XXX Domingo Ordinario
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, XXX Domingo Ordinario encontrará el Evangelio según San Mateo 22, 34-40 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Domingo 18 de Octubre
Libro del Éxodo 22, 20-26.
Esto dice el Señor a su pueblo: “No hagas sufrir ni oprimas al extranjero, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto. No explotes a las viudas ni a los huérfanos, porque si los explotas y ellos claman a mí, ciertamente oiré yo su clamor; mi ira se encenderá, te mataré a espada, tus mujeres quedarán viudas y tus hijos, huérfanos.
Cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portes con él como usurero, cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélveselo antes de que se ponga el sol, porque no tiene otra cosa con qué cubrirse; su manto es su único cobertor y si no se lo devuelves, ¿cómo va a dormir? Cuando él clame a mí, yo lo escucharé, porque soy misericordioso”.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab.
Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza,
el Dios que me protege y me libera.
Tu, Señor, eres mi refugio.
Tú eres mi refugio,
mi salvación, mi escudo, mi castillo.
Cuando invoqué al Señor de mi esperanza,
al punto me libró de mi enemigo.
Tu, Señor, eres mi refugio.
Bendito seas, Señor, que me proteges;
que tú, mi salvador, seas bendecido.
Tú concediste al rey grandes victorias
y mostraste tu amor a tu elegido.
Tu, Señor, eres mi refugio.
Segunda Lectura de Hoy Domingo 18 de Octubre.
Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 1, 5-10.
Hermanos: Bien saben cómo hemos actuado entre ustedes para su bien. Ustedes, por su parte, se hicieron imitadores nuestros y del Señor, pues en medio de muchas tribulaciones y con la alegría que da el Espíritu Santo, han aceptado la palabra de Dios en tal forma, que han llegado a ser ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya, porque de ustedes partió y se ha difundido la palabra del Señor; y su fe en Dios ha llegado a ser conocida, no sólo en Macedonia y Acaya, sino en todas partes; de tal manera, que nosotros ya no teníamos necesidad de decir nada.
Porque ellos mismos cuentan de qué manera tan favorable nos acogieron ustedes y cómo, abandonando los ídolos, se convirtieron al Dios vivo y verdadero para servirlo, esperando que venga desde el cielo su Hijo, Jesús, a quien él resucitó de entre los muertos, y es quien nos libra del castigo venidero.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará
y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Domingo 11 de Octubre de 2026
Evangelio según San Mateo 22, 34-40.
En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.
Un momento de oración para aquietar el corazón.
Antes de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 18 de Octubre.
Una pregunta sobre lo esencial
Un doctor de la Ley se acerca a Jesús y le pregunta cuál es el mandamiento más importante. Había muchas normas y preceptos, por eso la pregunta buscaba saber qué estaba en el centro de todo.
Jesús no responde con una larga explicación. Va directamente a lo esencial: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. Y enseguida agrega un segundo mandamiento inseparable del primero: amar al prójimo como a uno mismo.
Toda la vida de fe queda sostenida sobre estas dos columnas. Podemos conocer muchas enseñanzas, cumplir prácticas religiosas, rezar y participar de la comunidad, pero si falta el amor, algo fundamental se ha perdido. Jesús no elimina lo demás; muestra desde dónde debe vivirse todo.
La pregunta que queda para nosotros no es solamente qué creemos, sino cuánto de ese amor está realmente presente en nuestra manera de vivir.
Amar a Dios con todo el corazón
Jesús habla de un amor completo. No pide una parte del corazón, un momento de la semana o algunas zonas de nuestra vida. Amar a Dios implica dejar que Él ocupe el centro y dé sentido a nuestras decisiones.
Eso no significa vivir permanentemente emocionados. El amor a Dios también se expresa en la fidelidad cuando no sentimos nada, en la oración cuando cuesta, en elegir el bien cuando sería más cómodo hacer otra cosa, en confiar cuando no comprendemos lo que sucede.
Muchas veces nuestro corazón queda dividido entre demasiadas preocupaciones. El trabajo, el dinero, la salud, los proyectos, los problemas familiares pueden ocupar casi todo nuestro pensamiento. Son realidades importantes, pero ninguna puede convertirse en nuestro absoluto.
Amar a Dios primero no nos aleja de las demás responsabilidades. Al contrario, ordena el corazón para que podamos vivirlas con mayor libertad.
El prójimo vuelve concreto el amor
Jesús une inmediatamente el amor a Dios con el amor al prójimo. No permite separar ambas cosas. No podemos afirmar que amamos a Dios y despreciar a quien tenemos al lado.
El prójimo no es solamente la persona que nos cae bien. También puede ser quien nos impacienta, quien piensa distinto, quien necesita de nuestro tiempo, quien nos decepcionó o quien no puede ofrecernos nada a cambio.
Amar no significa aprobar todo ni permitir abusos. A veces amar requiere poner límites, decir la verdad, corregir o alejarse prudentemente de una situación dañina. Pero incluso entonces estamos llamados a no alimentar el odio ni buscar la destrucción del otro.
La medida que Jesús propone es fuerte: amar al prójimo como a nosotros mismos. Eso supone reconocer su dignidad, cuidar sus necesidades y aprender a mirar su vida con la misma humanidad con que deseamos ser mirados nosotros.
Dos amores que son uno
Jesús afirma que de estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los profetas. Es decir, todo conduce hacia allí. Una fe auténtica debería ayudarnos a amar mejor.
Esto ofrece también un criterio sencillo para revisar nuestra vida. Si nuestras prácticas religiosas nos vuelven más orgullosos, duros o indiferentes, algo necesita ser corregido. Si nuestra relación con Dios es verdadera, debería ir despertando más paciencia, compasión, justicia, generosidad y capacidad de perdonar.
Quizá no podamos cambiar todo de una vez. Pero sí podemos preguntarnos hoy dónde necesita crecer nuestro amor. Tal vez hacia Dios, recuperando una oración que hemos descuidado. Tal vez hacia alguien cercano que necesita más atención. Tal vez hacia nosotros mismos, aprendiendo a reconocer con humildad nuestra propia dignidad sin encerrarnos en el egoísmo.
Pidamos al Señor que unifique nuestro corazón. Que lo amemos no solo con palabras, sino con la vida. Y que ese amor se haga visible en cada persona que Él pone en nuestro camino. Porque cuanto más nos acercamos verdaderamente a Dios, más aprendemos también a reconocer y amar al hermano.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
