Lunes de la IV semana de Cuaresma
Difundiendo La Palabra es un lugar creado para orar y meditar la Palabra de Dios. Hoy, Lunes de la IV semana de Cuaresma encontrará el Evangelio según San Juan 4, 43-54 acompañado de una reflexión pastoral que lo ayudará a comprenderlo y vivirlo con fidelidad. También incluimos las lecturas del día y el Salmo Responsorial.
Homilía y reflexión del Evangelio de hoy 16 de Marzo.
Una fe que se atreve a confiar
El Evangelio de hoy nos presenta a un hombre que se acerca a Jesús con una preocupación profunda: la vida de su hijo está en peligro. Su angustia lo impulsa a buscar ayuda, a recorrer un camino y a ponerse frente a Jesús con una súplica sincera. En ese gesto aparece algo muy humano: cuando la vida se vuelve frágil, buscamos esperanza.
Jesús no responde de inmediato con un gesto visible. Primero invita a ir más allá de la necesidad de señales. No desprecia el dolor del hombre, pero lo conduce hacia una fe más profunda. El camino que propone no se basa solo en lo que se puede ver, sino en la confianza en su palabra.
También nosotros vivimos situaciones en las que necesitamos confiar sin tener todas las respuestas. La Cuaresma nos invita justamente a dar ese paso interior: aprender a confiar en Dios incluso cuando no vemos todavía el resultado.
La fuerza de una palabra que sostiene
En el diálogo, Jesús pronuncia una frase sencilla pero decisiva: invita al hombre a volver a su casa con la certeza de que la vida ha sido restaurada. No hay un gesto espectacular ni una señal visible en ese momento. Solo una palabra. El hombre decide creer y se pone en camino.
Este detalle es muy significativo. La fe muchas veces se construye así: escuchando una palabra y confiando en ella antes de ver los frutos. En nuestra vida diaria, esto puede resultar difícil. Nos gustaría tener garantías, evidencias inmediatas, confirmaciones claras. Sin embargo, el Evangelio nos muestra que la confianza abre caminos donde antes solo había incertidumbre.
La palabra de Dios tiene una fuerza que muchas veces se revela con el tiempo. Cuando la acogemos con sinceridad, comienza a transformar nuestra vida.
Caminar mientras la esperanza crece
El hombre regresa a su casa sin haber visto todavía el resultado de su pedido. Ese camino de regreso es una imagen muy profunda del camino de la fe. Caminar confiando, sosteniendo la esperanza, creyendo que la palabra recibida tiene un sentido.
Todos atravesamos momentos así. Situaciones en las que pedimos, esperamos y no vemos inmediatamente el cambio. En esos momentos, la tentación es perder la confianza o pensar que Dios no escucha. El Evangelio nos recuerda que la fe madura también en la espera.
La Cuaresma es un tiempo para fortalecer esa confianza. No se trata de negar nuestras preocupaciones, sino de presentarlas a Dios y seguir caminando con esperanza.
Una experiencia que transforma la vida
Cuando el hombre finalmente recibe la noticia de que su hijo vive, comprende que la palabra de Jesús era verdadera. La fe que comenzó con una súplica se convierte en una experiencia que transforma su vida y la de su familia.
El mensaje central de este Evangelio es una invitación a confiar en la palabra de Cristo. Dios no siempre actúa de la manera que esperamos, pero siempre permanece fiel. La fe crece cuando nos animamos a caminar apoyados en esa fidelidad.
En este lunes de la cuarta semana de Cuaresma, podemos preguntarnos con sinceridad: ¿en qué situación de mi vida necesito confiar más en la palabra de Dios? ¿Dónde me cuesta seguir caminando sin tener todas las respuestas?
Al finalizar esta reflexión, podemos hacer un momento de silencio interior y presentar al Señor nuestras preocupaciones y temores. Pedirle la gracia de una fe confiada, capaz de sostenerse en su palabra incluso cuando el camino parece incierto. Que este tiempo cuaresmal nos ayude a descubrir que confiar en Dios nunca es en vano y que su palabra siempre abre caminos de vida.
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Un momento de oración para aquietar el corazón.
Después de meditar el Evangelio, te invitamos a hacer una pausa y presentarte ante Dios con un corazón sencillo y confiado.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy Lunes 16 de Marzo.
Libro de Isaías 65, 17-21.
Esto dice el Señor:
“Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva;
ya no recordaré lo pasado,
lo olvidaré de corazón.
Se llenarán ustedes de gozo y de perpetua alegría
por lo que voy a crear:
Convertiré a Jerusalén en júbilo
y a mi pueblo en alegría.
Me alegraré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo.
Ya no se oirán en ella gemidos ni llantos.
Ya no habrá niños que vivan pocos días,
ni viejos que no colmen sus años
y al que no los alcance se le tendrá por maldito.
Construirán casas y vivirán en ellas,
plantarán viñas y comerán sus frutos”.
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b.
Te alabaré, Señor, pues no dejaste
que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
y a punto de morir, me reviviste.
Te alabaré, Señor, eternamente.
Alaben al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;
por la mañana, el júbilo.
Te alabaré, Señor, eternamente.
Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.
Te alabaré, Señor, eternamente.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Busquen el bien y no el mal, para que vivan,
y el Señor estará con ustedes.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio de Hoy Lunes 16 de Marzo de 2026.
Evangelio según San Juan 4, 43-54.
En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.
Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: “Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen”. Pero el funcionario del rey insistió: “Señor, ven antes de que mi muchachito muera”. Jesús le contestó: “Vete, tu hijo ya está sano”.
Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: “Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre”. El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: ‘Tu hijo ya está sano’, y creyó con todos los de su casa.
Ésta fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.
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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.
