reconocer a Cristo delante de los demás
Jesús habla con claridad sobre reconocerlo delante de los hombres. No se trata solo de pronunciar su nombre en voz alta, sino de vivir de tal manera que nuestra fe no quede escondida cuando llega la hora de dar testimonio.
Reconocer a Cristo puede ser sencillo cuando estamos rodeados de personas que creen lo mismo. Pero se vuelve más exigente cuando la fe incomoda, cuando otros se burlan, cuando preferiríamos callar para no quedar mal, cuando una decisión cristiana parece ir contra la corriente.
Jesús no nos pide una valentía arrogante ni una actitud de confrontación. Nos pide fidelidad. Reconocerlo es no avergonzarnos de su Evangelio, no esconder sus enseñanzas, no separar nuestra vida pública de nuestra relación con Él. Es dejar que su luz aparezca en nuestras palabras, en nuestras decisiones, en el modo de tratar, perdonar, servir y decir la verdad.
El peso de negar al Señor
Jesús también advierte sobre el peligro de negarlo. Negar a Cristo no siempre significa rechazarlo con una frase explícita. A veces lo negamos con el silencio cobarde, con la incoherencia, con una vida que dice lo contrario de lo que creemos, con la búsqueda de aprobación antes que de fidelidad.
Esta palabra no busca llenarnos de miedo, sino despertarnos. El Señor conoce nuestra fragilidad. Sabe que podemos fallar, como falló Pedro. Pero también sabe que un corazón arrepentido puede volver. Lo grave no es haber tenido miedo alguna vez, sino acostumbrarse a vivir como si Cristo no tuviera nada que ver con nuestras decisiones.
La fe necesita pasar del sentimiento a la fidelidad concreta. Reconocer al Señor cada día puede significar elegir la honestidad cuando sería más fácil mentir, cuidar la dignidad de alguien cuando otros lo humillan, defender la vida, perdonar, rezar, no alimentar el rencor, no negociar con lo que sabemos que nos aleja de Dios.
El Espíritu Santo no debe ser rechazado
Jesús menciona una palabra seria sobre el Espíritu Santo. El Espíritu es quien ilumina la conciencia, mueve a la conversión, nos muestra el pecado, despierta el deseo de Dios y nos conduce hacia la verdad. Rechazarlo es cerrar voluntariamente la puerta a esa luz.
Dios siempre ofrece misericordia. Pero la misericordia necesita un corazón que quiera recibirla. Cuando una persona llama bien al mal, justifica todo, endurece la conciencia y no quiere dejarse tocar por la gracia, se va cerrando por dentro. No porque Dios deje de perdonar, sino porque el corazón ya no quiere pedir perdón.
Por eso conviene cuidar la docilidad interior. Cuando algo nos inquieta sanamente, cuando una palabra del Evangelio nos corrige, cuando sentimos la necesidad de cambiar, no apaguemos esa voz. Puede ser el Espíritu Santo llamándonos de nuevo hacia la vida.
No estarán solos cuando deban hablar
Jesús termina con una promesa consoladora: cuando sus discípulos sean llevados ante autoridades, no deben preocuparse por cómo defenderse, porque el Espíritu Santo les enseñará lo que deben decir. No promete ausencia de dificultades, pero sí presencia y asistencia.
Esta promesa vale también para nuestras pruebas cotidianas. Hay momentos en que no sabemos qué decir, cómo responder, cómo explicar nuestra fe, cómo sostener una situación difícil, cómo hablar con alguien herido o enojado. Jesús nos recuerda que no estamos solos. El Espíritu puede poner luz donde nosotros solo vemos confusión.
Pidamos hoy la gracia de reconocer a Cristo con humildad y firmeza. Que no lo neguemos por miedo, comodidad o vergüenza. Que no cerremos el corazón al Espíritu Santo cuando nos llama a la verdad. Y que, en cada situación difícil, confiemos en esa presencia de Dios que enseña, fortalece y pone en nuestros labios la palabra necesaria.
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