Evangelio De Hoy 15 de Marzo


Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, IV Domingo de Cuaresma encontrará el Evangelio según San Juan 9, 1-41. acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y a vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.


Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 15 de Marzo .

Ver más allá de lo evidente

El Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma nos presenta a Jesús encontrándose con un hombre que no podía ver desde su nacimiento. Para muchos, esa situación tenía una explicación sencilla: buscaban un culpable. Pensaban que el sufrimiento debía ser consecuencia de algún error o castigo. Jesús rompe con esa forma de pensar y dirige la mirada hacia algo diferente: una oportunidad para que la vida de Dios se manifieste.

Este cambio de perspectiva es muy importante. A veces también nosotros intentamos explicar todo desde la culpa, el juicio o el miedo. Sin embargo, el Evangelio nos invita a mirar la realidad con esperanza. Incluso en las situaciones difíciles, Dios puede abrir caminos nuevos. La Cuaresma nos ayuda a aprender a mirar de otra manera, a descubrir que la luz de Dios puede aparecer donde menos la esperamos.

La luz que ilumina el camino

Jesús no solo habla, sino que actúa. Se acerca, toca la vida del hombre y lo conduce hacia una experiencia de luz. El proceso no es instantáneo ni superficial; implica confianza, obediencia y un camino que se va descubriendo paso a paso. El hombre acepta seguir las indicaciones de Jesús y, poco a poco, su vida cambia.

Este proceso refleja también nuestro propio camino espiritual. Muchas veces queremos soluciones inmediatas, pero la fe suele crecer a través de procesos. La luz de Dios no siempre aparece de golpe; a veces se va revelando lentamente, a medida que aprendemos a confiar.

En la vida cotidiana, esa luz puede manifestarse en decisiones pequeñas: elegir la verdad cuando sería más fácil ocultarla, reconocer un error, abrir el corazón a la reconciliación. Cada uno de esos pasos nos ayuda a caminar hacia una vida más clara y más libre.

La dificultad de aceptar la verdad

Mientras el hombre recupera la vista, otros reaccionan con desconfianza. En lugar de alegrarse por lo sucedido, buscan cuestionar y descalificar lo que no encaja en sus esquemas. Esta reacción muestra cómo el corazón puede cerrarse incluso frente a la evidencia del bien.

El Evangelio nos invita a revisar también nuestras propias resistencias. A veces nos acostumbramos a ciertas ideas o seguridades y nos cuesta aceptar que Dios actúe de una manera distinta. Cuando nos aferramos demasiado a nuestras certezas, corremos el riesgo de no reconocer la luz cuando aparece.

La Cuaresma es un tiempo para abrir el corazón, para permitir que Dios nos muestre aspectos de nuestra vida que tal vez no queremos ver.

Abrir los ojos del corazón

Al final del relato, el hombre que ha recuperado la vista no solo ve con los ojos, sino también con el corazón. Reconoce en Jesús una presencia que transforma su vida. Mientras tanto, quienes creían verlo todo con claridad quedan atrapados en su propia ceguera interior.

Este contraste nos deja una enseñanza profunda: ver no es solo una cuestión física, sino espiritual. Podemos tener los ojos abiertos y, sin embargo, no reconocer lo esencial. La fe nos ayuda a desarrollar una mirada nueva, capaz de descubrir la presencia de Dios en medio de la vida.

En este cuarto domingo de Cuaresma, el Evangelio nos invita a preguntarnos qué aspectos de nuestra vida necesitan ser iluminados. Tal vez hay actitudes, heridas o decisiones que necesitan la luz de Dios para transformarse.

Al finalizar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y pedirle al Señor que abra nuestros ojos. Que nos ayude a reconocer su presencia en lo cotidiano y a caminar con mayor claridad. Que este tiempo cuaresmal nos permita pasar de la oscuridad a la luz, descubriendo que Dios siempre está dispuesto a iluminar nuestro camino con su amor.


Un momento de oración para aquietar el corazón.

Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.


Lecturas Bíblicas del día de Hoy


Primera Lectura de Hoy Domingo 15 de Marzo .

Primer Libro de Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a.

En aquellos días, dijo el Señor a Samuel: “Ve a la casa de Jesé, en Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un rey. Llena, pues, tu cuerno de aceite para ungirlo y vete”.

Cuando llegó Samuel a Belén y vio a Eliab, el hijo mayor de Jesé, pensó: “Éste es, sin duda, el que voy a ungir como rey”. Pero el Señor le dijo: “No te dejes impresionar por su aspecto ni por su gran estatura, pues yo lo he descartado, porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”.

Así fueron pasando ante Samuel siete de los hijos de Jesé; pero Samuel dijo: “Ninguno de éstos es el elegido del Señor”. Luego le preguntó a Jesé: “¿Son éstos todos tus hijos?” Él respondió: “Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño”. Samuel le dijo: “Hazlo venir, porque no nos sentaremos a comer hasta que llegue”. Y Jesé lo mandó llamar.

El muchacho era rubio, de ojos vivos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque éste es”. Tomó Samuel el cuerno con el aceite y lo ungió delante de sus hermanos. A partir de aquel día, el espíritu del Señor estuvo con David.


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 22, 1-3a, 3b-4. 5. 6.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me faltará.

Por ser un Dios fiel a sus promesas,
me guía por el sendero recto;
así, aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú estás conmigo. 
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
El Señor es mi pastor, nada me faltará.

Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes.
El Señor es mi pastor, nada me faltará.

Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término.
El Señor es mi pastor, nada me faltará.


Segunda Lectura de Hoy Domingo 15 de Marzo .

Carta de San Pablo a Los Efesios 5, 8-14.

Hermanos: En otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por lo tanto, como hijos de la luz. Los frutos de la luz son la bondad, la santidad y la verdad. Busquen lo que es agradable al Señor y no tomen parte en las obras estériles de los que son tinieblas.

Al contrario, repruébenlas abiertamente; porque, si bien las cosas que ellos hacen en secreto da vergüenza aun mencionarlas, al ser reprobadas abiertamente, todo queda en claro, porque todo lo que es iluminado por la luz se convierte en luz.

Por eso se dice: Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.


Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio de Hoy Domingo 15 de Marzo de 2026.

Evangelio según San Juan 9, 1-41.

En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?” Jesús respondió: “Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios. Es necesario que yo haga las obras del que me envió, mientras es de día, porque luego llega la noche y ya nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, yo soy la luz del mundo”.

Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista.

Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. Y le preguntaban: “Entonces, ¿cómo se te abrieron los ojos?” Él les respondió: “El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo puso en los ojos y me dijo: ‘Ve a Siloé y lávate’. Entonces fui, me lavé y comencé a ver”. Le preguntaron: “¿En dónde está él?” Les contestó: “No lo sé”.

Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”.

Pero los judíos no creyeron que aquel hombre, que había sido ciego, hubiera recobrado la vista. Llamaron, pues, a sus padres y les preguntaron: “¿Es éste su hijo, del que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?” Sus padres contestaron: “Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo es que ahora ve o quién le haya dado la vista, no lo sabemos. Pregúntenselo a él; ya tiene edad suficiente y responderá por sí mismo”. Los padres del que había sido ciego dijeron esto por miedo a los judíos, porque éstos ya habían convenido en expulsar de la sinagoga a quien reconociera a Jesús como el Mesías. Por eso sus padres dijeron: ‘Ya tiene edad; pregúntenle a él’.

Llamaron de nuevo al que había sido ciego y le dijeron: “Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es pecador”. Contestó él: “Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo”. Le preguntaron otra vez: “¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?” Les contestó: “Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?” Entonces ellos lo llenaron de insultos y le dijeron: “Discípulo de ése lo serás tú. Nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios. Pero ése, no sabemos de dónde viene”.

Replicó aquel hombre: “Es curioso que ustedes no sepan de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero al que lo teme y hace su voluntad, a ése sí lo escucha. Jamás se había oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera.

Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.

Entonces le dijo Jesús: “Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos”. Al oír esto, algunos fariseos que estaban con él le preguntaron: “¿Entonces también nosotros estamos ciegos?” Jesús les contestó: “Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen que ven, siguen en su pecado”.


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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

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