Evangelio De Hoy 9 de Septiembre


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Miércoles de la XXIII semana del Tiempo ordinario, encontrará el Evangelio según San Lucas 6, 20-26 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 9 de Septiembre de 2026

Jesús mira a sus discípulos y habla al corazón

Lucas nos dice que Jesús levanta los ojos hacia sus discípulos y comienza a hablar. No pronuncia palabras generales para una multitud anónima. Mira a quienes caminan con Él y les revela una manera nueva de entender la felicidad, la pobreza, el sufrimiento y la esperanza.

Sus palabras son desconcertantes: felices los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, los que son rechazados por causa del Hijo del hombre. Para el mundo, esas situaciones parecen fracaso. Nadie busca sufrir, pasar necesidad o ser rechazado. Sin embargo, Jesús muestra que hay una felicidad más profunda que no depende de tenerlo todo resuelto.

No está idealizando el dolor ni diciendo que la pobreza sea buena en sí misma. Está revelando que Dios está cerca de quienes no tienen dónde apoyarse, de quienes reconocen su necesidad, de quienes no viven autosuficientes. El Reino se abre especialmente a los corazones que saben esperar en Dios.

La pobreza que abre espacio a Dios

“Felices los pobres” no significa resignarse a la injusticia ni dejar de trabajar por una vida digna. Significa que quien no pone su seguridad última en el dinero, en el poder o en la apariencia puede recibir el Reino con más libertad.

Hay una pobreza material que duele y debe ser acompañada con justicia y caridad. Pero también hay una pobreza espiritual que todos necesitamos: reconocer que no somos dueños de todo, que necesitamos perdón, que dependemos de Dios, que nuestras fuerzas tienen límites.

Cuando el corazón se vacía de orgullo, Dios puede llenarlo. Cuando dejamos de vivir aferrados a falsas seguridades, aparece una libertad nueva. Muchas veces el Señor trabaja precisamente allí donde nos sentimos más necesitados: en la fragilidad, en la oración sencilla, en la humildad de quien dice: “Señor, no puedo solo”.

Las lágrimas que no quedan olvidadas

Jesús llama felices a los que ahora lloran, porque serán consolados. No dice que el llanto sea fácil ni que el dolor no importe. Al contrario, reconoce que hay lágrimas reales: pérdidas, cansancios, heridas familiares, preocupaciones, soledades, angustias que a veces nadie ve.

La promesa de Jesús es que esas lágrimas no son invisibles para Dios. El consuelo del Reino no siempre llega como una solución inmediata, pero sí como una presencia que sostiene, una esperanza que no se apaga, una paz que comienza a nacer incluso en medio de la prueba.

También llama felices a quienes son rechazados por su fidelidad. Seguir a Cristo puede traer incomprensión. Elegir la verdad, la justicia, la misericordia o la coherencia cristiana no siempre será aplaudido. Pero Jesús asegura que esa fidelidad tiene valor ante Dios. Lo que el mundo desprecia por causa del Evangelio, el Padre lo guarda como tesoro.

Cuidado con una felicidad demasiado cómoda

Después de las bienaventuranzas, Jesús pronuncia advertencias: ay de los ricos, de los satisfechos, de los que ríen ahora, de aquellos de quienes todos hablan bien. No condena la alegría ni los bienes en sí mismos. Advierte contra una vida cerrada en la comodidad, satisfecha consigo misma, incapaz de mirar el dolor ajeno y de escuchar la llamada de Dios.

El peligro es creer que porque estamos bien no necesitamos convertirnos. Tener el corazón tan lleno de seguridades que ya no haya lugar para la compasión, la gratitud o la búsqueda de Dios. Reír sin ver al que llora. Estar satisfechos mientras otros quedan descartados. Buscar siempre aprobación hasta perder la verdad.

Hoy el Señor nos invita a revisar dónde estamos buscando nuestra felicidad. Si la apoyamos solo en lo que pasa, tenemos o controlamos, será frágil. Si la apoyamos en Dios, podrá sostenerse incluso en la pobreza, el llanto o la incomprensión.

Pidamos un corazón pobre y confiado, sensible al dolor de los demás, libre de falsas seguridades y capaz de esperar en el Reino. Porque la verdadera felicidad no está en vivir llenos de cosas, sino en pertenecer a Dios.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Miércoles 9 de Septiembre

Primera Carta de San Pablo a los Corintios 7, 25-31.

Queridos hermanos: En cuanto a los jóvenes no casados, no he recibido ningún mandamiento del Señor; pero les voy a dar un consejo, pues por la misericordia del Señor, soy digno de confianza.

Yo opino que, en vista de las dificultades de esta vida, lo que conviene es que cada uno se quede como está. ¿Estás casado? No te separes de tu esposa. ¿Eres soltero? No te cases; pero si te casas, no haces mal, y si una joven se casa, tampoco hace mal. Sin embargo, los que se casan sufren en esta vida muchas tribulaciones, que yo quisiera evitarles.

Hermanos, les quiero decir una cosa: la vida es corta. Por lo tanto, conviene que los casados vivan como si no lo estuvieran; los que sufren, como si no sufrieran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no compraran; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran de él; porque este mundo que vemos es pasajero.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 44, 11-12. 14-15. 16-17.

Escucha, hija, mira y pon atención:
olvida tu pueblo y la casa paterna;
el rey está prendado de tu belleza;
ríndele homenaje, porque él es tu señor.
El rey está prendado de tu belleza.

Con todos los honores entra la princesa,
vestida de oro y de brocados,
y es conducida hasta el rey;
un cortejo de doncellas la acompaña.
El rey está prendado de tu belleza.

Entre alegría y regocijo
van entrando en el palacio real.
A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.
El rey está prendado de tu belleza.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Alégrense ese día y salten de gozo,
porque su recompensa será grande en el cielo.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Miércoles de 9 de Septiembre de 2026

Evangelio según San Lucas 6, 20-26.

En aquel tiempo, mirando Jesús a sus discípulos, les dijo:
“Dichosos ustedes los pobres,
porque de ustedes es el Reino de Dios.
Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre,
porque serán saciados.
Dichosos ustedes los que lloran ahora,
porque al fin reirán.

Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.

Pero, ¡ay de ustedes, los ricos,
porque ya tienen ahora su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora,
porque después tendrán hambre!
¡Ay de ustedes, los que ríen ahora,
porque llorarán de pena!
¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe,
porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!”


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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