Martes de la XXX semana del Tiempo ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Martes de la XXX semana del Tiempo ordinario encontrará el Evangelio según Lucas 13, 18-21 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Martes 27 de Octubre.
Carta de San Pablo a los Efesios 5, 21-33.
Hermanos: Respétense unos a otros, por reverencia a Cristo: que las mujeres respeten a sus maridos, como si se tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto, así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres sean dóciles a sus maridos en todo.
Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada.
Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.
Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa. Este es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
En una palabra, que cada uno de ustedes ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 127, 1-2. 3. 4-5.
Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos:
comerá del fruto de su trabajo,
será dichoso, le irá bien.
Dichoso el que teme al Señor.
Su mujer, como vid fecunda,
en medio de tu casa;
sus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de su mesa.
Dichoso el que teme al Señor.
Esta es la bendición del hombre que teme al Señor:
“Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida”.
Dichoso el que teme al Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Martes 27 de Octubre de 2026.
Evangelio según San Lucas 13, 18-21.
En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas”.
Y dijo de nuevo: “¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa”.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Antes de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy Martes 27 de Octubre de 2026
El Reino comienza de manera pequeña
Jesús compara el Reino de Dios con un grano de mostaza. Es algo diminuto, casi insignificante a los ojos humanos, pero cuando crece se convierte en un arbusto grande donde las aves pueden encontrar refugio.
Esta imagen nos ayuda a comprender cómo suele actuar Dios. Nosotros tendemos a valorar lo grande, lo rápido, lo visible. Esperamos cambios inmediatos, resultados claros, respuestas contundentes. Pero muchas veces Dios comienza por algo pequeño: una palabra, una decisión, una oración, un gesto de perdón, una ayuda sencilla.
Lo pequeño puede parecernos insuficiente. Sin embargo, una semilla contiene una vida que todavía no vemos. También una acción hecha con amor puede producir frutos mucho mayores de lo que imaginamos.
Quizá hoy sentimos que lo que hacemos es poco, que nuestra fe es débil o que nuestros esfuerzos no cambian nada. Jesús nos recuerda que el Reino no necesita comenzar con grandeza. Necesita una semilla dispuesta a ser sembrada.
Crecer sin hacer ruido
La semilla de mostaza no crece de golpe. Necesita tiempo, tierra, agua y paciencia. Durante buena parte del proceso, casi nada parece estar ocurriendo.
Algo parecido sucede en nuestra vida espiritual. Muchas transformaciones importantes avanzan lentamente. Una persona aprende a perdonar poco a poco. Una familia reconstruye la confianza después de muchas conversaciones. Una herida comienza a sanar después de un largo camino. Una oración que parecía seca va formando una confianza más profunda.
A veces nos desanimamos porque no vemos resultados inmediatos. Pensamos que Dios no está actuando porque no sentimos grandes cambios. Pero el crecimiento más profundo muchas veces ocurre en silencio.
Por eso conviene no despreciar los pequeños avances. Haber respondido con más paciencia, haber evitado una palabra hiriente, haber vuelto a rezar después de mucho tiempo, haber ayudado a alguien sin que nadie lo sepa: todo eso puede ser semilla del Reino.
La levadura escondida en la masa
Jesús utiliza después otra imagen: una mujer toma levadura y la mezcla con una gran cantidad de harina hasta que toda la masa fermenta.
La levadura casi desaparece dentro de la masa, pero termina transformándolo todo desde dentro. Así quiere actuar Dios en nosotros. No solo corrigiendo algunas conductas exteriores, sino penetrando poco a poco nuestro modo de pensar, sentir, decidir y relacionarnos.
La fe verdadera no debería quedar encerrada en algunos momentos religiosos. Está llamada a fermentar la vida entera: nuestra manera de trabajar, de hablar en casa, de administrar los bienes, de tratar a quien piensa distinto, de reaccionar frente a una dificultad.
Una pequeña cantidad de levadura puede transformar mucha masa. También una persona que vive con bondad, esperanza y coherencia puede transformar un ambiente más de lo que imagina.
Confiar en lo que Dios hace crecer
Las dos parábolas tienen algo en común: nos enseñan a confiar. El agricultor siembra una pequeña semilla. La mujer mezcla la levadura. Después hay un proceso que supera su control.
Nosotros también debemos hacer nuestra parte, pero no todo depende de nosotros. Podemos sembrar una palabra, acompañar a alguien, educar, servir, rezar, intentar hacer el bien. Los frutos finales pertenecen a Dios.
Esta verdad puede liberarnos de la ansiedad. No necesitamos ver inmediatamente todo el resultado para saber que vale la pena seguir sembrando. Hay cosas buenas que quizá darán fruto mucho después, incluso cuando nosotros no lleguemos a verlo.
Hoy podemos preguntarnos qué pequeña semilla podemos sembrar y qué parte de nuestra vida necesita ser fermentada por el Evangelio.
Pidamos al Señor la gracia de no despreciar los comienzos pequeños. Que sepamos confiar en los procesos, perseverar cuando todavía no vemos frutos y creer que Dios puede hacer crecer mucho a partir de nuestra humilde entrega. Porque el Reino suele comenzar en silencio, pero cuando encuentra un corazón disponible puede transformar toda una vida.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
