Evangelio De Hoy 17 de Septiembre

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Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Jueves de la XXIV semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según San Lucas 7, 36-50 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.



Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 17 de Septiembre de 2026

Una casa religiosa y un corazón cerrado

Jesús entra en la casa de un fariseo que lo ha invitado a comer. El ambiente parece correcto, respetable, religioso. Pero en medio de esa mesa aparece una mujer conocida por su pecado, que se acerca llorando, se pone a los pies de Jesús, los moja con sus lágrimas, los seca con sus cabellos, los besa y los unge con perfume.

La escena es profundamente conmovedora. Ella no dice una palabra, pero sus gestos hablan. Llega con una historia herida, con un pasado que pesa, con lágrimas que no puede ocultar. No intenta justificarse ni aparentar. Se coloca a los pies del Señor con humildad y amor.

Simón, en cambio, mira desde la sospecha. Ve a la mujer, pero solo ve su pecado. Ve a Jesús, pero no comprende su misericordia. Está cerca del Maestro por fuera, pero lejos por dentro. Su casa recibió a Jesús, pero su corazón todavía no.

Cuando reducimos a una persona a su pecado

El fariseo piensa que, si Jesús fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca. Cree conocerla completamente porque conoce su mala fama. Para él, ella es “esa pecadora”. Nada más. Su pasado la define, su herida la encierra, su arrepentimiento no cuenta.

Esta mirada también puede aparecer en nosotros. A veces reducimos a otros a un error, a una caída, a una etapa de su vida. Nos cuesta creer que alguien pueda cambiar. Nos cuesta alegrarnos cuando una persona se acerca a Dios después de haber estado lejos.

Pero Jesús mira más hondo. No niega el pecado de la mujer, pero tampoco la reduce a él. Ve sus lágrimas, su amor, su arrepentimiento, su deseo de comenzar de nuevo. La misericordia de Dios no tapa la verdad; la ilumina para sanar. Allí donde nosotros vemos solo culpa, Jesús puede ver una vida que vuelve.

El amor nace de saberse perdonado

Jesús cuenta una breve parábola sobre dos deudores. Uno debía mucho y otro poco, pero ambos fueron perdonados. Luego pregunta quién amará más. La respuesta es clara: aquel a quien se le perdonó más.

Con esto, Jesús revela el corazón de lo que está sucediendo. La mujer ama mucho porque se sabe perdonada. Sus lágrimas no son desesperación vacía; son lágrimas de un corazón tocado por la misericordia. Sus gestos no buscan comprar el perdón, sino expresar gratitud por un amor que la ha levantado.

También nosotros necesitamos recuperar la memoria del perdón recibido. Cuando olvidamos que Dios nos tuvo paciencia, nos volvemos duros con los demás. Cuando creemos que no tenemos grandes deudas, juzgamos con facilidad. Pero quien reconoce su propia necesidad de misericordia empieza a mirar a los demás con más ternura.

Tu fe te ha salvado

Jesús le dice a la mujer que sus pecados quedan perdonados y que su fe la ha salvado. No la deja atrapada en la vergüenza. No la expone para humillarla. La despide en paz. Esa paz es el fruto de una vida reconciliada con Dios.

Esta palabra es una fuente enorme de esperanza. Nadie está definitivamente encerrado en su pasado. Ninguna caída es más grande que la misericordia del Señor. Ninguna historia queda sin posibilidad de redención cuando se acerca a Jesús con humildad y confianza.

Hoy podemos preguntarnos desde qué lugar estamos en la escena. Tal vez como la mujer, necesitamos acercarnos al Señor con lágrimas sinceras y dejar que nos perdone. Tal vez como Simón, necesitamos pedir que sane nuestra mirada dura y nuestra falta de amor.

Pidamos un corazón humilde, capaz de reconocer sus deudas y agradecer la misericordia. Que no miremos a nadie como irrecuperable. Y que Jesús nos conceda esa paz profunda que solo nace cuando uno se sabe perdonado, amado y vuelto a levantar por Dios.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Jueves 17 de Septiembre

Primera Carta de San Pablo a los Corintios 15, 1-11.

Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué y que ustedes aceptaron y en el cual están firmes. Este Evangelio los salvará, si lo cumplen tal y como yo lo prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.

Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.

Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto. Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol. Sin embargo, por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí; al contrario, he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios, que está conmigo. De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 117, 1-2. 16ab-17. 28.

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel:
“Su misericordia es eterna”.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno.

Escuchemos el canto de victoria
que sale de la casa de los justos:
“La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo”.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno.

No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho.
Tú eres mi Dios, y te doy gracias.
Tú eres mi Dios, y yo te alabo
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno.


Aclamación antes del Evangelio

 Aleluya, aleluya.
Vengan a mí, todos los que están fatigados
y agobiados por la carga, y yo les daré alivio, dice el Señor.
Aleluya.



Evangelio de Hoy Jueves 17 de Septiembre de 2026

Evangelio según San Lucas 7, 36-50.

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: “Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora”.

Entonces Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El fariseo contestó: “Dímelo, Maestro”. El le dijo: “Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?” Simón le respondió: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.

Entonces Jesús le dijo: “Has juzgado bien”. Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama”. Luego le dijo a la mujer: “Tus pecados te han quedado perdonados”.

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: “¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?” Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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